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Pasión Netflix

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Pasión Netflix

Te recuestas en el sofá de tu departamento en la Condesa, con el aire fresco de la noche colándose por la ventana entreabierta. El olor a café de olla recién hecho impregna el ambiente, mezclado con el leve aroma a colonia de Javier, tu amigo de toda la vida que llegó puntual como siempre para la clásica noche de Netflix y chill. Llevan meses en este ritual: series calientes, chelas frías y esa tensión eléctrica que flota entre ustedes, pero ninguno se atreve a romperla. Esta vez, eliges una serie nueva, llena de romances prohibidos y escenas que suben la temperatura. "Órale, wey, esta se ve padísima", dice él con esa sonrisa pícara, sus ojos cafés clavados en ti mientras se acomoda más cerca, su muslo rozando el tuyo bajo la cobija ligera.

El primer episodio arranca con gemidos suaves en la pantalla, cuerpos entrelazados en una pasión desenfrenada que hace que el pulso se te acelere. Sientes el calor de su cuerpo irradiando hacia ti, como si el sofá se hubiera convertido en una isla ardiente. Javier pasa el brazo por el respaldo, sus dedos jugueteando casualmente con un mechón de tu cabello.

¿Por qué carajos me late tan fuerte el corazón? Esto es solo Netflix, neta
, piensas, pero tu piel traicionera se eriza con cada roce accidental. Él ríe bajito ante una escena subida de tono. "Mira nada más, qué pasión Netflix tan chingona. ¿Tú crees que así de bueno sea en la vida real?". Su voz ronca te envuelve, y volteas a verlo, encontrando sus labios a centímetros, húmedos y tentadores bajo la luz azulada del televisor.

La tensión crece con el segundo episodio. Sus dedos bajan de tu cabello a tu nuca, masajeando suavemente, enviando chispas por tu espina dorsal. El aroma de su piel, mezcla de jabón y sudor leve del día, te invade las fosas nasales. "Estás tensa, morra. Déjame ayudarte", murmura, y su mano se desliza a tu hombro, apretando con firmeza. Asientes, mordiéndote el labio, el sabor metálico de la anticipación en tu lengua. En la pantalla, los amantes se besan con hambre, y tú sientes su aliento cálido en tu oreja.

No aguanto más, quiero probarlo
. Giras la cara, y sus labios chocan con los tuyos en un beso tentativo al principio, explorador. Sus lenguas se encuentran, saboreando el tequila dulce que compartieron hace rato, y un gemido escapa de tu garganta.

El beso se profundiza, sus manos ahora audaces recorren tu espalda bajo la blusa, tocando la curva de tu cintura. El sofá cruje bajo su peso cuando te jala hacia él, tus pechos presionándose contra su torso firme. Sientes la dureza de su erección contra tu muslo, palpitante y prometedora, y un calor líquido se acumula entre tus piernas. "Javier... qué rico", susurras contra su boca, y él responde con un gruñido animal, mordisqueando tu labio inferior. La serie sigue de fondo, pero ya nadie presta atención; es su pasión Netflix la que los consume ahora. Sus dedos se cuelan bajo tu brasier, pellizcando tus pezones endurecidos, enviando descargas de placer directo a tu clítoris. Jadeas, arqueándote, el olor a excitación —ese almizcle terroso y dulce— llenando el aire.

Te levantas un segundo para quitarte la blusa, revelando tu piel morena y suave bajo la luz tenue. Él te devora con la mirada, lamiéndose los labios. "Estás de rechupete, wey. Ven pa'cá". Te sientas a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura como piedra presionando tu panocha a través de la tela delgada de tus calzones. Mueves las caderas en círculos lentos, frotándote contra él, el roce áspero de su jeans contra tu humedad haciendo que tiembles. Javier gime, sus manos grandes amasando tus nalgas, separándolas ligeramente. Baja la cabeza y chupa un pezón, su lengua caliente y áspera girando alrededor, el sonido húmedo de succión resonando en tus oídos.

¡Pinche cielo, esto es mejor que cualquier serie!
Piensas, mientras tus uñas se clavan en su nuca, oliendo su cabello recién lavado con ese shampoo de eucalipto que tanto te gusta.

La escalada es imparable. Él te voltea con facilidad, quedando tú debajo, su cuerpo cubriendo el tuyo como una manta viva de calor. Desabrocha tu brasier y lo lanza al piso, luego baja tus calzones, exponiendo tu sexo empapado. "Mírate, toda mojada por mí", dice con voz grave, metiendo un dedo grueso dentro de ti, curvándolo para tocar ese punto que te hace ver estrellas. Gimes alto, el sonido rebotando en las paredes, mientras su pulgar roza tu clítoris hinchado. El placer es un torrente, tus jugos cubriendo su mano, el slap slap de sus movimientos llenando la habitación. Él se quita la playera, revelando su pecho marcado por horas en el gym, y tú trazas sus abdominales con la lengua, saboreando el sudor salado de su piel.

"Quiero comerte entera", gruñe, bajando entre tus piernas. Su aliento caliente te roza primero, luego su lengua lame tu raja de abajo hacia arriba, deteniéndose en el clítoris con chupadas suaves y firmes. Cierras los ojos, el mundo reduciéndose a esa sensación: su boca voraz, el cosquilleo de su barba incipiente en tus muslos internos, el sabor de ti mismo en sus labios cuando sube a besarte.

Neta, este wey sabe lo que hace. No pares, pendejo
. Tus caderas se alzan solas, follándole la cara, y él lo toma con gusto, metiendo dos dedos ahora, estirándote, preparándote.

Finalmente, no aguantan más. Javier se pone de pie, se baja el jeans y los bóxers, liberando su verga gruesa y venosa, la cabeza brillante de precum. La tocas, sintiendo su calor pulsante en tu palma, y la acaricias de arriba abajo, oyendo su jadeo ronco. "Córrele, morra, métetela". Te posicionas, guiándolo a tu entrada, y él empuja despacio, centímetro a centímetro, llenándote hasta el fondo. El estiramiento quema delicioso, tus paredes apretándolo como un guante húmedo. Empieza a moverse, lento al principio, cada embestida profunda rozando tu punto G, el sonido de piel contra piel —plaf plaf— sincronizándose con vuestros gemidos.

Aceleran el ritmo, él te agarra las caderas con fuerza, clavándote más hondo, tus tetas rebotando con cada golpe. Sudas, el olor a sexo crudo invadiendo todo, tu clítoris frotándose contra su pubis. "¡Más fuerte, carnal! ¡Cógeme como en la pasión Netflix esa!", gritas, y él obedece, embistiéndote con furia, sus bolas golpeando tu culo. El orgasmo te golpea como un rayo, tus músculos contrayéndose alrededor de su verga, chorros de placer saliendo de ti mientras gritas su nombre. Él sigue unos segundos más, gruñendo, y se corre dentro, caliente y espeso, llenándote hasta que gotea por tus muslos.

Colapsan juntos, jadeantes, su peso reconfortante sobre ti. El televisor sigue con la serie olvidada, pero ahora el silencio solo se rompe por sus respiraciones entrecortadas. Javier te besa la frente, suave, sus dedos trazando patrones perezosos en tu espalda. "Eso fue la neta, ¿verdad? Mejor que cualquier pinche serie". Ríes bajito, el afterglow envolviéndote como una cobija tibia, el sabor de sus labios aún en los tuyos.

Esto no fue solo una noche de Netflix. Esto fue el principio de algo chingón
. Se quedan así, entrelazados, el aroma de sus cuerpos unidos sellando la promesa de más pasiones por venir.

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