Pasion Capitulo 33 Llamas Eternas
Ana se recargó en la barra de la cocina de su departamento en la Condesa, con el corazón latiéndole a mil por hora. El aroma del mole poblano que había preparado flotaba en el aire, mezclado con el dulzor de las velas de vainilla que acababa de encender. Afuera, el bullicio de la Ciudad de México se colaba por la ventana entreabierta: cláxones lejanos, risas de transeúntes y el eco de un mariachi callejero. Pero adentro, todo era calma tensa, como la antesala de una tormenta de pasión.
Órale, Ana, relájate, se dijo a sí misma mientras revisaba su reflejo en el acero pulido del refrigerador. Llevaba un vestido negro ajustado que realzaba sus curvas, el escote profundo dejando ver el nacimiento de sus senos firmes. Hacía meses que la rutina del trabajo la había alejado de Javier, su chavo desde la uni. Pero esta noche era especial. Su aniversario. Y ella quería que fuera inolvidable.
La puerta se abrió con un clic suave, y ahí estaba él: Javier, con su playera blanca pegada al pecho musculoso por el calor de la calle, jeans desgastados que marcaban sus caderas fuertes. Sus ojos cafés la devoraron de inmediato, un brillo pícaro en ellos. "¡Qué buena estás, mami! ¿Todo esto pa' mí?" dijo con esa voz ronca que le erizaba la piel.
Ana sonrió, sintiendo un cosquilleo en el vientre.
Pinche Javier, siempre sabe cómo hacerme sentir deseada. Como si fuéramos novios de ayer.Se acercó, rozando su mano contra el brazo de él, notando la aspereza de su vello, el calor que irradiaba su piel morena.
La cena transcurrió entre risas y anécdotas. El mole estaba perfecto, picante y sedoso en la lengua, regado con un tequila añejo que quemaba la garganta y soltaba las inhibiciones. Javier le contaba de su última expo en la Roma, cómo los críticos lo alababan. Pero sus pies se rozaban bajo la mesa, un juego sutil que aceleraba su pulso. "Neta, Ana, te he extrañado. El trabajo te tiene cañona, pero yo te quiero ver así de relajada siempre."
Después del postre –churros crujientes con cajeta que se derramaba pegajosa en sus dedos–, pusieron salsa en el estéreo. Una cumbia rebajada llenó el espacio, el ritmo envolvente como un abrazo. Javier la jaló hacia él, sus caderas pegándose en un baile improvisado. Ana sintió la dureza de su erección presionando contra su muslo, y un jadeo se le escapó. El olor de su colonia, mezclado con sudor fresco, la mareaba. Sus manos en mi cintura, fuertes, posesivas. Dios, cuánto lo necesito.
El beso llegó natural, como si el mundo se detuviera. Sus labios se fundieron, su lengua explorando la de ella con hambre contenida. Saboreó el tequila en su boca, salado y dulce. Javier la levantó en brazos sin esfuerzo, llevándola al sillón de cuero negro. Ahí, entre besos fieros, sus manos bajaron el vestido, exponiendo sus pechos al aire fresco. Los pezones se endurecieron al instante, y él los lamió con devoción, succionando uno mientras pellizcaba el otro.
"¡Ay, cabrón! Qué rico lo haces", gimió Ana, arqueando la espalda. Sus uñas se clavaron en su nuca, oliendo el champú de su cabello revuelto. El sonido de sus respiraciones agitadas se mezclaba con la música, un contrapunto erótico.
La llevó a la recámara, la luz tenue de las lámparas de sal rosa del Himalaya bañando sus cuerpos. El colchón king size los recibió con un suspiro mullido. Javier se quitó la ropa con prisa, revelando su torso esculpido, el vientre plano y esa verga gruesa, venosa, ya palpitante por ella. Ana se mordió el labio, el calor entre sus piernas volviéndose líquido.
Es mía. Todo mío. Esta noche vamos a quemarnos juntos, como en pasion capitulo 33 de esa novela erótica que leímos el otro día.
Él se arrodilló entre sus piernas abiertas, besando el interior de sus muslos. La fragancia de su excitación lo golpeó: almizclada, íntima, adictiva. "Estás empapada, mi reina. Déjame probarte." Su lengua se hundió en ella, lamiendo el clítoris con círculos lentos, chupando sus labios hinchados. Ana gritó, el placer como rayos eléctricos subiendo por su espina. Agarró las sábanas de algodón egipcio, sintiendo la textura suave contra su piel febril. ¡Órale! Su boca es fuego puro. No pares, pinche amor.
El build-up fue tortuoso. Javier metió dos dedos, curvándolos contra su punto G, mientras su lengua no cejaba. Ana se retorcía, los muslos temblando, el sudor perlando su frente. El cuarto olía a sexo: salado, animal, con toques de su perfume floral. "¡Me vengo, Javier! ¡No pares!" explotó en oleadas, su coño contrayéndose alrededor de sus dedos, jugos calientes empapando su barbilla.
Pero no era el fin. Ana lo empujó sobre la cama, montándose a horcajadas. Tomó su verga en la mano, sintiendo su grosor, las venas pulsantes bajo la piel aterciopelada. La frotó contra su entrada resbaladiza, provocándolo. "Ahora te toca sufrir, chulo." Se hundió despacio, centímetro a centímetro, gimiendo al sentirlo llenarla por completo. El estiramiento era exquisito, rozando cada nervio interno.
Cabalgó con ritmo, sus senos rebotando, el slap-slap de carne contra carne resonando. Javier gruñía, manos en sus caderas guiándola, pulgares presionando su clítoris. Su mirada, clavada en mí. Me hace sentir diosa, poderosa. Esto es pasión pura, capitulo 33 de nuestra historia infinita. Aceleró, el placer acumulándose de nuevo, sus paredes apretándolo como un vicio.
Cambiaron posiciones: él encima, misionero profundo, besos entre embestidas. Luego de lado, su mano entre ellos frotando su botón. Ana mordía su hombro, el sabor salado de su piel en la lengua. El clímax los alcanzó juntos: Javier se tensó, "¡Me vengo, Ana! ¡Toma todo!", chorros calientes inundándola mientras ella convulsionaba, gritando su nombre al techo.
Jadeantes, colapsaron en un enredo de extremidades. El afterglow fue dulce: caricias perezosas, besos suaves en la sien. El aire acondicionado zumbaba bajito, refrescando sus cuerpos sudorosos. Javier la abrazó por detrás, su verga aún semi-dura contra sus nalgas. "Eres lo mejor de mi vida, neta. Cada noche contigo es como pasion capitulo 33, siempre más intensa."
Ana sonrió en la oscuridad, el corazón lleno.
Sí, amor. Y habrá muchos más capítulos. Nuestra pasión no se apaga nunca.Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero ellos flotaban en su propio universo de éxtasis compartido, listos para lo que viniera.