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La Pasión del Tarot Egipcio

6783 palabras

La Pasión del Tarot Egipcio

Tú caminas por las calles empedradas de Coyoacán, el sol de la tarde mexicana calentando tu piel morena como un beso ardiente. El aroma a churros fritos y café de olla flota en el aire, mezclándose con el incienso de las tienditas de artesanías. Órale, qué chido este mercado, piensas mientras tus ojos se posan en una mesita cubierta de barajas antiguas. Ahí está, brillando bajo un rayo de luz: La Pasión Tarot Egipcio. Las cartas tienen ilustraciones de dioses y diosas con cuerpos esculpidos, pechos erguidos y falos poderosos, todo en tonos dorados y rojos intensos que te hacen sentir un cosquilleo entre las piernas.

La vendedora, una señora con ojos pícaros, te guiña un ojo.

"Es un tarot especial, mija. Despierta la pasión de los antiguos egipcios. Neta que te va a volar la cabeza."
No lo dudas, sacas tus pesos y te lo llevas a casa, envuelto en un paño de seda que huele a sándalo y misterio. En tu depa en la Roma, con las cortinas corridas dejando entrar solo un hilo de luz, extiendes las cartas sobre la mesa de madera. Tus dedos rozan las imágenes: Isis con sus curvas hipnóticas, Osiris con su miembro erecto prometiendo éxtasis eterno. ¿Qué pasaría si tiro las cartas ahora? El deseo te invade como una ola caliente, tus pezones se endurecen contra la blusa ligera.

Barajas. La primera carta: La Sacerdotisa, con ojos que te miran directo al alma, sus labios entreabiertos invitándote a probar. La segunda: El Enamorado, dos cuerpos entrelazados en un abrazo sudoroso bajo pirámides. Tu pulso se acelera, el corazón latiendo fuerte en el pecho. Esto no es cualquier tarot, es puro fuego egipcio. Llamas a Marco, tu amigo de la uni que siempre te ha mirado con hambre.

"Ven ya, wey. Tengo algo que te va a poner como loco."
Él llega en media hora, oliendo a colonia fresca y cerveza artesanal, su camiseta ajustada marcando los músculos del gym.

¿Qué onda con esa baraja tan chula? —pregunta Marco, sentándose a tu lado, su muslo rozando el tuyo. El calor de su piel te eriza los vellos. Le explicas de La Pasión Tarot Egipcio, y juntos barajan. Sus manos grandes y callosas tocan las tuyas, enviando chispas por tu espina dorsal. Tiras las cartas: El Sol, radiante y desnudo; La Emperatriz, con caderas anchas y un vientre listo para ser adorado. El aire se carga de electricidad, el sonido de vuestras respiraciones profundas llenando la habitación.

Marco te mira con ojos oscuros, pupilas dilatadas.

"Neta, estas cartas me traen bien puesto. Siento como si los dioses nos estuvieran viendo."
Tú sientes lo mismo, un hormigueo en el clítoris que te hace apretar los muslos. Te inclinas, tus labios rozan los suyos en un beso suave al principio, probando el sabor salado de su boca, el dulzor de su lengua explorando la tuya. Sus manos suben por tu espalda, desabrochando el bra, liberando tus tetas pesadas que rebotan libres. ¡Ay, cabrón, qué rico! gimes internamente mientras él las acaricia, pulgares girando sobre los pezones duros como piedras preciosas.

La tensión crece como el Nilo en crecida. Lo empujas al sofá, quitándole la playera con urgencia. Su pecho ancho, cubierto de vello negro, huele a hombre puro, a sudor limpio y deseo. Bajas la cabeza, lamiendo sus abdominales, saboreando la sal de su piel. Marco gime, un sonido gutural que vibra en tu concha húmeda. Quiero su verga ya, pero hay que alargar esto, como las cartas prometen. Tus uñas arañan suavemente su piel, bajando al cinturón. Él te voltea, boca hambrienta en tu cuello, mordisqueando mientras sus dedos se cuelan en tu short, encontrando tus labios hinchados y jugosos.

Estás empapada, preciosa. Estas cartas nos están volviendo locos. —susurra, metiendo un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que te hace arquear la espalda. El sonido chapoteante de tu humedad llena el aire, mezclado con tus jadeos. La Pasión Tarot Egipcio está sobre la mesa, las cartas como testigos mudos de esta danza sagrada. Tú lo desabrochas, liberando su polla gruesa, venosa, palpitante. La tocas, sientes su calor en la palma, el pulso acelerado como tambores faraónicos. La lames desde la base, saboreando el precum salado, metiéndotela hasta la garganta mientras él agarra tu pelo, guiándote con ternura feroz.

El clímax se acerca, pero no aún. Lo montas, frotando tu concha contra su verga dura, lubricándola con tus jugos. El roce es eléctrico, piel contra piel resbaladiza. Marco te besa el vientre, chupando tu ombligo, bajando a tu monte de Venus. Su lengua experta lame tu clítoris, círculos lentos que te hacen ver estrellas egipcias. ¡No pares, pendejo, me vas a hacer venir! Piensas, mordiendo tu labio. Tus caderas se mueven solas, follando su cara, el olor a sexo impregnando todo: almizcle, sudor, excitación pura.

Finalmente, no aguantas más. Te posicionas, guiando su verga a tu entrada. Deslizas despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo te llena, estira tus paredes internas. ¡Qué chingón se siente! Gritas en tu mente mientras empiezas a cabalgar, tetas rebotando, uñas clavadas en su pecho. Él empuja desde abajo, embestidas profundas que golpean tu cervix, un placer doloroso y exquisito. El sofá cruje bajo vuestros cuerpos, sudor goteando, mezclándose. Sus manos aprietan tus nalgas, separándolas, un dedo rozando tu ano para más placer.

La intensidad sube, vuestras voces roncas:

"¡Más duro, Marco! ¡Fóllame como dios manda!"
Él obedece, volteándote en misionero, piernas sobre sus hombros, penetrando hondo. Ves las cartas borrosas en la mesa, como si Anubis y Hathor bendijeran este ritual. Tu orgasmo explota primero, olas de éxtasis contrayendo tu coño alrededor de su verga, chorros de squirt mojando sus bolas. Él gruñe, llenándote con su leche caliente, pulsos interminables que sientes adentro.

Caen exhaustos, cuerpos entrelazados, piel pegajosa y brillante. El aroma a sexo y sándalo envuelve la habitación, vuestras respiraciones calmándose en sincronía. Marco te besa la frente, suave.

"Ese tarot es la neta, despertó algo animal en nosotros."
Tú sonríes, acariciando su mejilla barbuda. La Pasión Tarot Egipcio no era broma. Nos unió en un plano más allá de lo carnal. Miras las cartas, ahora quietas, pero sientes su magia latiendo aún en tus venas. La noche cae sobre la ciudad, luces de neón filtrándose, prometiendo más rondas. En este afterglow, te sientes empoderada, deseada, completa. Mañana tirarás otra vez, quién sabe qué pasiones egipcias desatará.

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