Pasión Cap 6 Fuego Bajo la Luna
La noche en Cancún se sentía como un abrazo caliente y pegajoso, con el aire cargado del olor a sal marina y flores tropicales. Yo, Ana, acababa de llegar a la villa que mi amor, Marco, había rentado para nosotros. Habían pasado semanas desde nuestra última escapada, y cada kilómetro en el avión había sido una tortura pensando en su piel morena, en esos ojos negros que me devoraban entera. Pasión Cap 6, pensé mientras bajaba del taxi, esto tenía que ser el capítulo donde todo explotaba de una vez.
Marco me esperaba en la terraza, con una camisa blanca desabotonada que dejaba ver su pecho firme, marcado por el gym que tanto le gustaba. "¡Mamacita!", gritó con esa voz ronca que me erizaba la piel, y corrió a cargarme como si fuéramos chavos de veinte. Sus brazos fuertes me apretaron contra él, y olí su colonia mezclada con sudor fresco, ese aroma que me volvía loca. "Te extrañé verga, Ana. Ven, mira el mar."
La luna llena plateaba las olas, y el sonido rítmico del Pacífico chocando contra la arena blanca era como un tambor lejano llamándonos. Nos sentamos en una hamaca grande, con cervezas frías en la mano. Hablamos de todo y nada: del pinche tráfico en la CDMX, de cómo su negocio de exportaciones iba chido, de mis clases de yoga que me dejaban flexible como gata. Pero debajo de las risas, la tensión crecía. Su mano rozaba mi muslo desnudo bajo el vestido corto, y yo sentía el calor subiendo por mi entrepierna.
¿Cuánto más voy a aguantar antes de saltarle encima?me dije en la cabeza.
El primer beso fue suave, como probar un mango maduro. Sus labios carnosos se pegaron a los míos, y su lengua entró juguetona, saboreando la lima de mi chela. Gemí bajito, y él se rio contra mi boca. "Estás rica, nena. Siempre tan dulce." Sus dedos subieron por mi espalda, desabrochando el vestido con maestría. El aire fresco de la noche me acarició los senos libres, y mis pezones se endurecieron al instante. Marco los miró con hambre, bajando la cabeza para lamer uno, chuparlo suave al principio, luego con más fuerza. Ay, cabrón, pensé, el placer era un rayo directo a mi clítoris.
Lo empujé hacia la hamaca, montándome encima. Quería control, quería sentirlo rendido a mí. Le quité la camisa de un jalón, besando su cuello salado, bajando por su pecho hasta el ombligo. Él jadeaba, sus manos en mi culo apretando fuerte. "Ana, qué chingona eres", murmuró, y yo sonreí contra su piel. Desabroché su pantalón, liberando su verga dura, gruesa, palpitante. La tomé en la mano, sintiendo las venas hinchadas, el calor que emanaba. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado, mientras él gruñía como animal.
Pero no quería acabarlo aún. Esta era Pasión Cap 6, el clímax de nuestra serie privada. Lo hice recostarse, y me quité el vestido por completo, quedando en tanga sola. Bailé para él bajo la luna, moviendo las caderas como en una fiesta en la playa, rozando mi concha húmeda contra su muslo. El olor a mi excitación flotaba en el aire, almizclado y dulce. Marco se mordía el labio, sus ojos fijos en mis tetas rebotando. "Ven aquí, pendeja caliente", dijo juguetón, jalándome hacia su boca.
Su lengua en mi clítoris fue fuego puro. Lamió despacio, círculos perfectos, chupando mis labios hinchados. Yo me arqueé, clavando las uñas en la hamaca, el sonido de las olas mezclándose con mis gemidos. "¡Más, Marco, no pares, güey!" Sentía mi jugo corriendo por sus barbillas, y él lo bebía como si fuera nectar. Introdujo dos dedos, curvándolos justo en mi punto G, bombeando rítmico. El orgasmo me pegó como ola gigante, temblando entera, gritando su nombre al cielo estrellado.
Pero él no había terminado. Me volteó boca abajo en la hamaca, quitándome la tanga de un tirón. Su verga rozó mi entrada, caliente y resbalosa. "¿Quieres que te coja, Ana? Dime." "Sí, cabrón, cógeme duro", respondí, empoderada, deseándolo todo. Entró de una embestida, llenándome hasta el fondo. El estiramiento era delicioso, dolor-placer que me hacía jadear. Empezó lento, saliendo casi todo para volver profundo, cada thrust haciendo slap contra mi culo.
El ritmo subió, sus caderas chocando las mías, sudor goteando de su pecho a mi espalda. Olía a sexo puro, a pieles fundidas. Yo empujaba contra él, queriendo más, mis paredes apretándolo fuerte. "Estás tan apretada, nena, me vas a hacer venir", gruñó. "Aguanta, amor, dame otro", supliqué, y él obedeció, frotando mi clítoris con una mano mientras me taladraba. La hamaca se mecía salvaje, crujiendo bajo nosotros, el mar rugiendo como testigo.
El segundo orgasmo me destrozó. Vi estrellas, mi concha convulsionando alrededor de su verga, ordeñándolo. Marco rugió, clavándose una última vez, llenándome con chorros calientes que sentía palpitar dentro. Colapsamos juntos, jadeantes, pegajosos de sudor y fluidos. Su peso sobre mí era perfecto, protector.
Después, nos arrastramos a la cama king size de la villa, con sábanas de algodón egipcio frescas contra nuestra piel ardiente. Él me acunó, besando mi frente. "Eres mi todo, Ana. Cada capítulo contigo es mejor que el anterior." Yo sonreí, trazando círculos en su pecho.
Pasión Cap 6 completada, pensé, pero sabía que vendrían más. El sueño nos venció con el sonido de las olas de fondo, envueltos en un afterglow que sabía a promesas eternas.
Al amanecer, el sol tiñó el cielo de rosa y dorado, filtrándose por las cortinas. Marco preparó café de olla, con canela y piloncillo, y lo tomamos en la terraza, desnudos aún. Su mirada prometía rondas más, y yo ya sentía el cosquilleo renacer. En México, el amor se vive intenso, como tequila puro, y nuestra historia apenas empezaba a arder de verdad.