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Descargando Rush Pasión y Gloria

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Descargando Rush Pasión y Gloria

Estás sentado en el sillón de tu depa en Polanco, con la laptop en las piernas, la pantalla iluminando tu cara en la penumbra de la noche. Afuera, el bullicio de la Ciudad de México se apaga poco a poco, solo se oye el zumbido lejano de los coches y algún claxon ocasional. Tecleas rápido: descargar pelicula rush pasion y gloria. Esa película de carreras te tiene clavado, con toda esa adrenalina, esos pilotos empujando al límite por la gloria. Neta, quieres sentir ese rush, esa pasión desbordada que prometen los trailers. El cursor gira, buscando links, pero de repente, el sonido de la regadera se detiene en el baño.

Luisa sale envuelta en una toalla blanca que apenas le cubre los muslos, el vapor del baño la envuelve como una niebla caliente. Su piel morena brilla con gotitas de agua que resbalan lentas por su cuello, bajando hasta el valle entre sus pechos. Huele a jabón de lavanda mezclado con su aroma natural, ese que te pone la verga dura al instante. Órale, carnal, dice con esa voz ronca, caminando hacia ti con caderas que se mecen como en un baile de reggaetón.

¿Qué onda con la compu? ¿Ya vas a ver tu peliculita de carrerritas?
Se ríe, juguetona, y te quita la laptop de un movimiento suave, dejándola en la mesita.

Sientes el calor de su cuerpo cuando se sienta en tu regazo, la toalla se afloja un poco, dejando ver el borde de su panocha depilada. Tu corazón late fuerte, como motor de Ferrari acelerando. No mames, Luisa, estaba a nada de descargar pelicula rush pasion y gloria, le dices, pero tus manos ya están en sus nalgas firmes, apretando esa carne suave y tibia. Ella se inclina, su aliento cálido en tu oreja, oliendo a menta de su pasta dental. ¿Para qué quieres una película, pendejo? Vivamos nuestro propio rush. Sus labios rozan los tuyos, suaves como pétalos mojados, y te besa lento al principio, lengua explorando tu boca con sabor a deseo puro.

El beso se intensifica, sus manos bajan por tu pecho, desabotonando tu camisa con dedos ágiles. Sientes sus uñas raspando tu piel, un cosquilleo que te eriza los vellos. Afuera, una sirena pasa lejana, pero aquí dentro solo existe el sonido de vuestras respiraciones agitadas, el roce de la toalla cayendo al piso. Su cuerpo desnudo contra el tuyo, pechos redondos presionando tu torso, pezones duros como piedritas rozando tu piel. Hueles su excitación, ese olor almizclado que sube desde entre sus piernas, mezclado con el sudor ligero que empieza a perlar su espalda.

La levantas en brazos, fuerte, como si fueras el piloto cargando su trofeo. La llevas a la cama king size, sábanas de algodón egipcio frías contra su calor. La tumbas suave, ella abre las piernas invitándote, su panocha rosada brillando húmeda bajo la luz tenue de la lámpara.

Ven, mi rey, dame tu pasión y gloria
, murmura, ojos negros fijos en los tuyos, llenos de fuego mexicano. Bajas la cabeza, inhalas profundo ese aroma embriagador, salado y dulce, y tu lengua toca su clítoris hinchado. Ella gime, ¡Ay, sí, wey! Así, chúpame rico. El sabor es adictivo, jugos calientes cubriendo tu boca mientras lames lento, círculos precisos como curvas de pista de carreras.

Luisa arquea la espalda, sus manos enredadas en tu pelo, tirando suave, guiándote. Sientes su pulso acelerado en las arterias de sus muslos, latiendo contra tus mejillas. Tus dedos entran en ella, resbalosos, calientes, curvándose para tocar ese punto que la hace temblar. Esto es mejor que cualquier película, piensas, mientras ella jadea, caderas moviéndose al ritmo de tu boca. El cuarto se llena de sonidos húmedos, chupeteos y gemidos que rebotan en las paredes. Su piel sabe a sal, a sudor fresco, y tú no puedes parar, acelerando como en un sprint final.

De pronto, ella te empuja, volteándote sobre la cama con fuerza juguetona. Ahora me toca a mí, cabrón. Se arrodilla entre tus piernas, desabrocha tu jeans y libera tu verga tiesa, palpitante, con una gota de precum brillando en la punta. Su mano la envuelve, piel contra piel ardiente, bombeando lento mientras te mira con picardía. Baja la cabeza, labios rojos envolviéndote, lengua girando alrededor del glande. El calor de su boca es un horno, succionando con maestría, garganta profunda que te hace gruñir. Sientes cada vena latiendo, el roce de sus dientes suaves, el vaivén de su cabeza haciendo que tus bolas se contraigan.

Esto es el verdadero rush, internalizas, mientras el placer sube como rpm en rojo. Ella acelera, mano y boca en sincronía perfecta, saliva chorreando por tu eje. Hueles su pelo, champú de coco mezclado con el musk de sexo. Tus manos aprietan las sábanas, uñas clavándose en la tela, conteniendo el clímax que late inminente. Pero no quieres acabar aún; la jalas arriba, la besas con furia, saboreando tu propio sabor en su lengua.

La pones a cuatro patas, nalgas empinadas como colinas perfectas. Tomas tu verga, la frotas contra su entrada húmeda, sintiendo el calor irradiando. Entra ya, métemela toda, suplica ella, voz quebrada de necesidad. Empujas despacio, centímetro a centímetro, su coño apretado envolviéndote como guante de terciopelo caliente. Gemís juntos, el sonido gutural llenando el aire. Empiezas a bombear, lento primero, sintiendo cada pliegue, cada contracción de sus paredes. Sus nalgas chocan contra tu pelvis, clap clap clap, ritmo acelerando como motor rugiendo.

Agarras sus caderas, dedos hundiéndose en carne suave, marcándola con rojeces leves. Ella empuja hacia atrás, cabalgándote en reversa, panocha tragándote entero. Sudor gotea de tu frente al hueco de su espalda, mezclándose con el de ella, olor a sexo puro, animal.

¡Más rápido, dame la gloria!
grita, y tú obedeces, embistiendo duro, bolas golpeando su clítoris. Sientes su interior hincharse, palpitando, al borde. Cambias posición, la volteas boca arriba, piernas sobre tus hombros, penetrándola profundo, ojos en ojos. Sus tetas rebotan con cada thrust, pezones duros invitando a morderlos suave.

El clímax se acerca como meta final. Tus pulsos retumban en oídos, venas hinchadas, placer electrico subiendo por la columna. Ella clava uñas en tu espalda, ¡Me vengo, cabrón! ¡Sí!, su coño convulsionando, ordeñándote, jugos calientes empapando sábanas. Eso te lanza al abismo; gruñes fuerte, verga explotando dentro, chorros calientes llenándola, descarga tras descarga de gloria pura. Colapsan juntos, cuerpos temblando, respiraciones entrecortadas uniéndose en jadeos.

Te quedas encima, aún dentro, sintiendo las últimas contracciones. Besas su cuello salado, inhalas su perfume post-sexo, mezcla embriagadora de semen, sudor y ella. Al diablo la película, piensas, riendo bajito. Ella acaricia tu pelo, Neta, eso fue nuestro rush pasión y gloria. Mañana descargamos la pelicula si quieres, pero hoy ganamos nosotros. Se acurrucan, piel pegajosa enfriándose, el corazón calmándose lento como vuelta de honor. Afuera, la ciudad duerme, pero en su nido, el eco del placer lingüe, prometiendo más carreras en la cama.

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