Pasión Capítulo 16 Fuego en las Venas
El calor de la noche mexicana se colaba por las ventanas entreabiertas de mi departamento en la Condesa, trayendo consigo el aroma a jazmines y el lejano bullicio de los carros en Reforma. Yo, Ana, llevaba toda la semana pensando en él, en Marco, ese vato que me volvía loca con solo una mirada. Habían pasado siete días desde nuestra última vez, y el cuerpo me ardía como si tuviera fiebre. Pasión Capítulo 16, me dije mientras me ponía el vestido negro ceñido que tanto le gustaba, el que dejaba ver justo lo suficiente para enloquecerlo. Esta noche iba a ser la continuación de nuestra historia, la que nos tenía enganchados como en una novela de esas que leen las morras en el camión.
Me miré en el espejo del baño, el vapor del regadero aún flotando en el aire húmedo. Mis pechos se marcaban bajo la tela fina, y el perfume de vainilla que me eché en el cuello y entre las piernas me hacía sentir poderosa, lista para devorarlo. Oí la llave en la cerradura, y el corazón me dio un brinco. Ahí estaba, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba trouble en perfecto spanglish mexicano.
—Órale, nena, qué chula te ves —dijo Marco al entrar, cerrando la puerta con un pie mientras dejaba su chamarra en el sofá. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo, deteniéndose en mis caderas. El olor a su colonia, esa mezcla de madera y cítricos, me golpeó como una ola, despertando el hambre que traía guardada.
Me acerqué despacio, sintiendo el roce de mis muslos uno contra el otro, ya húmeda solo de imaginarlo. Lo abracé por la cintura, presionando mi cara contra su pecho firme. Escuché su corazón latiendo fuerte, rápido, como el mío. —Te extrañé, carnal —susurré, mi voz ronca, mientras mis manos bajaban por su espalda hasta apretar su culo duro.
Él rio bajito, ese sonido grave que me erizaba la piel. —Yo más, mi reina. Toda la pinche semana soñando con esto. —Me levantó la barbilla con un dedo y me besó, suave al principio, probando mis labios como si fueran un tequila añejo. Su lengua se coló, cálida y jugosa, bailando con la mía. Sabía a menta y a deseo puro. Mis rodillas flaquearon, y me aferré a su camisa, tirando de ella para sentir su piel caliente debajo.
Nos movimos hacia la sala sin dejar de besarnos, tropezando con la mesita de centro. El vestido se me subió un poco, y sus manos grandes lo aprovecharon para acariciar mis muslos, subiendo lento, torturándome.
¡Ay, cabrón, no pares!pensé, mordiéndome el labio para no gemir todavía. El aire se llenó con nuestro jadeo, y el olor a excitación empezó a mezclarse con el de la cena que había preparado: tacos de arrachera con cilantro fresco, pero ahora quién chingados pensaba en comer.
Marco me empujó contra el muro con gentileza, pero firme, como si supiera que lo necesitaba así. Sus besos bajaron por mi cuello, chupando la piel sensible justo debajo de la oreja. Sentí sus dientes rozando, no mordiendo, solo prometiendo más. —Estás mojada ya, ¿verdad, mi amor? —murmuró contra mi clavícula, su aliento caliente enviando chispas por mi espina.
—Sí, pendejo, haz algo al respecto —le contesté juguetona, empujándolo hacia el sofá. Me senté a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra mi centro a través de la tela. La froté despacio, en círculos, mientras le quitaba la camisa. Su pecho ancho, con ese vello oscuro que me volvía loca, brillaba bajo la luz tenue de la lámpara. Lo lamí, saboreando el salado de su sudor fresco, oliendo su masculinidad cruda.
Él gruñó, agarrándome las nalgas con fuerza, amasándolas como masa de tamal. —Qué rico te mueves, Ana. Me encanta cuando te pones así de caliente. —Sus dedos se colaron bajo mi tanga, rozando mi clítoris hinchado. Un gemido se me escapó, alto, sin control. Estaba empapada, resbalosa, y él lo sabía. Metió un dedo, luego dos, curvándolos justo donde dolía la necesidad. El sonido húmedo de mis jugos llenó la habitación, obsceno y delicioso.
Me vine rápido la primera vez, temblando sobre su mano, mis uñas clavadas en sus hombros. Pasión Capítulo 16, jadeé en mi mente, como si esto fuera el clímax de nuestra serie privada. Él me miró con ojos negros de lujuria, lamiéndose los dedos. —Sabes a miel, nena. Ahora te voy a comer entera.
Me recostó en el sofá, quitándome el vestido de un tirón. Quedé en tanga y nada más, expuesta, vulnerable pero empoderada por su mirada hambrienta. Se arrodilló entre mis piernas, besando el interior de mis muslos, mordisqueando suave. Su aliento me quemaba, y cuando su lengua tocó mi sexo, grité. Lamía despacio, chupando mi clítoris como si fuera un dulce, metiendo la lengua profundo. El placer era eléctrico, ondas que subían por mi vientre. Agarré su pelo, guiándolo, mía en ese momento.
—No pares, Marco, ¡ay, qué rico! —supliqué, mis caderas moviéndose solas contra su boca. Él metió dedos otra vez, follándome con ellos mientras succionaba. El olor a sexo nos envolvía, espeso, animal. Sentí el orgasmo construyéndose, tenso, inevitable. Exploté, arqueándome, chorros de placer saliendo de mí mientras él bebía todo.
Pero no paró ahí. Me levantó en brazos como si no pesara nada y me llevó a la cama. La habitación olía a sábanas limpias y a nosotros. Me puso de rodillas, y sentí su verga gruesa contra mi culo. —Dime si quieres, mi vida —dijo, siempre atento, siempre respetuoso.
—Sí, métemela ya, cabrón —rogué, empujando contra él. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. El estiramiento ardía delicioso, y gemí largo. Empezó a moverse, lento al principio, saliendo casi todo y embistiendo profundo. El slap slap de piel contra piel resonaba, mezclado con nuestros ayes. Sudábamos, resbalosos, y el olor a sexo era intenso, embriagador.
Aceleró, agarrándome las caderas, follándome duro pero con amor. Yo me tocaba el clítoris, sincronizando, sintiendo cada vena de su polla pulsando dentro.
Esto es pasión pura, Capítulo 16 de nuestra puta vida, pensé entre jadeos. Él se inclinó, besando mi espalda, susurrando guarradas al oído: —Estás tan apretada, tan mía. Córrete conmigo, Ana.
El clímax nos golpeó juntos. Él se hinchó, corriéndose caliente dentro de mí, y yo me deshice, el mundo explotando en luces blancas. Grité su nombre, él el mío, colapsando sobre mí, pesado y perfecto.
Nos quedamos así un rato, jadeando, piel pegada a piel. El sudor se enfriaba, y su semen goteaba lento por mis muslos. Me volteó con ternura, besándome la frente, los labios hinchados. —Te amo, mi reina —dijo, su voz suave ahora.
—Yo más, mi vato —contesté, acurrucándome en su pecho. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero aquí, en nuestra burbuja, Pasión Capítulo 16 terminaba con promesas de más. El deseo se calmaba, pero el fuego en las venas perduraba, listo para el siguiente capítulo. Sentí su mano acariciando mi pelo, y supe que esto era real, nuestro, eterno.