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Abismo de Pasion Capitulo 145 Caida al Extasis Prohibido

7747 palabras

Abismo de Pasion Capitulo 145 Caida al Extasis Prohibido

El sol de Mazatlán se ponía como una bola de fuego sobre el Pacífico, tiñendo el cielo de rojos y naranjas que se reflejaban en las olas perezosas. Tú, con el corazón latiéndote a mil por hora, caminas por la playa de arena dorada, el viento salado revolviéndote el cabello negro y largo. Llevas un vestido ligero de algodón que se pega a tu piel morena por la humedad del aire, y cada paso hace que sientas el roce suave de la tela contra tus muslos. Abismo de Pasion Capitulo 145, piensas, como si este momento fuera el siguiente capítulo de esa novela ardiente que no puedes dejar de leer en tu mente.

Él te espera en la terraza del hotel boutique, ese chulo de ojos cafés intensos y sonrisa pícara que te hace derretir. Marco, tu ex, el que te dejó temblando hace meses con un adiós que olía a promesas rotas. Pero neta, ¿quién resiste esa mirada? Lo ves recargado en la barandilla, camisa blanca desabotonada dejando ver el pecho tatuado con un águila mexicana, pantalón de lino cayéndole perfecto en las caderas. El olor a coco de su loción se mezcla con el salitre del mar, y tu cuerpo responde antes que tu cabeza: un cosquilleo en el vientre, pezones endureciéndose bajo el vestido.

¿Por qué carajos vine? ¿Por qué no puedo alejarme de este pendejo que me enciende como nadie?

Ven acá, mamacita —te dice con esa voz ronca, extendiendo la mano. Su acento sinaloense, puro y callejero, te eriza la piel. Te acercas, y cuando sus dedos rozan los tuyos, es como una descarga eléctrica. El calor de su palma contra la tuya, áspera por el trabajo en el mar, contrasta con tu suavidad de oficinista citadina. Se inclina y te besa el cuello, labios calientes y húmedos dejando un rastro de saliva que se enfría al instante con la brisa. Hueles su aliento a tequila reposado, dulce y ahumado, y gimes bajito sin poder evitarlo.

Entran a la suite, la puerta se cierra con un clic suave que suena como el inicio de algo inevitable. La habitación es un paraíso: cama king con sábanas de hilo egipcio blancas como espuma, ventanales abiertos al rugido de las olas, velas de vainilla encendidas parpadeando sombras en las paredes color terracota. Marco te empuja contra la pared con gentileza, sus manos grandes explorando tu cintura, subiendo despacio por tus costados. Sientes cada dedo presionando, el pulgar rozando el borde de tus senos. Qué rico se siente esto, piensas, mientras tu respiración se acelera, pecho subiendo y bajando contra el suyo.

—Te extrañé, carnalita —murmura contra tu boca, y te besa de verdad. Labios carnosos devorándote, lengua invadiendo con sabor a mar y deseo. Chupas su labio inferior, mordisqueándolo suave, y él gruñe, un sonido gutural que vibra en tu garganta. Tus manos se meten bajo su camisa, palpando los músculos duros del abdomen, el vello rizado que baja hasta el ombligo. Huele a sudor limpio, a hombre del mar, y eso te moja entre las piernas, un calor líquido que empapa tus bragas de encaje.

El beso se profundiza, cuerpos pegándose como imanes. Sientes su verga endureciéndose contra tu vientre, gruesa y caliente a través del pantalón. Órale, qué choncha tan dura, imaginas diciéndole, pero en cambio gimes y aprietas las caderas contra él. Marco te levanta en brazos, tus piernas envolviéndolo por instinto, y te lleva a la cama. El colchón se hunde bajo tu peso, sábanas frescas contra la espalda ardiente. Él se quita la camisa de un tirón, revelando torso esculpido por el sol, pecas en los hombros. Tú te incorporas, jalas el vestido por la cabeza, quedando en brasier negro y tanga a juego. Sus ojos se oscurecen de hambre.

