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Grupo Amor y Pasion Desenfrenada

6309 palabras

Grupo Amor y Pasion Desenfrenada

La noche en la villa de Playa del Carmen olía a sal marina mezclada con el humo dulce de la fogata en la playa. Yo, Ana, de treinta y dos años, estaba recargada en la barandilla del balcón, con una chela fría en la mano, viendo cómo las olas lamían la arena bajo la luna llena. Mi carnal, no, mi viejo, Javier, me abrazaba por la cintura, su aliento cálido en mi cuello. Habíamos llegado con nuestros compas de toda la vida: Lupe y Marco, esa pareja tan chida que siempre nos hacía reír con sus chistes picosos.

¿Por qué carajos siento este cosquilleo en el estómago? pensé, mientras Javier me besaba el hombro. Habíamos platicado antes, en esas charlas de copas, sobre fantasías locas. Lupe, con su risa contagiosa y su cuerpo curvilíneo que siempre me ponía a envidiarla un poquito, había soltado la idea del grupo amor y pasion. "Imagínense, weyes, todos juntos, sin rollos, puro feeling", dijo esa tarde en la alberca. Todos nos quedamos callados un rato, pero los ojos se nos encendieron. Ahora, aquí estábamos, el aire cargado de promesas.

Marco prendió la música, un ritmo de cumbia rebajada que retumbaba en el pecho. Bajamos a la playa, descalzos, la arena tibia aún del sol del día. Lupe se quitó el pareo, quedando en bikini rojo que resaltaba sus chichis firmes. "¡Vengan, cabrones, a bailar!", gritó, y nos jaló a todos. Javier me pegó a él, sus manos bajando por mi espalda hasta mi nalguita, apretándola suave. Sentí su verga endureciéndose contra mi vientre. Lupe se acercó, rozando su cadera con la mía, su piel oliendo a coco y sudor fresco.

Nos movíamos al son, cuerpos chocando sin vergüenza. Marco me tomó de la mano, girándome como en un torbellino, y de repente Lupe estaba besando a Javier, un beso juguetón que nos hizo reír a todos.

Esto es real, ¿verdad? No es un sueño mojado
, me dije, el corazón latiéndome como tambor. El deseo crecía, lento pero imparable, como la marea subiendo.

Regresamos a la villa, riendo, medio mareados por las chelas y el calor. En la sala amplia, con sillones de cuero y luces tenues, nos sentamos en círculo. "Hablemos claro, ¿no?", propuso Marco, su voz ronca. Lupe asintió, quitándose el top del bikini. Sus pezones oscuros se erizaron al aire fresco del ventilador. Javier me miró, pidiendo permiso con los ojos. Yo sonreí, desatando mi blusa. "Puro grupo amor y pasion, ¿verdad, wey?".

Las manos empezaron a volar. Javier me besó profundo, su lengua saboreando a tequila y lima, mientras Lupe se arrodillaba frente a Marco, bajándole el short. Oí el zipper, el jadeo de él. Me giré y vi su verga gruesa saliendo, Lupe lamiéndola con deleite, chupando la cabeza como si fuera un elote dulce. El sonido húmedo me mojó entre las piernas. Javier me quitó el bikini, sus dedos rozando mi clítoris hinchado. ¡Qué rico, pendejo, no pares!

Me recosté en el sillón, piernas abiertas, invitándolos. Lupe se acercó gateando, su boca caliente en mi teta derecha, succionando fuerte mientras Marco lamía mi muslo interno. Olía a sexo, a piel sudada y jugos. Javier se unió, su verga en mi mano, masturbándola despacio, sintiendo las venas pulsantes. "Eres una diosa, Ana", murmuró Lupe, bajando su cabeza entre mis piernas. Su lengua plana lamió mi coño entero, desde el ano hasta el clítoris, saboreándome como si fuera miel de maguey.

El placer subía en oleadas. Gemí alto, agarrando el pelo de Javier para que me metiera los dedos. Dos, tres, curvándolos adentro, tocando ese punto que me hace ver estrellas. Marco se posicionó detrás de Lupe, embistiéndola de rodillas, su pelvis chocando contra sus nalgas con palmadas rítmicas. "¡Ay, sí, cabrón, así!", gritaba ella, vibrando contra mi piel. El cuarto se llenó de sonidos: succiones, jadeos, carne contra carne, el ventilador zumbando como testigo.

Esto es el paraíso, pensé, mientras cambiábamos posiciones. Ahora yo encima de Javier, su verga gruesa abriéndome despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Sentí cada vena rozando mis paredes, el estirón delicioso. Lupe se sentó en la cara de Javier, él lamiéndola con ganas, mientras Marco me penetraba el culo con cuidado, lubricado con saliva y jugos.

¡Doble penetración en el grupo amor y pasion! Nunca imaginé esto tan chingón
.

El ritmo se aceleró. Yo cabalgaba a Javier, mis chichis rebotando, sudor goteando por mi espalda. Marco entraba y salía de mi ano, suave al principio, luego más fuerte, su mano en mi clítoris frotando círculos. Lupe gemía encima de Javier, sus jugos chorreando por su barbilla. Olía a todo: almizcle de coños, esperma preeyaculatorio, sudor salado. Tacto everywhere: piel resbalosa, dedos clavándose en caderas, labios mordiendo hombros.

La tensión crecía, como resorte apretado. Mis muslos temblaban, el orgasmo acechando. "¡No pares, weyes, me vengo!", grité. Explosé primero, contrayéndome alrededor de Javier, chorros calientes salpicando su pubis. Él gruñó, llenándome de leche espesa, caliente, mientras Marco se corría en mi culo, su verga palpitando. Lupe se vino temblando, ahogando gritos en mi boca en un beso salvaje, lenguas enredadas, probando sabores ajenos.

Caímos en un montón sudoroso, respiraciones agitadas, risas entrecortadas. Javier me acariciaba el pelo, Lupe besaba mi frente, Marco traía chelas frías. "Eso fue el grupo amor y pasion más cabrón de mi vida", dijo él, y todos asentimos, exhaustos pero felices.

Después, en la regadera compartida, nos enjabonamos mutuamente, manos explorando sin prisa, besos tiernos bajo el agua caliente. Salimos envueltos en toallas, al balcón a ver el amanecer. El mar susurraba, el aire fresco secando nuestra piel. Javier me abrazó por detrás. Somos más fuertes ahora, unidos en esto, pensé, sintiendo un amor profundo por todos ellos.

Lupe propuso más noches así, y nadie dijo que no. El sol salió rosado, pintando el cielo, mientras brindábamos con café humeante. Ese grupo amor y pasion nos había cambiado, liberándonos, atándonos con hilos invisibles de placer y confianza. Y yo, Ana, no podía esperar por la próxima ola de éxtasis.

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