Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Diario de una Pasion Download Diario de una Pasion Download

Diario de una Pasion Download

6253 palabras

Diario de una Pasion Download

Entrada 1: La noche que todo cambió

Estaba sola en mi depa en la Roma, con el calor de julio pegándome en la cara como una mala resaca. El ventilador zumbaba como loco, pero ni así bajaba la temperatura. Tenía 28 años, soltera por elección propia después de un par de relaciones que me dejaron con más dudas que orgasmos. Esa noche, neta aburrida, me clavé en el celu buscando algo que me prendiera. Tecleé "historias eróticas mexicanas" y de repente, en un foro chueco, vi el link: diario de una pasion download. Sonaba intrigante, como un secreto prohibido. Lo bajé en un dos por tres, un PDF de unas 50 páginas.

El aroma de su piel sudada me invadió las fosas nasales, mezcla de sal y deseo puro. Sentí su aliento caliente en mi cuello mientras sus manos ásperas me recorrían los muslos...

Leí las primeras líneas y ¡órale! Mi cuerpo reaccionó al instante. Pezones duros como piedras, un cosquilleo entre las piernas que me hizo apretar los muslos. Era el diario de una morra contándome sus folladas más calientes, con detalles que olían a verdad: el sabor salado del sudor en la verga de su amante, el sonido húmedo de sus chochas chocando. Me recargué en la cama, con el PDF abierto, y sin pensarlo dos veces, metí la mano en mis calzones. Estaba empapada, neta. Me toqué despacio, imaginando esas escenas, el pulso acelerado latiéndome en las sienes.

Pero no fue suficiente. Ese diario me despertó un hambre que no se apaga con los dedos. Apagué el celu, me puse un vestido negro chingón que me marca las curvas, y salí al bar de la esquina. Quería carne fresca, alguien que me mirara como si fuera la última mujer en el mundo.

Entrada 2: El encuentro con Diego

El bar olía a tequila y cigarros, con rancheras de fondo que ponían romántico el ambiente. Me senté en la barra, pedí un margarita helado que me quemó la garganta de lo fuerte. Ahí lo vi: Diego, alto, moreno, con una sonrisa pícara que gritaba te voy a comer viva. Se acercó, oliendo a colonia barata pero sexy, y me dijo: "¿Qué hace una mamacita como tú sola aquí, wey?" Reí, porque su voz grave me vibró en el pecho.

Hablamos de todo: de la pinche ciudad que nos ahoga, de sueños rotos y pasiones contenidas. Le conté un poquito del diario, sin detalles, solo que me había prendido el ánimo. Él se rio, sus ojos brillando. "Suena chido. Yo tengo mis propios diarios mentales", dijo, rozando mi mano con la suya. Su piel era cálida, callosa de trabajar en construcción, y ese toque me erizó la nuca. Sentí el calor subiendo por mi vientre, el pulso latiendo en mi clítoris como un tambor.

Salimos caminando, el aire nocturno fresco contra mi piel ardiente. Llegamos a su depa en la Condesa, un lugar modesto pero limpio, con velas que prendió para ambientar. Nos sentamos en el sofá, tan cerca que olía su excitación masculina, ese olor almizclado que me moja sin remedio. "¿Quieres que te cuente una de mis historias?", murmuró, su aliento en mi oreja. Asentí, temblando. Me besó entonces, lento, saboreando mis labios como si fueran miel. Su lengua exploró mi boca, y yo gemí bajito, sintiendo su verga dura presionando mi muslo.

Pero no fue solo físico. Hablamos de miedos: yo de no encontrar alguien que me viera de verdad, él de ser solo un albail sin futuro. Ese vulnerabilidad nos unió, nos hizo humanos. Sus manos bajaron mi vestido, exponiendo mis tetas al aire. Las lamió, chupando los pezones con hambre, y yo arqueé la espalda, el placer eléctrico bajando directo a mi panocha. "Estás rica, Carla, neta", gruñó, y yo respondí metiendo la mano en su pantalón, sintiendo esa verga gruesa, venosa, palpitando en mi palma.

Entrada 3: La entrega total

Nos desnudamos con urgencia, pero sin prisas torpes. Su cuerpo era puro músculo trabajado, piel morena brillando bajo la luz tenue. Me tendió en la cama, besando cada centímetro: cuello, clavículas, ombligo. Llegó a mi entrepierna, separó mis labios con los dedos, y sopló suave sobre mi clítoris hinchado. El aliento caliente me hizo jadear. Luego su lengua: plana, lamiendo despacio del ano a la entrada, saboreando mis jugos. "Sabes a gloria, pinche diosa", dijo, y yo me vine ahí, un orgasmo que me sacudió como terremoto, piernas temblando, vista nublada.

Pero quería más. Lo jalé hacia mí, guiando su verga a mi entrada. Estaba tan mojada que resbaló adentro de un empujón, llenándome hasta el fondo. Gemí fuerte, sintiendo cada vena rozando mis paredes. Empezó a moverse, lento al principio, mirándome a los ojos. "¿Así te gusta, amor?", preguntaba, y yo respondía con las caderas, clavándole las uñas en la espalda. El sonido de piel contra piel llenaba la habitación, slap-slap húmedo, mezclado con nuestros jadeos. Sudábamos, el olor a sexo impregnando todo: almizcle, sal, deseo puro.

Aceleró, embistiéndome duro, mi clítoris frotando su pubis. Sentí la tensión creciendo, como una ola en el Pacífico. "Vente conmigo, Diego, no pares", supliqué, y él gruñó, su verga hinchándose más. Explosión: yo primero, contrayéndome alrededor de él, chorros de placer sacudiéndome el alma. Él se vino segundos después, caliente dentro de mí, pulsando, llenándome de su leche espesa.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones calmándose. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón latiendo contra mi pecho. Besos suaves, caricias perezosas. "Eres increíble", murmuró, y yo sonreí, sintiéndome empoderada, deseada.

Entrada final: Reflexión y antojo de más

Al día siguiente, con el sol colándose por las cortinas, escribo esto en mi propio diario. Ese diario de una pasion download fue el chispazo, pero Diego la fogata. No sé si será algo serio, pero neta, por primera vez en años, me siento viva, sensual, dueña de mi placer. Su olor aún en mis sábanas, el recuerdo de su sabor en mi lengua. Quizás le mande un mensaje para repetir. O tal vez descargue más diarios para inspirarme. Lo chido es que ahora yo soy la autora de mi propia pasión.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.