—Eres una diosa, wey —dice, arrodillándose entre tus piernas abiertas. Sus manos recorren tus muslos internos, uñas raspando suave la piel sensible. El roce te hace arquear la espalda, un jadeo escapando de tus labios pintados de rojo. Baja la cabeza, nariz rozando tu monte de Venus a través de la tela húmeda. Inhala profundo, y tú sientes vergüenza y excitación mezcladas. Huele a mí, a mi excitación, a panocha lista para él. La lengua sale, lamiendo el encaje, presión caliente y húmeda sobre tu clítoris hinchado. Gritas bajito, ¡Ay, cabrón!, manos enredándose en su cabello negro y ondulado.

El medio acto se enciende como pólvora. Marco te quita la tanga con dientes, el tirón juguetón enviando chispas por tu espina. Ahora desnuda ante él, sientes el aire fresco en tu coño empapado, labios mayores hinchados y brillantes. Él se desabrocha el pantalón, verga saltando libre: venosa, cabezona rosada, goteando precúm cristalino. La tomas en mano, piel aterciopelada sobre acero, pulso latiendo contra tu palma. La masturbas lento, sintiendo cada vena, el olor almizclado subiendo desde la base. Él gime, cabeza echada atrás, qué chido verte así, manejándome como quieres.

Esto es el abismo, el fondo donde me pierdo en él, en este placer que me consume.

Marco te tumba de espaldas, besando cada centímetro: cuello, clavículas, senos. Chupa un pezón, succionando fuerte, dientes rozando el brote endurecido. Dolor placer mezclado, lengua girando en círculos que te hacen retorcerte. Baja por el abdomen, ombligo, caderas. Llega a tu centro, labios abriéndose para su lengua. Lame despacio al principio, plano de la lengua desde el perineo hasta el clítoris, saboreando tus jugos salados y dulces. Sabe a mar, a mí, a deseo puro. Acelera, dos dedos entrando en ti, curvándose contra el punto G, bombeando rítmico. Tus paredes lo aprietan, succionándolo, orgasmos construyéndose como olas.

¡No pares, pendejo, dame más! —suplicas, caderas moviéndose solas. Él obedece, chupando el clítoris mientras dedos follan profundo. El sonido es obsceno: chapoteo húmedo, succiones, tus gemidos roncos mezclados con el mar afuera. Sientes el clímax venir, vientre contrayéndose, piernas temblando. Explotas en su boca, chorros de placer mojándolo todo, cuerpo convulsionando en éxtasis cegador. Él lame cada gota, sonriendo contra tu piel sensible.

Pero no termina. Te volteas a cuatro patas, nalga en alto, él detrás. Sientes la cabezota rozando tu entrada, untándose en tus jugos. Empuja lento, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Qué llena me siento, verga gruesa partiéndome en dos. Lleno por completo, bolas peludas contra tu clítoris. Empieza a moverse, lento al principio, saliendo casi todo para embestir profundo. El slap de piel contra piel, sudor goteando, olores intensos: sexo, mar, vainilla. Acelera, manos en tus caderas magullando suave, jalándote pelo para arquearte más.

Dime que lo quieres, nena —gruñe, voz entrecortada.

¡Sí, fóllame duro, Marco, hazme tuya! —gritas, empujando contra él. El ritmo es brutal ahora, placer rayando en dolor, punto G martilleado sin piedad. Otro orgasmo te parte, coño apretándolo como vicio, ordeñándolo. Él ruge, embiste final, caliente semen llenándote, chorros pegajosos pintando tus paredes. Colapsan juntos, cuerpos entrelazados, respiraciones jadeantes sincronizadas.

En el afterglow, yacen en la cama revueltas, piel pegajosa de sudor y fluidos. El sol se ha ido, luna iluminando sus formas. Marco te acaricia el cabello, besos suaves en la frente. Sientes paz, plenitud, el abismo no asusta más: es hogar en sus brazos. Esto fue Abismo de Pasion Capitulo 145, pero ¿quién sabe qué vendrá en el 146? Piensas, sonriendo en la oscuridad, mientras las olas cantan su canción eterna.

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