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Donde Se Filmó La Pasión De Cristo Nuestra Piel Arde

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Donde Se Filmó La Pasión De Cristo Nuestra Piel Arde

El sol del atardecer teñía de oro las antiguas piedras de Matera esa tarde en que llegamos Javier y yo. Habíamos volado desde Ciudad de México con la idea de recorrer Italia como unos pinches turistas aventureros pero neta que no esperábamos que este lugar nos pegara tan cabrón. "Órale mira eso" le dije señalando los Sassi esas cuevas excavadas en la roca que parecen sacadas de otra época. Javier se acercó por detrás abrazándome la cintura sus manos grandes y callosas rozando mi blusa ligera. "Aquí se filmó La Pasión de Cristo ¿verdad mi amor? Donde se filmó La Pasión de Cristo ahora vamos a vivir la nuestra" murmuró con esa voz ronca que me eriza la piel.

El aire olía a tierra seca y a jazmín silvestre mezclado con el humo lejano de alguna chimenea. Caminamos por las callejuelas angostas el eco de nuestros pasos rebotando en las paredes irregulares. Yo sentía el calor de su cuerpo pegado al mío el roce de su pecho contra mi espalda cada vez que se detenía a admirar una vista. Qué chido está este wey pensé mientras mi corazón latía más rápido. Llevábamos tres años juntos pero este viaje nos había revivido como al principio cuando nos conocimos en una fiesta en la Condesa y terminamos chingándonos toda la noche en su depa. Aquí en Matera donde se filmó La Pasión de Cristo todo parecía más intenso más bíblico más pecaminoso.

Nos metimos en una de las cuevas convertida en barcito típico pedimos un par de copas de vino tinto Aglianico que sabía a moras maduras y a tierra volcánica. Nos sentamos en una mesa de piedra Javier me miró con esos ojos cafés que me derriten. "Estás preciosa Ana con el sol poniéndose detrás de ti pareces una diosa" dijo tomándome la mano besándome los nudillos. Su aliento cálido me subió un escalofrío por el brazo directo al pecho.

¡Neta que me lo quiero comer ya! Pero hay que aguantar que el deseo crezca como buena fermentación del vino este
me dije conteniendo las ganas de saltarle encima ahí mismo.

Salimos cuando el cielo ya era morado estrellado. La noche traía un fresco que hacía que mi piel se erizara y mis pezones se marcaran bajo la blusa. Javier lo notó claro y me jaló hacia un rincón oscuro entre dos casas antiguas. "Ven aquí mi reina" susurró presionándome contra la pared fría de piedra. Sus labios encontraron los míos en un beso hambriento lengua explorando mi boca sabor a vino y a él. Gemí bajito mis manos enredándose en su pelo negro revuelto. Sentía su verga dura contra mi vientre palpitando como un corazón salvaje. "Javier espérame tantito" jadeé pero mis caderas se movían solas restregándose contra él.

Subimos tambaleantes a nuestra posada un agriturismo encaramado en la colina con vista a los Sassi iluminados por luces tenues. La habitación era rústica cama king con sábanas blancas crujientes velas parpadeando en las mesitas. Olía a lavanda y a madera vieja. Javier me desvistió despacio quitándome la blusa besando cada centímetro de piel expuesta. "Tu piel huele a México a sol y a miel" murmuró lamiendo mi cuello. Yo temblaba de anticipación mis tetas pesadas deseando sus manos. Puta madre qué rico se siente esto pensé mientras él chupaba un pezón succionando suave luego fuerte haciendo que un chorro de placer me bajara directo a la panocha.

Me recostó en la cama su boca bajando por mi vientre lamiendo el ombligo deteniéndose en mis muslos. "Abre las piernas mi amor déjame verte" ordenó con voz juguetona. Obedecí exponiendo mi concha ya empapada hinchada de ganas. El aire fresco rozó mis labios vaginales y gemí arqueándome. Javier sopló suave luego su lengua plana lamió desde el ano hasta el clítoris lento torturador. Saboreaba mis jugos con gruñidos de placer "Netas estás más rica que un tamal en Navidad". Yo agarraba las sábanas mis uñas clavándose en la tela jadeando "¡Sigue wey no pares! Me tienes bien mojada".

El ritmo subió su lengua danzando círculos en mi clítoris dos dedos entrando y saliendo curvándose para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El sonido era obsceno chapoteo de mi humedad contra su boca mis gemidos rebotando en las paredes de piedra. Sudaba el olor de mi excitación mezclándose con su sudor masculino almizclado.

Esto es el paraíso Ana aquí donde se filmó La Pasión de Cristo Dios debe haber bendecido este lugar para el amor carnal
pensé mientras el orgasmo se acercaba como una ola gigante. "¡Me vengo Javier!" grité convulsionando piernas temblando chorros de placer salpicando su barbilla.

Él se quitó la ropa rápido su verga saltando libre gruesa venosa goteando precum. "Ahora tú mi reina" dijo recostándose. Me subí encima gateando como gata en celo lamiendo su pecho bajando por el abdomen hasta su miembro. Lo tomé en la mano acariciando el tronco suave la cabeza hinchada. Lo chupé despacio saboreando el salado de su piel succionando las bolas pesadas. Javier gruñía "¡Qué chingona mamada Ana eres la mejor!" sus caderas empujando suave follándome la boca.

No aguanté más me posicioné sobre él frotando mi concha empapada contra su verga lubricándola. "Te quiero adentro ya" exigí bajando despacio empalándome centímetro a centímetro. ¡Ay cabrón qué lleno me sentía! Sus manos en mis caderas guiándome mientras yo rebotaba arriba abajo tetas saltando sudor resbalando entre nosotros. El slap slap de piel contra piel música perfecta junto a nuestros jadeos. "¡Más duro Javier chingame fuerte!" pedí y él obedeció embistiéndome desde abajo sus huevos golpeando mi culo.

Cambié de posición él atrás a perrito agarrándome las nalgas abriéndolas para ver cómo entraba y salía brillando con mis jugos. "Tu culo es perfecto" gruñó azotándome suave el ardor sumándose al placer. Yo metí mano al clítoris frotando frenética sintiendo otro orgasmo crecer. El cuarto olía a sexo puro a semen a sudor a nosotros. "¡Córrete conmigo amor!" grité y él aceleró follándome como animal "¡Sí Ana me vengo!" Rugió su verga hinchándose explotando chorros calientes llenándome el útero.

Colapsamos jadeantes cuerpos pegajosos entrelazados. El afterglow era dulce besos suaves caricias perezosas. "Te amo Ana este lugar donde se filmó La Pasión de Cristo será inolvidable" murmuró Javier besándome la frente. Yo sonreí acurrucándome en su pecho oyendo su corazón calmarse. Neta que la pasión no necesita cruz solo dos cuerpos que se desean como locos pensé mientras la noche nos envolvía en paz. Afuera los Sassi guardianes silenciosos de nuestro éxtasis.

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