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Pasion de Gavilanes Capitulo 1Completo El Fuego Prohibido

6895 palabras

Pasion de Gavilanes Capitulo 1Completo El Fuego Prohibido

La noche caía sobre el departamento en la colonia Roma, con ese calor pegajoso de la Ciudad de México que se colaba por las ventanas entreabiertas. Yo, Ana, estaba recostada en el sillón de piel sintética, con las piernas cruzadas sobre las de Juan, mi carnal desde hace dos años. El aire olía a tacos de la esquina y a su colonia barata mezclada con sudor fresco. Habíamos decidido ver Pasion de Gavilanes capitulo 1completo porque yo andaba en mood de telenovelas rancheras, esas que te prenden el alma con sus pasiones desbordadas.

La pantalla del tele brillaba con las imágenes de los hermanos Reyes, esos galanes morenos y fornidos que llegaban como un huracán a la hacienda de las Elizondo. El sonido de las guitarras y los acentos colombianos llenaba la sala, pero mi atención se desviaba hacia Juan. Sus dedos jugaban distraídos en mi muslo, subiendo poquito a poco por debajo de mi short de algodón. Órale, pinche Juan, ya estás en sintonía, pensé, sintiendo un cosquilleo que me erizaba la piel.

"Mira nomás a esos gavilanes, Ana. Cómo seducen sin piedad", murmuró él, con la voz ronca, mientras sus ojos seguían la pantalla pero su mano apretaba mi carne suave. Yo reí bajito, girando la cabeza para oler su aliento a cerveza Corona. El primer encuentro de Franco y Sarita en la novela nos tenía a los dos con la respiración agitada. Ella, resistiéndose al principio, pero cayendo en esa mirada ardiente.

¿Y si yo fuera esa Sarita, y Juan uno de esos Reyes?
La idea me mojó de golpe, un calor líquido entre las piernas que me hizo apretar los muslos.

El episodio avanzaba, con miradas cargadas de promesas y roces accidentales que no lo eran. Juan pausó el video en el momento justo cuando los labios de los protagonistas casi se rozaban. "Pasion de Gavilanes capitulo 1completo está cañón, ¿verdad, mami?", dijo, volteando hacia mí con una sonrisa pícara. Sus ojos cafés brillaban como los de un lobo hambriento. Me incorporé un poco, sintiendo mis pezones endurecerse contra la blusa ligera. El tacto de su barba incipiente raspó mi cuello cuando se acercó.

"Neta, carnal. Me prende ver cómo se comen con los ojos", respondí, pasando mi uña por su pecho velludo bajo la playera. Él gruñó, un sonido gutural que vibró en mi vientre. Sus manos subieron por mis caderas, amasando la carne con fuerza juguetona. Olía a hombre, a deseo crudo, mezclado con el aroma dulce de mi perfume de vainilla. La tensión crecía como en la novela: un tira y afloja delicioso. Yo lo empujé suave contra el sillón, montándome a horcajadas sobre él. Nuestras bocas se encontraron en un beso hambriento, lenguas danzando como serpientes en celo.

El corazón me latía a mil, sintiendo su verga endureciéndose contra mi entrepierna a través de la tela delgada. Chingao, qué dura está ya, pensé, frotándome despacio para aumentar la fricción. Juan metió las manos por mi blusa, pellizcando mis tetas con los pulgares, haciendo que gemiera en su boca. El sabor salado de su piel en mi lengua, el roce áspero de sus callos en mi espalda desnuda... todo era puro fuego. "Te quiero como a una Elizondo, pero más chingona", susurró, mordiendo mi labio inferior.

Nos levantamos del sillón sin soltar el beso, tropezando hacia la recámara. La luz de la tele seguía parpadeando con la novela pausada, proyectando sombras danzantes en las paredes blancas. Caímos en la cama king size que crujió bajo nuestro peso. Juan me quitó la blusa de un tirón, exponiendo mis curvas al aire fresco del ventilador. Sus labios bajaron por mi cuello, lamiendo el sudor que perlaba mi clavícula, hasta capturar un pezón en su boca caliente. Chupaba con hambre, succionando hasta que arqueé la espalda, gimiendo su nombre.

"¡Ay, Juan, no pares, pendejo!", jadeé, enredando mis dedos en su pelo negro revuelto. Él rio contra mi piel, vibrando mis nervios. Sus manos bajaron mi short y la tanga de encaje, dejando mi coño expuesto, húmedo y palpitante. El olor almizclado de mi excitación llenó la habitación, mezclado con su aroma masculino. Metió dos dedos gruesos dentro de mí, curvándolos para tocar ese punto que me volvía loca. Entraban y salían con sonidos chapoteantes, lubricados por mis jugos. Yo me retorcía, las sábanas de algodón egipcio arrugándose bajo mis nalgas.

Esto es mejor que cualquier pasion de gavilanes capitulo 1completo, neta. Aquí no hay guion, solo puro instinto.

La intensidad subía como una tormenta en el desierto. Juan se quitó la ropa a la carrera, su verga saltando libre, gruesa y venosa, con la cabeza brillante de precum. La tomé en mi mano, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel aterciopelada. "Métemela ya, cabrón", le ordené, guiándolo hacia mi entrada. Él obedeció, empujando lento al principio, estirándome deliciosamente. Gemí alto cuando me llenó por completo, sus bolas peludas golpeando mi culo.

Empezamos un ritmo frenético, él embistiendo desde abajo mientras yo cabalgaba como una amazona. El slap-slap de piel contra piel resonaba, mezclado con nuestros jadeos y el zumbido del ventilador. Sudor corría por su torso definido, goteando sobre mis tetas rebotantes. Lo arañé en la espalda, dejando marcas rojas que lo volvían más salvaje. "¡Eres mía, Ana! ¡Mi gavilana!", gruñía, clavando los dedos en mis caderas. Yo sentía cada vena de su verga rozando mis paredes internas, el placer acumulándose como una ola gigante.

Cambié de posición, poniéndome a cuatro patas para que me cogiera por atrás. Él entró de nuevo, profundo, golpeando mi clítoris con su pubis. Una mano se coló entre mis piernas, frotando el botón hinchado en círculos rápidos. ¡Ya mero, chingado! El orgasmo me golpeó como un rayo, mi coño contrayéndose alrededor de él en espasmos violentos. Grité, el cuerpo temblando, lágrimas de placer en los ojos. Juan no tardó, hinchándose más dentro de mí antes de explotar, llenándome con chorros calientes que desbordaron por mis muslos.

Colapsamos juntos, jadeantes, enredados en las sábanas empapadas. Su peso sobre mí era reconfortante, su corazón tronando contra mi pecho. Besos suaves ahora, lenguas perezosas explorando bocas hinchadas. El olor a sexo impregnaba todo: semen, sudor, esencia femenina. Afuera, el tráfico de la Roma zumbaba lejano, pero aquí solo existíamos nosotros.

"Mejor que la novela, ¿verdad?", murmuró Juan, trazando círculos en mi vientre con el dedo. Yo sonreí, besando su sien salada.

Pasion de gavilanes capitulo 1completo fue el pretexto perfecto para esta locura. Mañana vemos el dos, pero con menos ropa.
Nos quedamos así, en afterglow, con la piel pegajosa y el alma satisfecha. La pasión no necesita guion cuando dos adultos se desatan de verdad.

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