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La Pasion del Dibujo Animado

6505 palabras

La Pasion del Dibujo Animado

El calor de la tarde en la Colonia Condesa pegaba como plomo derretido, pero adentro de mi taller, con el ventilador zumbando como loco, yo andaba en mi mundo. Mi nombre es Carla, y mi pasion por el dibujo animado es lo que me mantiene viva. No cualquier caricatura, wey, las que dibujo yo son puro fuego: curvas exageradas, ojos que te tragan, labios que prometen pecados. Sentada en mi taburete, con el lápiz volando sobre la tableta digital, creaba una escena donde una morra animada se retorcía de placer bajo las manos de un galán de tinta. El olor a café recién hecho se mezclaba con el aroma de mi piel sudada, y cada trazo me hacía sentir un cosquilleo en el estómago, como si yo misma estuviera en esa animación.

De repente, la puerta se abrió de un jalón. Era Diego, mi carnal del arte, el wey que siempre anda rondando mis dibujos con esa sonrisa pícara. Alto, moreno, con esa playera ajustada que marca sus pectorales y unos jeans que dejan poco a la imaginación. Órale, qué chido verte aquí, dijo, acercándose con una cerveza en la mano. Traía el pelo revuelto y un olor a colonia fresca que me dio un vuelco el pulso. Le mostré mi pantalla: la morra animada gimiendo, con las tetas rebotando en cada movimiento. Sus ojos se clavaron ahí, y vi cómo tragaba saliva.

—¡Neta, Carla! Esa pasión en el dibujo animado tuya me mata. ¿Cómo chingados haces para que se vea tan real? —me dijo, poniéndose detrás de mí, tan cerca que sentí su aliento caliente en mi cuello.

Me reí, pero mi cuerpo ya traicionaba. Sus manos rozaron mis hombros, fingiendo ajustar la silla, y un escalofrío me recorrió la espalda. ¿Qué pedo, Carla? ¿Vas a dejar que este pendejo te ponga caliente con tus propios dibujos?, pensé, mientras el corazón me latía a mil.

Pasamos la tarde platicando de ideas locas. Él traía un proyecto: una serie animada erótica inspirada en folclor mexicano, con diosas aztecas en poses calientes. La tensión crecía con cada cerveza, cada mirada. Sus dedos jugaban con un mechón de mi pelo, y yo sentía el calor entre mis piernas, como si mi panocha ya estuviera pidiendo acción. Al final, me invitó a su depa en la Narvarte. Ven, te muestro lo que tengo en la compu. Va a ser chingón, prometió con voz ronca.


Acto dos, y ya estábamos en su sala, con luces tenues y música de fondo, un son jarocho sensual que hacía vibrar el aire. Diego encendió su pantalla gigante, y ahí estaba: una animación en proceso, una chava de curvas imposibles montando a un guerrero, sus gemidos sincronizados con el movimiento fluido. El sonido era hipnótico, jadeos digitales que me erizaban la piel. Me senté en su regazo sin pensarlo, sintiendo su verga endureciéndose contra mi culo. Qué rico se siente esto, murmuré, girándome para besarlo.

Sus labios eran suaves al principio, probando, pero pronto se volvieron hambrientos, lengua contra lengua, sabor a cerveza y deseo puro. Sus manos subieron por mi blusa, quitándosela de un tirón, exponiendo mis tetas al aire fresco. Las pellizcó con delicadeza, haciendo que mis pezones se pararan como piedras. ¡Diego, cabrón, no pares! le supliqué, mientras yo le desabrochaba el cinto, liberando esa verga gruesa, venosa, que saltó lista para mí. La tomé en la mano, sintiendo su calor pulsante, el olor almizclado de su excitación invadiendo mis fosas nasales.

Esto es mejor que cualquier dibujo animado. Su piel contra la mía, sudor mezclándose, pulsos acelerados latiendo al unísono.

Me puse de rodillas, mirándolo a los ojos con picardía mexicana. Te la voy a chupar hasta que ruegues, wey, le dije, y lamí la punta, saboreando el precum salado. Su gemido fue como música, grave y animal. Lo succioné profundo, garganta relajada, sintiendo cómo se hinchaba en mi boca, mis labios estirados, saliva chorreando. Él enredó sus dedos en mi pelo, guiándome sin forzar, puro ritmo consensual. El cuarto olía a sexo inminente, a piel caliente y lubricante natural.

Me levantó como si no pesara nada, me quitó el short y las panties de un jalón. Estás empapada, Carla. Neta, tu panocha brilla, gruñó, hundiéndome dos dedos adentro. Grité de placer, el sonido húmedo de mis jugos llenando el aire. Me recargó en el escritorio, abriéndome las piernas, y lamió mi clítoris con maestría, lengua danzando como en mis animaciones más calientes. Sentí ondas de placer subiendo por mi espina, tetas agitándose, uñas clavándose en su espalda. ¡Más, Diego, métemela ya!

Se paró, verga lista, y me penetró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente. ¡Qué chingón se siente! jadeé, envolviéndolo con mis piernas. Empezamos a follar con furia, él embistiéndome profundo, yo arqueándome para recibirlo todo. El slap-slap de carne contra carne, gemidos mezclados con la animación de fondo que ahora parecía banda sonora nuestra. Sudor goteando, pechos rebotando, su aliento en mi oreja susurrando eres mi musa animada, Carla. Cambiamos posiciones: yo encima, cabalgándolo como una diosa, controlando el ritmo, sintiendo su verga golpear mi punto G. El orgasmo se acercaba, tensión enroscándose como resorte.


El clímax explotó como fuegos artificiales en el Zócalo. Me vine primero, gritando ¡me vengo, cabrón!, paredes vaginales apretándolo, jugos chorreando por sus bolas. Él me siguió segundos después, llenándome con chorros calientes, rugiendo mi nombre. Colapsamos juntos, cuerpos temblando, piel pegajosa de sudor, respiraciones entrecortadas. El olor a semen y orgasmo flotaba pesado, delicioso.

Nos quedamos así un rato, él acariciándome el pelo, yo trazando círculos en su pecho. Esto fue mejor que cualquier pasion en dibujo animado, le dije riendo bajito. Él sonrió: Pero ahora hagamos uno juntos, con nosotros de protagonistas. Imagina las curvas, los gemidos animados...

Nos besamos lento, saboreando el afterglow. Afuera, la ciudad bullía, pero aquí, en este nido de pasión, todo era perfecto. Mi pasión por el dibujo animado acababa de ganar un compañero eterno, y el futuro prometía más escenas calientes, tanto en papel como en carne viva. Qué chido es la vida cuando el arte y el sexo se funden, pensé, mientras nos dormíamos abrazados, soñando con animaciones por venir.

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