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Color Rojo Pasion para el Cabello

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Color Rojo Pasion para el Cabello

Te paras frente al espejo del baño en tu depa de la Roma, con el frasco en la mano. Color Rojo Pasión para el Cabello, dice la etiqueta en letras flameantes. Neta, siempre has sido morena natural, pero hoy sientes que necesitas un cambio, algo que te prenda el fuego por dentro. Tu carnala te lo recomendó, dijo que la hace sentir como diosa en la cama. Mezclas la crema con el oxidante, el olor fuerte y químico te invade las fosas nasales, como un perfume prohibido. Te aplicas el tinte mechón por mechón, masajeando el cuero cabelludo hasta que pica un poquito, delicioso ardor que te hace cerrar los ojos y morderte el labio.

Una hora después, enjuagas bajo la regadera caliente. El agua cae en cascada sobre tu piel, resbalando por tus pechos firmes, bajando hasta tus caderas anchas. Sacudes la cabeza y miras: tu cabello ahora es un rojo intenso, vibrante, como sangre fresca o labios hinchados de besos. Lo tocas, sedoso, pesado, cayendo en ondas salvajes sobre tus hombros desnudos.

¡Chingón!
piensas, girando para verte de lado. Te sientes sexy, poderosa, lista para devorar al mundo. O al menos a él.

Alejandro llega esa noche, tu hombre desde hace dos años, el que te hace temblar con solo una mirada. Entras a la sala vestida con un vestido negro ajustado que resalta tus curvas, el cabello rojo enmarcando tu cara como llamas vivas. Él deja caer la bolsa de groceries, los ojos se le abren como platos. —¿Qué pedo, mi amor? Ese color... neta te ves como una diablesa.

Te ríes bajito, caminas hacia él con caderas balanceándose, el roce de la tela contra tu piel ya te eriza los vellos. Lo abrazas, presionando tus tetas contra su pecho duro. Él mete las manos en tu melena nueva, oliendo el shampoo mezclado con ese aroma residual del tinte, fresco y embriagador. —Color Rojo Pasión para el Cabello —le susurras al oído, mordisqueando su lóbulo—. ¿Te gusta?

—Me encanta, güey. Me estás poniendo bien caliente —gruñe, su voz ronca vibrando en tu cuello.

La cena queda olvidada. Lo jalas al sofá, sentándote a horcajadas sobre sus piernas. Sus manos recorren tu espalda, bajando hasta tu culo redondo, apretándolo con fuerza. Tú sientes su verga endureciéndose bajo los jeans, presionando contra tu entrepierna húmeda. El corazón te late a mil, el pulso retumbando en tus sienes como tambores aztecas. Lo besas con hambre, lenguas enredándose, sabor a menta y deseo puro. Tus dedos se hunden en su cabello corto, pero él agarra el tuyo, el rojo pasión, tirando suave para arquear tu cuello. Lamidas calientes en tu clavícula, mordiscos que dejan marcas rosas.

El aire se carga de electricidad, el sonido de respiraciones agitadas llenando la habitación. Olés su colonia amaderada mezclada con tu perfume floral, y abajo, el aroma de tu excitación empezando a perfumar todo. —Quítame el vestido —le ordenas, voz temblorosa de anticipación. Él obedece, deslizando la cremallera lenta, la tela susurrando al caer. Tus pezones se endurecen al aire fresco, rosados y erectos, rogando atención. Alejandro los chupa, succiona fuerte, haciendo que gimas alto, un ¡ay cabrón! que sale sin filtro.

Te levantas un segundo para bajarle los pantalones, su polla saltando libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen cristalino. La tocas, piel aterciopelada sobre acero, latiendo en tu palma. Él gime, —Métetela, mi reina roja. Pero no, quieres jugar más. Te arrodillas entre sus piernas, el piso fresco contra tus rodillas, y lo lames desde la base hasta la punta, sabor salado y masculino inundando tu boca. Lo chupas profundo, garganta relajada, mientras él enreda dedos en tu cabello rojo pasión, guiándote sin forzar, solo disfrutando el ritmo.

La tensión sube como volcán, tu coño palpitando vacío, jugos resbalando por tus muslos. Te subes de nuevo, frotando tu clítoris hinchado contra su verga, lubricándola con tu humedad.

¡Neta, este color me ha despertado a la fiera que traía adentro!
piensas, mientras lo montas despacio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. Él llena todo, tocando ese punto que te hace ver estrellas. Empiezas a cabalgar, tetas rebotando, cabello rojo volando como bandera de pasión. Sus manos en tus caderas, guiando, embistiendo arriba para clavarse más hondo.

Sudor perla vuestras pieles, resbaloso, facilitando cada roce. El slap-slap de carne contra carne, gemidos mezclados con ¡sí, así, pendejito! y ¡más duro, mi amor! El olor a sexo crudo, almizclado, embriaga. Sientes el orgasmo construyéndose, una ola gigante en tu vientre, músculos contrayéndose alrededor de su polla. Él te aprieta el cabello, tirando para besarte salvaje, lenguas batallando mientras acelera.

Acto dos de esta danza: lo empujas al piso, alfombra suave bajo tu espalda ahora. Él encima, misionero intenso, piernas en sus hombros para penetrar profundo. Cada embestida roza tu G, chispas de placer electricas subiendo por tu espina. Miras sus ojos oscuros, llenos de amor y lujuria pura. —Eres mía, con este cabello rojo pasión o sin él —jadea. Tú respondes clavando uñas en su espalda, dejando surcos rojos que mañana dolerán rico.

El clímax se acerca implacable. Tus paredes se aprietan, ordeñándolo, y explotas primero: un grito gutural, cuerpo convulsionando, jugos chorreando. Él sigue, tres embestidas más, y se corre dentro, chorros calientes pintando tus entrañas, gruñendo tu nombre como oración. Colapsan juntos, pesados, sudorosos, corazones galopando al unísono.

Acto final, el afterglow. Yacen enredados en la alfombra, tu cabeza en su pecho, oyendo el tum-tum calmándose. Acaricia tu cabello rojo pasión, besando mechones húmedos. Olés el mix de semen, sudor y tinte, aroma de intimidad compartida. —Gracias por esto, mi vida. Me hiciste sentir viva de nuevo —murmuras.

Él sonríe, besándote la frente. —Ese color no es solo para el cabello, es para el alma. Y la nuestra arde, neta. Se levantan lento, duchándose juntos bajo agua tibia, manos explorando perezosas, risas compartidas. Esa noche duermes con él, cabello rojo desparramado en la almohada, soñando con más pasiones por venir. El cambio fue más que tinte: fue renacer en rojo fuego.

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