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Ochenta Melodías de Pasión en Amarillo (1)

6483 palabras

Ochenta Melodías de Pasión en Amarillo

Entras al antro en la Condesa, las luces amarillas te envuelven como un abrazo cálido y prohibido. El aire huele a tequila reposado mezclado con jazmín fresco, y el ritmo suave de un piano te hace vibrar desde los pies hasta la nuca. Ochenta melodías de pasión en amarillo, dice el letrero luminoso sobre la tarima, el nombre de la noche temática que prometía ser legendaria. Todos visten de amarillo: camisas holgadas, vestidos ceñidos que brillan bajo los focos, corbatas sueltas. Tú llevas un vestido corto de satén amarillo que roza tus muslos con cada paso, sintiendo cómo la tela susurra contra tu piel depilada.

Te acercas a la barra, el bartender te guiña un ojo. Órale, güey, ¿qué vas a pedir? Te ríes, pides un margarita con sal de chile. El hielo cruje al chocar con el vaso, fresco contra tus labios calientes. Miras alrededor, el lugar rebosa de cuerpos en movimiento, risas roncas y susurros cargados de promesas. Ahí lo ves: en la tarima, un moreno alto con camisa amarilla desabotonada hasta el pecho, dedos ágiles sobre las teclas del piano. Sus ojos negros recorren la multitud, y de pronto, se clavan en ti. Sientes un cosquilleo en el vientre, como si sus notas te tocaran directamente la piel.

La melodía actual es lenta, sensual, con un bajo que retumba en tu pecho como un latido acelerado.

¿Qué carajos me pasa? Este wey ni me conoce y ya me tiene mojadita
, piensas mientras das un sorbo largo, el limón ácido explotando en tu lengua. Él sonríe de lado, un gesto chulo que te hace apretar los muslos. Termina la pieza con un acorde que vibra en el aire, y baja del escenario aplaudido por la bola. Camina directo hacia ti, sudando un poco, olor a hombre mezclado con colonia cítrica.

¿Te gustó la rola? pregunta con voz grave, ronca como el tequila. Asientes, mordiéndote el labio. Neta, las ochenta melodías de pasión en amarillo son lo máximo. ¿Tú las compusiste? Él se ríe, se acerca más, su aliento cálido en tu oreja. Soy el pianista, me llamo Alex. Y tú luces como la musa perfecta para la próxima. Su mano roza tu brazo, un toque eléctrico que te eriza la piel. Conversan, el ruido del antro se apaga mientras él te cuenta de sus giras por la ciudad, de cómo el amarillo le inspira pasión desbordada. Tú le hablas de tu día estresante en la oficina, de cómo necesitabas soltar el control esta noche.

La tensión crece con cada trago. Sus ojos bajan a tu escote, donde el satén amarillo se tensa con tu respiración agitada. Bailan pegados, su cadera contra la tuya, el calor de su verga endureciéndose contra tu vientre. Estás rica, nena, murmura, y tú respondes con un beso robado, sus labios suaves pero firmes, lengua explorando tu boca con sabor a ron y deseo. El piano sigue sonando en el fondo, melodías que parecen dictar el ritmo de vuestros cuerpos.

Se van del antro tomados de la mano, el aire nocturno de la Condesa fresco contra vuestras pieles ardientes. Caminan hasta su depa cerca, un loft con paredes amarillas tenues, iluminado por velas. Entra, déjame tocarte como toco el piano, dice cerrando la puerta. El lugar huele a sándalo y café recién hecho. Pone la playlist en el equipo: ochenta melodías de pasión en amarillo, las notas fluyen suaves, envolviéndolos.

Te besa de nuevo, esta vez profundo, manos grandes bajando por tu espalda, desabrochando el vestido. La tela amarilla cae a tus pies como una cascada de sol, dejándote en lencería negra que contrasta con tu piel morena. Él gime al verte, Chingón, qué chula estás. Sus dedos trazan tus curvas, rozando pezones que se endurecen al instante, enviando chispas a tu clítoris palpitante. Tú le quitas la camisa, lamiendo su pecho salado, pectorales firmes bajo tu lengua. Huele a sudor limpio, a macho listo para devorarte.

Se tumban en la cama king size, sábanas amarillas suaves como seda. La música sube de intensidad, un solo de piano que acelera tu pulso. Él besa tu cuello, mordisqueando suave, bajando a tus tetas. Chupa un pezón, succionando con hambre, mientras su mano se cuela en tu tanga, dedos húmedos encontrando tu panocha empapada.

¡Ay, wey, no pares! Me tienes que cogerte ya
, jadeas en tu mente, arqueando la espalda. Introduce un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que te hace ver estrellas amarillas. El sonido de tu humedad es obsceno, chapoteos rítmicos con la melodía.

La tensión es insoportable, vuestros cuerpos sudados resbalan uno contra el otro. Le bajas el pantalón, su verga sale dura, gruesa, venosa, goteando precum que lames con gusto salado en la punta. Qué pinga tan rica, dices juguetona, y él gruñe, Métetela, mami, te voy a llenar. Te subes encima, guiándola a tu entrada resbaladiza. Bajas despacio, centímetro a centímetro, el estiramiento delicioso te arranca un gemido gutural. Llenándote por completo, sus bolas contra tu culo.

Cabalgas lento al principio, sintiendo cada vena rozar tus paredes internas, el placer building como una sinfonía. Sus manos aprietan tus nalgas, guiándote más rápido. El slap de piel contra piel se mezcla con los acordes apasionados, olor a sexo inunda la habitación: almizcle, sudor, tu esencia dulce. Aceleras, tetas rebotando, clítoris frotándose contra su pubis. ¡Más duro, cabrón! gritas, y él embiste desde abajo, polla golpeando profundo.

El clímax se acerca como una ola amarilla. Tus paredes se aprietan, espasmos incontrolables.

Ven, córrete conmigo, hazme tuyo
. Él gime fuerte, ¡Me vengo, nena! Ahí va, chorros calientes inundándote mientras tú explotas, jugos mezclándose, cuerpo temblando en éxtasis puro. Ondas de placer recorren cada nervio, visión borrosa de luces amarillas danzando.

Caen exhaustos, él aún dentro, pulsando suave. La música sigue, ahora una balada tierna. Besos lentos, caricias perezosas por espaldas húmedas. Esto fue chingón, como las melodías, susurra. Tú sonríes, piel pegajosa y satisfecha. Ochenta melodías de pasión en amarillo, piensas, pero esta noche solo necesitaron unas cuantas para encender el fuego. Duermen abrazados, el amanecer filtrándose amarillo por la ventana, prometiendo más noches así.

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