Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Fue Por Pasión O Por Dinero Que Lo Hiciste Primero Fue Por Pasión O Por Dinero Que Lo Hiciste Primero

Fue Por Pasión O Por Dinero Que Lo Hiciste Primero

6485 palabras

Fue Por Pasión O Por Dinero Que Lo Hiciste Primero

La noche en Polanco olía a jazmín y a tequila reposado, con ese calor pegajoso que se mete hasta los huesos. Yo, Ana, acababa de salir de una junta eterna en la Condesa, con el cuerpo tenso como cuerda de guitarra. Caminaba por las calles iluminadas, tacones resonando contra la banqueta, cuando lo vi: Javier, recargado en la barra de un bar chido, con esa sonrisa pícara que me hacía mojada de solo pensarlo. Alto, moreno, con camisa ajustada que marcaba sus pectorales y un olor a colonia cara mezclado con sudor fresco.

¿Qué chingados hace él aquí? Neta, cada vez que lo veo, siento que mi chichi se aprieta de pura anticipación.

Me acerqué, fingiendo casualidad. "Órale, wey, ¿qué pedo? ¿Sigues de galán por estos lares?" Le dije, rozando su brazo con mis uñas pintadas de rojo. Su piel estaba caliente, como si llevara el sol adentro. Me miró de arriba abajo, deteniéndose en mis chichis que asomaban juguetones por el escote del vestido negro ceñido.

"Ana, mi reina, ¿vienes a salvarme de esta aburrida noche?" Su voz grave me erizó la piel, y su mano se posó en mi cintura, tirando de mí hasta que nuestros cuerpos se pegaron. Olía a deseo puro, a hombre listo para devorarme. Pidió unos tequilas, y entre sorbos, platicamos pendejadas: del tráfico cabrón, de la pinche oficina, pero el aire entre nosotros vibraba con tensión. Sus dedos jugaban con el borde de mi vestido, subiendo despacito por mi muslo, y yo sentía mi calzón empapado.

Salimos del bar, caminando rápido hacia su depa en una torre reluciente. El elevador era un horno, y apenas se cerraron las puertas, me besó. Boca hambrienta, lengua invadiendo la mía con sabor a tequila y menta. Sus manos amasaban mis nalgas, apretando fuerte, y yo gemía bajito, frotándome contra su verga dura que ya presionaba mi vientre.

"Te necesito, Ana. Neta, me vuelves loco", murmuró contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Mi corazón latía como tamborazo en feria, y el olor de su excitación –sudor salado y algo almizclado– me mareaba.

Entramos al depa, luces tenues, música de fondo con un ritmo sensual como cumbia rebajada. Me quitó el vestido de un jalón, dejando mis tetas al aire, pezones duros como piedras. "Mira nomás qué chulas", dijo, lamiendo uno con la lengua áspera, chupando hasta que arqueé la espalda. Yo le arranqué la camisa, clavando uñas en su pecho velludo, bajando hasta desabrocharle el cinto. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con la cabeza brillando de precum. La tomé en la mano, piel suave y caliente latiendo, y la masturbé despacio, oyendo sus gruñidos roncos.

¿Fue por pasión o por dinero que lo hiciste primero? La duda me picó en la mente mientras lo besaba, recordando rumores de su pasado. ¿Ese wey tan chulo, con lana de sobra, habrá vendido sus favores alguna vez? Pero qué más da, ahora es mío, y su mirada dice que esto es puro fuego.

Lo empujé al sofá de piel suave, me arrodillé entre sus piernas. El piso fresco contra mis rodillas, su verga frente a mi cara, oliendo a macho excitado. La lamí desde la base, lengua plana recorriendo venas, saboreando sal y deseo. Él enredó dedos en mi pelo, guiándome mientras la chupaba profunda, garganta apretando, saliva chorreando. "¡Carajo, Ana, qué rica chupas!" jadeó, caderas moviéndose. Yo aceleré, mano y boca en tándem, sintiendo cómo se hinchaba más, listo para explotar. Pero no, lo paré, subí a horcajadas, frotando mi coño mojado contra su pija.

El roce era eléctrico, clítoris hinchado rozando su dureza, jugos mezclándose. "Métemela ya, pendejo", le ordené, y él obedeció, guiándola a mi entrada. Entró de un empujón, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Grité, paredes vaginales apretándolo, y empecé a cabalgar. Piel contra piel chapoteando, tetas rebotando, sus manos amasando. Sudor nos cubría, goteando entre pechos, olor a sexo crudo invadiendo la habitación. Él lamía mi cuello, mordía oreja, susurrando "guarra rica, te voy a romper".

Cambié de posición, él encima, misionero feroz. Piernas en sus hombros, coño expuesto, cada embestida profunda golpeando mi G, jugos salpicando. Sonidos húmedos, gemidos sincronizados, el sofá crujiendo. Mi clítoris palpitaba, orgasmo building como tormenta. "Fue por pasión o por dinero que lo hiciste primero", solté de repente en un jadeo, mirándolo fijo. Él se congeló un segundo, ojos encendidos, luego sonrió malicioso. "¿Qué, mi amor? ¿Celosa de mi pasado?" Embistió más duro, respondiendo con el cuerpo. "Fue por pasión, siempre pasión... como ahora contigo".

La confesión me prendió más, uñas en su espalda, arañando. Aceleró, verga hinchándose, bolas golpeando mi culo. "¡Me vengo, Ana!" rugió, y sentí chorros calientes llenándome, trigger de mi propio clímax. Olas de placer me sacudieron, coño contrayéndose ordeñándolo, visión borrosa, grito ahogado. Colapsamos, cuerpos temblando, sudor pegajoso, respiraciones entrecortadas. Su semen goteaba de mí, cálido en muslos.

Quedamos ahí, enredados, el aire pesado con olor a corrida y piel saciada. Él me besó suave, lengua perezosa. "Neta, Ana, fue por pasión. Siempre. Ese primer polvo loco con una morra en la playa, puro instinto, nada de lana". Reí bajito, acariciando su pecho. Mi mano bajó, tocando su verga semi-dura, sintiendo latidos calmados.

Al carajo las dudas. Esto es real, consensual, nuestro. Su calor contra mí, el pulso de la ciudad afuera, todo perfecto.

Nos levantamos despacio, ducha juntos. Agua caliente cascando, jabón espumoso en curvas y músculos. Manos explorando de nuevo, besos lentos bajo el chorro. Salimos envueltos en toallas suaves, pedimos room service – tacos al pastor con todo, bien jugosos. Comimos en la cama, riendo de tonterías, su mano en mi muslo, promesa de más rondas.

La noche se estiró, follamos otra vez, lento, de lado, cucharita. Su verga deslizándose suave, mano en clítoris, orgasmos suaves como olas del Pacífico. Al amanecer, luz filtrándose, lo miré dormir, barba incipiente, labios hinchados por mis besos. Fue por pasión, pensé, besándolo en frente. Salí con el cuerpo dolorido dulce, piernas flojas, sonrisa permanente. La vida en la CDMX es un desmadre, pero noches como esta valen cada pinche segundo.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.