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Pelicula de Pasion y Deseo

7184 palabras

Pelicula de Pasion y Deseo

La noche en mi depa de la Roma estaba perfecta, con el aire fresco colándose por la ventana entreabierta y el aroma a jazmín del jardín de abajo subiendo como una caricia. Yo, Ana, de veintiocho pirulos, acababa de prender las velitas de vainilla que tanto me gustan, esas que llenan el aire con un dulzor que te hace agua la boca. Marco, mi carnal del alma desde la uni, llegó con una botella de tequila reposado y un pinche disco que sacó de quién sabe dónde. Órale, wey, le dije riendo mientras lo jalaba pa' dentro, su cuerpo grande y fuerte rozando el mío de esa forma que siempre me eriza la piel.

—Traje algo chido pa' esta noche —me dijo con esa voz ronca que me pone los nervios de punta, sacando el DVD con una portada roja fuego que gritaba pelicula de pasion y deseo. Lo miré con una ceja alzada, sintiendo ya ese cosquilleo en el estómago, como si supiera que esa noche no íbamos a ver ni madres del todo.

Nos echamos en el sofá de piel suave, yo con mi shortcito de algodón que se me subía por los muslos y una blusita holgada que dejaba ver el encaje negro de mi bra. Él, con jeans ajustados que marcaban todo lo que yo ya conocía de memoria, y una playera gris que olía a su colonia amaderada mezclada con sudor fresco del tráfico. Prendí el proyector, el tequila ya servido en vasitos de cristal que tintineaban al chocar. Salud por las noches que no se olvidan, brindamos, y el primer trago me quemó la garganta como un beso ardiente.

La pelicula de pasion y deseo empezó suave, con una morra como yo en una playa mexicana, el sonido de las olas rompiendo y el sol dorado lamiendo su piel desnuda. Marco se recargó en mí, su brazo musculoso rodeándome la cintura, su calor traspasando la tela fina. Yo sentía su respiración acelerándose con las escenas, el pecho subiendo y bajando contra mi hombro.

¿Por qué carajos cada vez que estamos así me dan ganas de comérmelo entero?
pensé, mordiéndome el labio mientras la pantalla mostraba un beso que parecía eterno, lenguas danzando con un hambre que reconocía demasiado bien.

El segundo trago de tequila me soltó las inhibiciones, y mi mano, como si tuviera vida propia, se posó en su muslo, sintiendo la dureza de los músculos debajo del denim. Él giró la cara, sus ojos cafés oscuros clavándose en los míos como imanes. —Neta, Ana, esta peli me está poniendo como el diablo —murmuró, su aliento caliente con notas de agave rozando mi oreja. Yo reí bajito, pero mi cuerpo ya traicionaba, los pezones endureciéndose contra la blusa, un calor húmedo creciendo entre mis piernas.

La película avanzaba, ahora con gemidos suaves que llenaban la habitación, el sonido de piel contra piel como un tambor lejano. Marco deslizó su mano por mi vientre, dedos ásperos por el trabajo en la constructora rozando mi ombligo, bajando lento hasta el borde del short. Yo arqueé la espalda, invitándolo sin palabras, el corazón latiéndome en la garganta. Qué rico se siente su toque, como si me encendiera por dentro, pensé mientras él me besaba el cuello, succionando suave, dejando un rastro húmedo que olía a sal y deseo.

—Quítate eso, preciosa —me pidió con voz grave, jalando mi blusa por arriba. Obedecí, el aire fresco besando mis tetas libres, los pezones tiesos pidiendo atención. Él se lanzó, boca caliente envolviendo uno, lengua girando con maestría mientras su mano libre se colaba en mi short, dedos encontrando mi panocha ya empapada. ¡Ay, cabrón! gemí, el placer eléctrico subiendo por mi espina como un rayo. Olía a mi propia excitación, almizclada y dulce, mezclada con su sudor masculino que me volvía loca.

La peli seguía de fondo, pero ya éramos nosotros la verdadera pelicula de pasion y deseo, cuerpos enredándose en el sofá. Lo empujé pa' atrás, montándome a horcajadas, sintiendo su verga dura como piedra presionando contra mí a través de la tela. Le arranqué la playera, lamiendo su pecho ancho, saboreando la sal de su piel, mordisqueando un pezón hasta oírlo gruñir.

Quiero que me coja hasta que no pueda más, que me haga suya esta noche entera
, rugía mi mente mientras desabrochaba sus jeans, liberando esa polla gruesa y venosa que conocía tan bien, palpitando caliente en mi mano.

Me puse de rodillas entre sus piernas, el piso fresco contra mis rodillas desnudas, y lo tomé en la boca, lengua rodeando la cabeza hinchada, saboreando el precum salado que brotaba. Él enredó sus dedos en mi pelo, guiándome suave, gemidos roncos escapando de su garganta. Qué chingón se siente tenerlo así, poderoso y sumiso a la vez. Chupé más hondo, garganta relajándose, el sonido húmedo de mi boca llenando el aire junto a la banda sonora de la peli olvidada.

No aguantamos más. Me levantó como si no pesara nada, llevándome a la cama con pasos ansiosos, el colchón hundiéndose bajo nuestro peso. Caí de espaldas, piernas abiertas, él entre ellas, besándome con furia, lenguas batallando por dominio. Su verga rozó mi entrada, resbaladiza de jugos, y empujó lento, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. ¡Madre mía, qué llena me deja! grité en mi cabeza, uñas clavándose en su espalda mientras él empezaba a moverse, embestidas profundas que hacían crujir la cama.

El ritmo creció, sudor perlando su frente, goteando en mi pecho, el slap-slap de carne contra carne resonando como aplausos obscenos. Yo envolví mis piernas en su cintura, talones presionando su culo firme, urgiéndolo más rápido. Más duro, wey, hazme volar, jadeaba yo, mi clítoris frotándose contra su pubis con cada choque, placer acumulándose como una tormenta. Él me miró a los ojos, conexión total, te amo así, salvaje pareciendo decir sin palabras.

La tensión subió, mis paredes apretándolo, ordeñándolo mientras él gruñía ¡Me vengo, Ana!. Yo exploté primero, orgasmo cegador sacudiéndome, visión nublada, grito ahogado en su hombro, sabor a piel y lágrimas de placer. Él se derramó dentro, chorros calientes llenándome, cuerpos temblando en unisono, el mundo reduciéndose a pulsos y jadeos.

Nos quedamos así, enredados, el tequila olvidado, la peli pausada en una escena de amantes exhaustos. Su peso sobre mí era reconfortante, corazón latiendo contra el mío, olor a sexo impregnando las sábanas revueltas.

Esta ha sido nuestra pelicula de pasion y deseo, mejor que cualquier pantalla
, pensé mientras él me besaba la frente, suave ahora, prometiendo más noches así.

La luna se colaba por la cortina, plata sobre nuestra piel marcada por besos y araños leves. Marco rodó a un lado, jalándome contra su pecho, mano acariciando mi pelo húmedo. —Eres lo máximo, morra —susurró, y yo sonreí, satisfecha hasta los huesos, sabiendo que esto no era el fin, solo el cierre perfecto de nuestra propia cinta ardiente. El jazmín seguía flotando, mezclado ahora con nuestro essence, y me dormí con su calor envolviéndome, soñando ya con la secuela.

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