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Pasion y Deseo Pelicula

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Pasion y Deseo Pelicula

Ana se recostó en el sofá de su departamento en la Condesa, con el aire cargado del aroma a café de olla que acababa de preparar. La noche caía suave sobre la ciudad, y las luces de los autos en la avenida se filtraban por las cortinas entreabiertas, pintando sombras danzantes en la pared. Luis, su carnal de años, se sentó a su lado, con esa sonrisa pícara que siempre le aceleraba el pulso. Órale, qué chido este plan, pensó ella, mientras él encendía la tele y buscaba la peli en la plataforma.

"¿Lista para Pasion y Deseo Pelicula?", le dijo él, con voz ronca, pasándole el control remoto como si fuera un tesoro. Ana asintió, sintiendo un cosquilleo en la piel del brazo donde sus dedos rozaron los suyos. La película empezó: una historia de amantes en las playas de Cancún, con cuerpos aceitados bajo el sol, besos que prometían tormentas. El sonido de las olas chocando contra la arena llenó la sala, y Ana se mordió el labio, notando cómo el calor subía por su cuello.

En la pantalla, la protagonista, una morena de curvas hipnóticas, se entregaba a su amante con gemidos que vibraban en el aire. Luis se acercó más, su muslo presionando el de ella.

"Neta, esta peli está cañona", murmuró Ana para sí, mientras el olor a su colonia, mezclado con el sudor ligero de la tarde, la envolvía como una caricia prohibida.
Sus manos se encontraron en el cojín, dedos entrelazándose con lentitud, y ella sintió el pulso de él latiendo fuerte contra su palma.

La tensión crecía con cada escena. En la peli, los amantes se besaban bajo la luna, lenguas explorando bocas húmedas, manos deslizándose por pieles saladas. Ana giró la cabeza hacia Luis, y sus miradas chocaron como chispas. "¿Qué te está haciendo esta pasion y deseo pelicula?", le preguntó él, con los ojos oscuros brillando. Ella no respondió con palabras; en cambio, se inclinó y rozó sus labios con los suyos, un beso suave al principio, probando el sabor a tequila de su boca, dulce y ardiente.

El beso se profundizó, lenguas danzando como en la pantalla, mientras las olas de la peli seguían rugiendo de fondo. Luis la atrajo hacia él, su mano grande subiendo por su espalda, desabrochando el sostén con maestría. Ana jadeó contra su boca, sintiendo el roce áspero de su barba en la mejilla, el calor de su pecho presionando sus senos libres. Qué rico se siente su piel, tan caliente, tan viva, pensó, mientras sus pezones se endurecían al aire fresco de la habitación.

Se separaron un segundo, respiraciones agitadas. La película seguía: ahora los amantes rodaban en la arena, cuerpos entrelazados, gemidos elevándose. Luis apagó la tele con un clic, pero el eco de esa pasion y deseo pelicula flotaba entre ellos. "Ven, mi amor", le dijo él, levantándola en brazos como si no pesara nada. Ana rio bajito, envolviendo las piernas alrededor de su cintura, sintiendo la dureza de su verga presionando contra su entrepierna a través de la tela delgada de sus shorts.

La llevó al cuarto, donde la cama king size los esperaba con sábanas frescas de algodón egipcio. La dejó caer con gentileza, y ella se estiró como gata, quitándose la blusa con un movimiento fluido. Luis se desnudó rápido, su cuerpo atlético iluminado por la luz de la luna que entraba por la ventana. Míralo, wey tan chulo, con esos músculos que se tensan como cuerdas, se dijo Ana, lamiéndose los labios al ver su verga erecta, gruesa y venosa, apuntando hacia ella.

Él se arrodilló en la cama, besando su vientre, bajando lento hasta el borde de sus panties. El aroma de su excitación lo golpeó, almizclado y dulce, como miel caliente. "Estás mojada, nena", gruñó, deslizando la tela a un lado y lamiendo su clítoris con la lengua plana. Ana arqueó la espalda, un gemido gutural escapando de su garganta. Qué chingón esa lengua, suave y firme a la vez, pensó, mientras sus caderas se movían solas, presionando contra su boca. Él chupaba y succionaba, introduciendo dos dedos gruesos en su panocha empapada, curvándolos para rozar ese punto que la hacía ver estrellas.

Los sonidos llenaban la habitación: el chapoteo húmedo de sus dedos, sus jadeos entrecortados, el crujir de las sábanas bajo sus cuerpos. Ana metió las manos en su pelo, tirando suave. "Sí, carnal, así... no pares, pendejo", le susurró con voz ronca, el slang cariñoso saliendo natural. Luis levantó la vista, ojos lujuriosos, y subió para besarla, compartiendo su propio sabor en la saliva.

Ahora ella tomó control, empujándolo boca arriba. Se montó a horcajadas, frotando su coño resbaladizo contra su verga dura como piedra. El roce era eléctrico, piel contra piel, lubricada por sus jugos. "Te quiero adentro, ya", exigió Ana, guiando la cabeza hinchada a su entrada. Bajó despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo la estiraba, la llenaba hasta el fondo. ¡Ay, cabrón, qué grande se siente, pulsando dentro de mí!

Empezó a moverse, vaivén lento al principio, caderas girando en círculos que rozaban su clítoris contra el vello púbico de él. Luis gruñía, manos apretando sus nalgas, amasándolas con fuerza. El sudor perlaba sus cuerpos, goteando entre senos y abdomen, el olor a sexo crudo impregnando el aire. "Muévete más rápido, mi reina", la urgió él, y ella obedeció, cabalgándolo con furia, pechos rebotando, el slap-slap de carne contra carne resonando como tambores.

La tensión subía como marea, sus respiraciones sincronizándose en jadeos salvajes. Ana sentía el orgasmo construyéndose, un nudo apretado en el vientre que se expandía. Luis la volteó de repente, poniéndola a cuatro patas, y embistió desde atrás, profundo y rápido. Sus bolas golpeaban su clítoris con cada thrust, sus manos en sus caderas guiándola. "¡Chíngame más fuerte!", gritó ella, empujando hacia atrás. Él obedeció, sudando, gruñendo como animal.

El clímax la golpeó primero: olas de placer convulsionando su panocha alrededor de su verga, jugos chorreando por sus muslos. "¡Me vengo, Luis, ay Dios!", chilló, el mundo explotando en colores. Él la siguió segundos después, hinchándose dentro de ella, chorros calientes llenándola hasta desbordar. Colapsaron juntos, cuerpos temblando, pegados por sudor y semen.

En el afterglow, yacían enredados, el corazón de él latiendo contra su oreja como tambor suave. Ana trazaba círculos en su pecho con la uña, oliendo la mezcla de sus esencias. "Esa pasion y deseo pelicula fue el detonante perfecto, ¿verdad?", murmuró ella, sonriendo. Luis la besó en la frente, voz perezosa: "Neta, pero contigo es mejor que cualquier peli, mi amor".

La noche se extendió en caricias perezosas, promesas susurradas. Afuera, la ciudad bullía, pero en su mundo, solo existía esa conexión profunda, esa pasión que ardía eterna como las olas de Cancún en la pantalla. Ana cerró los ojos, satisfecha, sabiendo que al día siguiente buscarían otra peli, otra excusa para perderse en el deseo mutuo.

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