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El Precio de la Pasion PDF Gratis

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El Precio de la Pasion PDF Gratis

Estás sentada en tu depa en la Condesa, con el calor de la noche mexicana pegándote en la piel como un amante impaciente. El ventilador zumbando sobre tu cabeza apenas mueve el aire cargado de humedad, y el olor a tacos de la esquina se cuela por la ventana entreabierta. Es una de esas noches en que el cuerpo te pide guerra, un hormigueo entre las piernas que no se apaga con Netflix ni con un trago de mezcal. Agarras tu laptop, las tetas apretadas contra el top delgado que se te pega al sudor, y tecleas en el buscador: el precio de la pasion pdf gratis. La pantalla se ilumina con links piratas, y el corazón te late más rápido, como si ya supieras que esto va a cambiar la noche.

Descargas el archivo en segundos, el ícono parpadeando como una promesa sucia. Lo abres, y las palabras te envuelven de inmediato: una historia de deseo prohibido, de cuerpos que se chocan sin piedad. Lees cómo la protagonista siente el roce de unos labios en el cuello, el aliento caliente que sabe a tequila y peligro. Tus dedos se deslizan por tu muslo sin pensarlo, el tacto suave de tu piel erizándose bajo las uñas.

¿Y si yo pago ese precio?, piensas, mientras el pulso te martillea en las sienes. ¿Qué tan lejos llegaría por un rato de puro fuego?
La pantalla brilla en la penumbra, iluminando tu cara sonrojada, y sientes el calor subiendo desde el vientre, humedeciendo tus panties de encaje.

Pero el PDF no basta. Cierras la laptop con un chasquido, el deseo ardiendo como chile en la sangre. Te pones un vestido negro ceñido que marca cada curva, el escote dejando ver el valle entre tus pechos. Sales a la calle, el bullicio de la Roma Norte envolviéndote: risas de borrachos, música de cumbia rebajada saliendo de un antro, el aroma a elotes asados mezclándose con perfume caro. Entras a un bar chido, luces neón parpadeando sobre la barra, y pides un margarita helado que te quema la garganta con su sal y limón fresco.

Allí lo ves. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que grita mexicano de pura cepa. Se llama Diego, te dice al sentarte a su lado, su voz grave rozándote como terciopelo. ¿Qué hace una chava como tú sola en un lugar así? pregunta, sus ojos oscuros devorándote las piernas cruzadas. Respondes con una risa juguetona, Buscando el precio de la pasión, carnal, y él arquea la ceja, intrigado. Hablan de todo y nada: de la ciudad que nunca duerme, de cómo el calor te pone la piel en llamas, de deseos que se guardan para la noche. Su mano roza la tuya al pasar el vaso, un toque eléctrico que te eriza los vellos, y sientes el olor de su colonia, madera y especias, mezclándose con tu aroma dulce de vainilla.

La tensión crece con cada sorbo. Él se acerca más, su muslo presionando el tuyo bajo la barra, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la tela.

Esto es lo que leía en ese PDF, piensas, el juego del roce, la promesa de lo que viene. ¿Pagas el precio o te rajas?
Le cuentas del archivo que bajaste, el precio de la pasion pdf gratis, riendo como si fuera un secreto compartido, y él se muerde el labio, susurrando Sonido a que ya lo estás pagando, nena. El bar vibra con reggaetón pesado, bajos retumbando en tu pecho como un segundo corazón. Sus dedos trazan un camino invisible por tu brazo, enviando chispas directas a tu centro, donde todo palpita húmedo y ansioso.

No aguantas más. Lo jalas de la mano hacia la salida, el aire nocturno fresco besando tu piel caliente. Caminan rápido, riendo, tropezando en las banquetas irregulares, hasta un hotel boutique a dos cuadras, con luces tenues y sábanas de algodón egipcio que huelen a lavanda fresca. La puerta se cierra con un clic suave, y ahí están, solos, el mundo afuera desvaneciéndose. Diego te empuja contra la pared, sus labios capturando los tuyos en un beso feroz, lengua invadiendo tu boca con sabor a tequila y menta. Gimes contra él, tus manos enredándose en su pelo negro, tirando suave para que profundice.

Sus manos expertas recorren tu cuerpo, bajando el zipper del vestido con lentitud tortuosa, la tela cayendo como una cascada al piso. Quedas en bra y tanga, expuesta bajo su mirada hambrienta. Eres una diosa, güey, murmura, voz ronca, mientras sus labios bajan por tu cuello, mordisqueando la clavícula, dejando marcas rojas que arden delicioso. Sientes su erección dura contra tu vientre, gruesa y pulsante a través del pantalón, y tus caderas se mueven solas, frotándose en busca de alivio. El cuarto huele a sexo inminente, a sudor fresco y excitación, el colchón crujiendo cuando te arroja sobre él.

Te quita el bra con dientes, liberando tus tetas plenas, pezones duros como piedras. Los chupa con hambre, lengua girando alrededor, succionando hasta que arqueas la espalda, gimiendo alto, ¡Ay, cabrón, no pares!. Tus uñas clavan en su espalda musculosa, sintiendo los tendones tensos bajo la camisa que rasgas impaciente. Él se desnuda, su verga saltando libre, venosa y tiesa, goteando precúm que brilla bajo la luz ámbar. La agarras, piel suave sobre acero, bombeándola lento mientras él gime Chíngame con la mano, preciosa. El olor almizclado de su excitación te marea, delicioso y primitivo.

Te abre las piernas, besando el interior de tus muslos, la barba raspando suave, enviando ondas de placer. Llega a tu panocha empapada, labios hinchados y listos, y lame con flatos largos, saboreando tu jugo salado-dulce. Sabes a gloria, como tamarindo maduro, gruñe, metiendo la lengua profundo, chupando el clítoris hinchado hasta que tiemblas, caderas alzándose para follarle la cara. Tus gemidos llenan la habitación, mezcla de ayes agudos y palabras sucias: ¡Más, pendejo, hazme venir!. El orgasmo te golpea como un rayo, cuerpo convulsionando, chorros calientes mojando su barbilla, visión nublándose en blanco puro.

Pero no termina. Te voltea boca abajo, nalga en alto, y entra de un empujón suave, su verga llenándote centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Estás tan apretada, tan chingona, jadea, mientras embiste lento al principio, piel chocando con palmadas húmedas, el sonido obsceno retumbando. Agarras las sábanas, oliendo a sexo y sudor nuestro, mientras él acelera, bolas golpeando tu clítoris, cada thrust rozando ese punto dentro que te deshace. Sudor gotea de su pecho al tuyo, salado en tu lengua cuando giras para besarlo. La tensión sube, coiling como resorte, hasta que explota: él gruñe hondo, llenándote con chorros calientes, y tú vienes otra vez, paredes apretándolo, ordeñándolo seco.

Caen exhaustos, cuerpos enredados, respiraciones jadeantes calmándose en el silencio post-coital. Su mano acaricia tu pelo húmedo, labios rozando tu frente.

El precio de la pasión valió cada centavo, piensas, sonriendo en la oscuridad. Ese PDF gratis fue solo el comienzo.
Diego murmura Vuelve a buscarlo cuando quieras, mi reina, y cierras los ojos, el cuerpo saciado, el alma en paz con el fuego que pagaste gustosa. La noche mexicana sigue afuera, pero aquí dentro, el deseo duerme, listo para despertar.

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