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La Pasion de Cristo Pelicula Gratis Desnuda

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Estabas recostada en el sofá de tu departamento en la Roma, con el aire fresco de la noche mexicana colándose por la ventana entreabierta. El olor a jazmín del jardín de abajo se mezclaba con el aroma del tequila reposado que acababas de servir en vasos bajos. Cristo, tu carnal de ojos oscuros y sonrisa pícara, se acomodó a tu lado, su cuerpo cálido rozando el tuyo bajo la cobija ligera. Neta, qué chido estar así, solos, pensaste, mientras el calor de su muslo contra el tuyo ya empezaba a encenderte.

"Wey, encontré la pasion de cristo pelicula gratis en un sitio chido", dijiste, abriendo la laptop sobre la mesita de centro. Él soltó una carcajada ronca, esa que te erizaba la piel. "¿La de Mel Gibson? ¿En serio, mi reina? Eso es heavy, pero va". Pulsaste play, y la pantalla se iluminó con las primeras escenas en el huerto de Getsemaní. El sudor en la frente de Jesús, la angustia en su voz grave narrando en arameo subtitulado, te pegó directo en el pecho. Pero no era solo el drama religioso; era la pasión, cruda, intensa, la que te hacía apretar los muslos sin darte cuenta.

La mano de Cristo se posó en tu rodilla, un toque casual al principio, pero sus dedos ásperos, de tanto trabajar en la constructora, trazaban círculos lentos sobre tu piel suave. Sentías el pulso acelerado en tu cuello, el sonido de la respiración pesada del actor llenando la habitación oscura. "Mira cómo sufre por amor", murmuró él cerca de tu oreja, su aliento caliente oliendo a tequila y a hombre. Tú giraste la cabeza, tus labios rozando los suyos por accidente. O no tanto.

¡Carajo, esta película me está poniendo caliente! ¿Por qué su dolor me hace desear su placer?

El beso empezó suave, como un roce de alas de mariposa, pero pronto sus lenguas se enredaron con hambre. La película seguía: latigazos, sangre cayendo en charcos rojos, gemidos de agonía que se confundían con tus suspiros ahogados. Cristo te jaló más cerca, su mano subiendo por tu muslo, bajo la falda corta que usabas solo para provocarlo. Tocaste su pecho firme, sintiendo los músculos tensos bajo la playera ajustada, el latido fuerte de su corazón como un tambor de guerra.

"Estás mojadita ya, ¿verdad, preciosa?", susurró, sus dedos encontrando el encaje de tus panties. Asentiste, mordiéndote el labio, mientras en la pantalla Cristo —el de la biblia— cargaba la cruz, el peso doblándolo. Tu Cristo te quitó la blusa con urgencia, exponiendo tus senos al aire fresco. Sus labios bajaron a un pezón, chupándolo con succión suave al principio, luego más fuerte, haciendo que arquearas la espalda. El olor a su sudor fresco, mezclado con tu aroma de excitación, llenaba el espacio. Gemiste bajito, "Ay, cabrón, no pares".

La tensión crecía con cada escena. Cuando llegó el clavado en la cruz, el grito desgarrador, Cristo te volteó boca abajo en el sofá, besando tu espalda desnuda desde las nalgas hasta la nuca. Sus manos amasaban tus glúteos, separándolos con delicadeza, y sentiste su verga dura presionando contra ti a través del pantalón. "Quiero darte mi pasión, como él dio todo", dijo con voz ronca, imitando el tono bíblico pero cargado de lujuria. Reíste nerviosa, pero el calor entre tus piernas te traicionaba. Te quitó las panties despacio, el roce de la tela contra tu piel sensible enviando chispas.

Ahora estabas de rodillas, él detrás, besando el interior de tus muslos. Su lengua lamió tu concha empapada, saboreando tus jugos con deleite. Qué rico sabe, pensaste, mientras tus caderas se movían solas contra su boca. El clítoris hinchado palpitaba bajo sus labios, y él lo succionaba como si fuera el fruto prohibido del Edén. Los sonidos de la película —martillazos, llantos— se mezclaban con tus jadeos, el chap chap húmedo de su lengua devorándote. "¡Sí, wey, ahí, chúpame más fuerte!" gritaste, agarrando los cojines.

Esto es pecado puro, pero qué chingón pecado. Su lengua me lleva al cielo sin cruz.

Él se incorporó, bajándose el pantalón. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, con la cabeza brillante de precum. La frotó contra tu entrada, untándote, provocándote. "¿La quieres adentro, mi santa pecadora?" Asentiste frenética, empujando hacia atrás. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándote deliciosamente. Sentiste cada vena pulsando, llenándote hasta el fondo. "¡Puta madre, qué prieta estás!", gruñó, empezando a bombear con ritmo lento, profundo.

La película llegaba a su clímax: el grito final, la muerte. Tú y Cristo aceleraron, sus embestidas ahora salvajes, piel contra piel plaf plaf, sudor goteando. Agarraste su culo firme, clavando uñas, urgiéndolo. El olor a sexo impregnaba todo, almizcle puro. Tus paredes lo apretaban, ordeñándolo, mientras él te pellizcaba los pezones desde atrás. "¡Me vengo, Cristo, no pares!" El orgasmo te golpeó como un rayo, olas de placer convulsionándote, chorros calientes mojando sus huevos.

Él se corrió segundos después, gruñendo tu nombre, llenándote con su leche caliente, espesa. Colapsaron juntos, riendo entre jadeos, la laptop olvidada mostrando créditos. La película había terminado, pero su pasión apenas empezaba.

En el afterglow, acurrucados, su mano acariciaba tu vientre suave. "Neta, esa la pasion de cristo pelicula gratis fue el pretexto perfecto", murmuraste, besando su hombro salado. Él sonrió, "Mi pasión es tuya, siempre". Afuera, la ciudad bullía con luces y música de mariachi lejana, pero en tu mundo, solo existía ese calor compartido, esa conexión profunda más allá de la carne. Te sentiste empoderada, deseada, completa. Y supiste que verían más noches así, gratuitas en pasión infinita.

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