Telenovela El Color de la Pasion Ardiente
En los estudios de Televisa en San Ángel todo olía a café recién hecho y a maquillaje fresco mezclado con el sudor de las luces calientes. Yo María José era la protagonista de la telenovela El Color de la Pasión esa producción que tenía a medio México pegado a la tele cada noche. Mi personaje Amalia era una mujer ardiente vengativa pero con un corazón que latía por el galán el wey guapísimo que interpretaba Alejandro. Neta que desde el primer día de ensayos sentí esa chispa entre nosotros no solo actuada sino real como el calor que subía por mi piel cada vez que me acercaba a él.
—Corten gritó el director por enésima vez. Estábamos grabando la escena del beso apasionado en el balcón de la hacienda ficticia. Las cámaras rodaban el viento artificial nos revolvía el pelo y el aroma de su colonia varonil me invadía las fosas nasales. Alejandro me tomó de la cintura sus manos grandes y cálidas presionando mi vestido ajustado.
¡Pinche calor el de su cuerpo!pensé mientras nuestros labios se rozaban primero suave después con hambre. Su lengua buscó la mía y juro que por un segundo olvidé las cámaras. Mi corazón tronaba como tambor en fiesta y entre mis piernas sentí ese cosquilleo traicionero que me hacía apretar los muslos.
Él también lo notó. Sus ojos cafés profundos me clavaron una mirada que decía quiero más que esto. Terminamos la toma y el equipo aplaudió pero nosotros nos quedamos pegados un ratito extra. —Órale María qué buena química me dijo bajito su aliento caliente en mi oreja. Reí nerviosa simulando pero neta que mi cuerpo ya ardía. Esa noche en mi camerino me quité el vestido frente al espejo admirando mis curvas el sostén negro que realzaba mis chichis firmes.
¿Y si le digo que lo deseo de verdad? ¿Que no aguanto más estas escenas falsas?
Al día siguiente durante el desayuno en el foro nos sentamos juntos. El olor a chilaquiles con crema y el ruido de los extras charlando formaban el fondo perfecto. —Wey le solté ¿tú sientes lo mismo que yo en las escenas? Él sonrió esa sonrisa pícara que derretía. —Neta María desde que te vi en el casting supe que eras fuego puro. En la telenovela El Color de la Pasión somos amantes en la pantalla pero yo quiero serlo en la vida real. Mi pulso se aceleró el estómago se me revolvió de nervios y emoción. Nos miramos así intenso como si el mundo se hubiera parado.
La tensión creció durante las semanas siguientes. Cada abrazo cada mirada robada en los pasillos olía a promesa. Una noche después de una jornada larga el director nos mandó a casa pero Alejandro me invitó a su depa en Polanco. —Vamos a platicar tranquilos sin cámaras dijo y yo acepté con el corazón en la garganta. Su departamento era chido minimalista con vistas a la ciudad luces neón parpadeando como estrellas coquetas. Sacó unas chelas frías el sonido del destapador fue como un beso preliminar.
Nos sentamos en el sofá de piel suave su pierna rozando la mía. Hablamos de la telenovela de cómo Amalia y Bruno su personaje se comían con los ojos. —Pero nosotros no fingimos María tu piel sabe a miel cuando te beso murmuró acercándose. Su mano subió por mi muslo el calor de sus dedos me erizó la piel.
¡Ya valga la tensión acumulada!Lo besé con furia mis labios devorando los suyos lengua danzando salvaje. Sabía a cerveza y a hombre deseado ese sabor salado que me volvía loca.
Me quitó la blusa despacio besando cada centímetro de mi cuello el roce de su barba incipiente me raspaba delicioso enviando chispas directo a mi centro. —Eres tan chula tan rica gruñó mientras desabrochaba mi brasier. Mis pezones se endurecieron al aire fresco y él los tomó en su boca succionando suave después fuerte. Gemí alto el sonido rebotando en las paredes mi mano enredada en su pelo negro ondulado. Bajé la cremallera de sus jeans liberando su verga dura palpitante olía a almizcle puro deseo. La acaricié despacio sintiendo las venas latir bajo mi palma ¡qué prieta qué chingona!
—Te quiero dentro ya Alejandro le supliqué la voz ronca de pura necesidad. Me recostó en el sofá quitándome el calzón con dientes juguetón. Su lengua exploró mi panocha lamiendo despacio el clítoris hinchado el sabor de mi humedad lo volvió loco.
¡Sus lamidas son poesía viva!Arqueé la espalda gimiendo su nombre el placer subiendo como ola imparable. Introdujo dos dedos curvándolos justo ahí el punto que me hacía ver estrellas. El sonido húmedo de mi excitación llenaba la habitación mezclado con nuestros jadeos.
Me volteó de rodillas el sofá crujiendo bajo nosotros. Sentí la punta de su verga rozando mi entrada caliente resbalosa. —Dime si quieres parar jadeó pero yo empujé contra él ¡no pares carnal métemela toda! Entró lento centímetro a centímetro estirándome delicioso el dolor placer mezclado me arrancó un grito. Empezó a moverse ritmo pausado primero después feroz sus caderas chocando mis nalgas el slap slap resonando como tambores. Sudábamos olía a sexo puro a pieles fusionadas. Mis uñas en su espalda dejando marcas rojas él mordisqueando mi hombro gruñendo ¡qué apretadita qué delicia!
La tensión creció mis paredes apretándolo más él acelerando embestidas profundas tocando ese lugar secreto.
¡Voy a explotar ya no aguanto!Grité cuando el orgasmo me golpeó olas y olas de placer cegador mi cuerpo temblando piernas flojas. Él siguió unos segundos más y se corrió dentro caliente líquido llenándome con un rugido animal. Colapsamos juntos piel pegajosa corazones galopando el aire denso de nuestros olores.
Nos quedamos así un rato acariciándonos suave sus dedos trazando círculos en mi espalda. —Esto fue mejor que cualquier escena de la telenovela El Color de la Pasión murmuró besando mi frente. Reí bajito el afterglow envolviéndonos como manta tibia. Esto es real no ficción pensé mientras lo veía dormir plácido. Al amanecer preparamos café juntos planeando cómo manejar el romance en el set sin chismes. Salimos a la terraza el sol bañándonos la ciudad despertando abajo. Nuestras manos entrelazadas promesa de más noches así de pasión desatada sin guion solo nosotros dos.
Desde entonces cada toma en la telenovela se siente cargada de nuestro secreto el color de la pasión ahora es el nuestro piel con piel alma con alma. Y qué chido se siente.