Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad La Pasión Turca Antonio Gala PDF Ardiente La Pasión Turca Antonio Gala PDF Ardiente

La Pasión Turca Antonio Gala PDF Ardiente

7273 palabras

La Pasión Turca Antonio Gala PDF Ardiente

Estabas recostada en tu cama king size en el corazón de la Roma Norte, con el ventilador zumbando perezosamente sobre ti y el aroma a jazmín del difusor flotando en el aire. Era una tarde calurosa de sábado en la Ciudad de México, de esas que te hacen sudar hasta el alma. Habías pasado la mañana vagueando en redes, y de pronto, un post en un grupo de libros eróticos te llamó la atención: la pasión turca antonio gala pdf. Neta, qué chido, pensaste. Siempre habías oído de esa novela que desataba pasiones locas, con esa española cayendo en los brazos de un turco irresistible. Bajaste el archivo en un dos por tres, el corazón latiéndote un poquito más rápido solo de imaginarlo.

Abriste el PDF en tu tablet, las páginas cargando con ese susurro digital que te erizaba la piel. Las palabras de Antonio Gala te envolvieron como humo de incienso: descripciones de pieles aceitunadas, besos que queman, cuerpos entrelazados en un baile prohibido. Sentiste un cosquilleo entre las piernas mientras leías, el calor subiendo por tus muslos.

¿Y si yo viviera algo así? Un hombre fuerte, exótico, que me tome sin pedir permiso... pero con todo el consentimiento del mundo.
Te mordiste el labio, la boca seca de anticipación. El sol se filtraba por las cortinas sheer, pintando rayas doradas en tu piel desnuda bajo la camisola de algodón. Olías a vainilla de tu loción, mezclada con el leve sudor que perlaba tu escote.

De repente, la puerta se abrió con un clic suave. Era él, tu carnal Alex, con su herencia turca del lado paterno que lo hacía ver como sacado de un harén moderno: ojos oscuros como el café turco, barba recortada que raspaba delicioso, y un cuerpo forjado en el gym de Polanco. Llevaba una camiseta ajustada que marcaba sus pectorales y jeans que colgaban bajos en sus caderas. "¿Qué onda, mi reina? ¿Ya extrañándome?" dijo con esa voz grave, ronca, que te ponía los vellos de punta.

Tú lo miraste de arriba abajo, el PDF aún abierto en tu regazo. La pasión turca antonio gala pdf brillaba en la pantalla como una invitación. "Ven, wey. Lee esto y dime si no te prende." Le pasaste la tablet, y él se sentó a tu lado, el colchón hundiéndose bajo su peso. Su muslo rozó el tuyo, enviando chispas eléctricas por tu espina. Mientras leía en voz alta un pasaje candente —ella gimiendo bajo él, el olor a almizcle y sudor—, sentiste tu chochito palpitar, humedeciéndose contra las sábanas de hilo egipcio.

Acto primero: la chispa. Alex dejó la tablet a un lado, sus ojos clavados en ti con esa intensidad turca que heredó de su abuelo. "¿Quieres que te haga mía como en ese libro, mi amor?" murmuró, su aliento cálido contra tu oreja. Asentiste, el pulso tronando en tus sienes. Sus manos, grandes y callosas del trabajo en su taller de motos, subieron por tus muslos, abriéndolos despacio. Tocaste su pecho, sintiendo el latido acelerado bajo la tela. Qué padre su calor, su fuerza contenida. Lo jalaste hacia ti, besándolo con hambre. Sus labios sabían a menta y tabaco, la lengua invadiendo tu boca como una promesa de más.

La tensión crecía como el calor de un comal. Se quitó la camiseta de un tirón, revelando ese torso moreno, velludo en el pecho justo lo necesario para enterrar tus dedos. Tú te incorporaste, dejando caer la camisola. Tus pechos se liberaron, los pezones endurecidos por el aire acondicionado y la excitación. Él gimió, un sonido gutural que vibró en tu vientre. "Eres más hermosa que cualquier Desdémona." Sus dedos trazaron círculos en tu ombligo, bajando hasta el borde de tus panties de encaje. El roce era eléctrico, tu piel erizándose como si miles de plumas te acariciaran.

En el medio del fuego, los pensamientos te invadían.

No mames, esto es mejor que el PDF. Su olor, ese almizcle masculino mezclado con su colonia de sándalo, me tiene mareada. Quiero que me rompa en mil pedazos.
Alex te recostó, besando tu cuello, mordisqueando la clavícula hasta que jadeaste. Sus manos amasaron tus senos, pellizcando los pezones con la presión exacta que te hace arquear la espalda. Bajó más, lamiendo tu vientre, deteniéndose en el hueso de la cadera. El sonido de su respiración pesada llenaba la habitación, junto con el zumbido lejano del tráfico en Insurgentes.

Te quitó las panties despacio, exponiéndote al aire fresco. "Mírate, tan mojada por mí, tan lista." Su voz era un ronroneo. Sumergió la cara entre tus piernas, inhalando profundo. El primer lametón fue lento, saboreando tus jugos con un gemido de aprobación. Su lengua danzaba en tu clítoris, círculos expertos que te hacían apretar las sábanas. Sentías cada roce como fuego líquido: el calor de su boca, la aspereza de su barba en tus muslos internos, el sabor salado que él chupaba con avidez. Tus caderas se movían solas, buscando más, gimiendo "¡Sí, carnal, así!"

La intensidad subía como la marea en Acapulco. Te volteó boca abajo, sus manos en tus nalgas, separándolas para besar la curva de tu espalda. El peso de su cuerpo sobre ti era delicioso, opresivo en el mejor sentido. Desabrochó sus jeans, y sentiste su verga dura presionando contra ti, gruesa y pulsante. Qué choncha tan rica, pensaste, latiendo por entrar. Te penetró despacio al principio, centímetro a centímetro, estirándote con un placer que dolía rico. El sonido húmedo de vuestras uniones, slap-slap contra tu piel, era obsceno y adictivo. Olías el sexo en el aire: sudor, excitación, esa esencia cruda que te volvía loca.

Embestía más fuerte ahora, sus bolas golpeando tu clítoris con cada thrust. Tus uñas se clavaban en las sábanas, el colchón crujiendo bajo el ritmo.

Es como el libro, pero real. Su pasión turca me consume, me llena hasta el fondo.
Cambiaron posiciones: tú encima, cabalgándolo como una amazona. Sus manos en tus caderas guiaban el vaivén, tus pechos rebotando libres. Lo miraste a los ojos, esos pozos negros, y viste tu reflejo: desatada, poderosa. El clímax se acercaba, una ola gigante. "Ven conmigo, mi turca ardiente," gruñó él, sus dedos en tu clítoris acelerando todo.

El final explotó como fuegos artificiales en el Zócalo. Tu orgasmo te sacudió entera, paredes contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer mojando sus muslos. Él rugió, llenándote con su leche caliente, pulsos y pulsos que sentías adentro. Colapsaron juntos, sudorosos, jadeantes. Su peso sobre ti era un cobija perfecta, su corazón martillando contra tu espalda.

En el afterglow, se quedaron así, piel con piel. El aroma a sexo impregnaba todo, mezclado con el jazmín ahora más dulce. Él te besó la nuca, suave. "Mejor que cualquier PDF, ¿verdad?" reíste bajito, girando para mirarlo. La pasión turca antonio gala pdf seguía abierta en la tablet, olvidada.

Esto es nuestro, puro, mexicano con toque turco. Qué chido amar así.
El sol se ponía, tiñendo la habitación de naranja, y supiste que esta pasión no era de un libro: era eterna, tuya.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.