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Pasion Sin Barreras Pelicula Completa

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Pasion Sin Barreras Pelicula Completa

Estaba sola en mi depa de la Roma, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Afuera, el bullicio de la Ciudad de México se colaba por la ventana entreabierta: cláxones lejanos, risas de chavos en la calle y ese aroma a tacos al pastor que siempre me abre el apetito. Me acomodé en el sofá de piel suave, con las piernas cruzadas, y le di play a Pasion sin barreras pelicula completa en la tele. La había bajado esa mañana, curiosa por las reseñas que decían que era puro fuego prohibido, una historia de amantes que se lanzan sin frenos.

La pantalla se iluminó con escenas ardientes: cuerpos entrelazados bajo luces tenues, gemidos que retumbaban en los parlantes. Sentí un cosquilleo en la piel, como si el calor de la peli me subiera por las piernas.

¿Por qué carajos me pongo así con una simple película?
pensé, mientras mi mano bajaba distraída por mi blusa holgada. El protagonista, un tipo moreno y musculoso como los galanes de telenovela, besaba a su amante con hambre, rompiendo todas las barreras imaginarias. Mi pulso se aceleró, el corazón latiéndome en el pecho como tamborazo en una fiesta.

De repente, el timbre sonó, rompiendo el hechizo. Me levanté de un brinco, con las mejillas ardiendo y el cuerpo todavía vibrando. Era Raúl, mi carnal del gym, el que siempre me guiñaba el ojo en las clases de crossfit. Alto, con esa barba recortada que me volvía loca y un cuerpo forjado a puro esfuerzo. Llevaba una playera ajustada que marcaba cada músculo y unos jeans que dejaban poco a la imaginación.

—¡Ey, nena! Traje unas chelas y vi que tu luz estaba prendida. ¿Qué onda, sola viendo porno chic? —dijo con esa sonrisa pícara, oliendo a colonia fresca y sudor limpio del entrenamiento.

Lo jalé adentro, riendo nerviosa. Pasion sin barreras pelicula completa seguía sonando de fondo, con los amantes en pleno clímax. Raúl la vio y arqueó la ceja.

—Órale, ¿esta es la famosa? Dicen que es cañona. ¿Me dejas ver contigo?

Asentí, sintiendo el primer tirón de deseo real. Nos sentamos pegaditos, sus muslos rozando los míos, el calor de su piel traspasando la tela. La peli avanzaba: besos húmedos, manos explorando curvas, suspiros que llenaban la habitación. Mi respiración se entrecortó cuando él pasó el brazo por mis hombros, su dedo trazando círculos lentos en mi brazo desnudo.

El segundo acto de nuestra noche apenas empezaba. La tensión crecía como tormenta en el desierto, lenta pero imparable. En la pantalla, los amantes se entregaban sin barreras, sus cuerpos chocando con sonidos carnosos que me erizaban la piel. Raúl se inclinó hacia mí, su aliento cálido en mi oreja.

—Esto me prende, Ana. Tú y yo... ¿por qué no hacemos nuestra propia pasion sin barreras pelicula completa?

Su voz ronca me recorrió la espina dorsal como electricidad.

¡No mames, este pendejo sabe cómo entrarme!
Mi mente gritaba, mientras mi cuerpo respondía arqueándome hacia él. Nuestros labios se encontraron en un beso suave al principio, saboreando el leve amargo de la chela en su lengua. Pero pronto se volvió feroz: dientes mordiendo, lenguas danzando con urgencia. Olía a hombre puro, a deseo crudo mezclado con el perfume de su piel sudada.

Sus manos grandes bajaron por mi espalda, metiéndose bajo la blusa, tocando mi cintura desnuda. La piel se me puso de gallina al sentir sus palmas ásperas, callosas del gym. —Estás rica, pinche tentación —murmuró contra mi cuello, lamiendo el lóbulo de mi oreja. Gemí bajito, el sonido ahogado por el de la peli, donde la pareja ahora rodaba en la cama, piel contra piel.

Lo empujé suave hacia el sofá, montándome a horcajadas sobre él. Sentí su verga dura presionando contra mi entrepierna a través de los jeans, un pulso caliente que me hacía mojarme al instante. Desabotoné su playera, besando su pecho ancho, saboreando el salado de su sudor. Él gruñó, manos amasando mis nalgas con fuerza, apretándome contra él.

—Quítate eso, quiero verte toda —ordenó, pero con ojos que pedían permiso. Asentí, empoderada, quitándome la blusa y el bra de un tirón. Mis tetas saltaron libres, pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta. Él se lanzó, chupando uno con avidez, la lengua girando en círculos que me arrancaban jadeos.

¡Qué chingón se siente esto, como si el mundo se redujera a su boca!

La intensidad subía. Le desabroché los jeans, liberando su pinga gruesa, venosa, palpitando en mi mano. La piel suave sobre el acero duro, el olor almizclado de su excitación llenándome las fosas nasales. La acaricie despacio, sintiendo cada vena, mientras él metía la mano en mi short, dedos hundiéndose en mi panocha empapada.

—Estás chorreando, mi amor. Tan mojada por mí —dijo, frotando mi clítoris con el pulgar, introduciendo dos dedos que curvaba justo ahí, en el punto que me hacía ver estrellas. Mis caderas se movían solas, cabalgando su mano, el sonido húmedo de mi excitación mezclándose con nuestros jadeos y la banda sonora de la peli.

Nos quitamos el resto de la ropa como animales en celo, pieles chocando, sudor perlando nuestros cuerpos. Él me tumbó en el sofá, besando un camino desde mis tetas hasta mi ombligo, hasta llegar a mi concha. Su lengua la abrió como pétalo, lamiendo largo y profundo, saboreándome entera. Grité su nombre, uñas clavándose en su cabeza, el placer acumulándose como ola gigante.

El clímax llegó como explosión. Lo jalé arriba, guiando su verga a mi entrada. Entró de un empujón lento, llenándome hasta el fondo, estirándome deliciosamente. Sin barreras, pensé, mientras él empezaba a bombear, fuerte y profundo. Nuestros cuerpos aplaudían con cada embestida: slap slap slap, sudor volando, olores a sexo impregnando el aire.

—¡Más duro, cabrón! ¡Dame todo! —le rogué, piernas envolviéndolo, talones clavándose en su culo firme. Él aceleró, gruñendo como bestia, una mano en mi garganta suave, la otra pellizcando mis pezones. Sentía cada centímetro de él rozando mis paredes, el glande golpeando mi cervix con placer punzante.

La tensión explotó. Mi orgasmo me sacudió entera: músculos contrayéndose, visión borrosa, un grito largo que retumbó en la habitación. Él se vino segundos después, caliente dentro de mí, llenándome con chorros que sentía palpitar. Colapsamos juntos, jadeando, corazones latiendo al unísono.

En el afterglow, la peli había terminado, créditos rodando mudos. Raúl me besó la frente, su mano acariciando mi pelo revuelto. Olía a nosotros, a sexo satisfecho y promesas mudas.

—Eso fue nuestra pasion sin barreras pelicula completa, nena. Sin cortes, sin fin.

Me acurruqué contra su pecho, sintiendo la paz profunda, el cuerpo lánguido y feliz.

Afuera la ciudad seguía su ritmo loco, pero aquí, en este momento, todo era perfecto. Sin barreras, solo nosotros.
El sol se colaba por la ventana, tiñendo nuestra piel de oro, y supe que esto era solo el principio de muchas noches así.

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