Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasion Desbordante Fernando Lima Sarah Brightman Pasion Desbordante Fernando Lima Sarah Brightman

Pasion Desbordante Fernando Lima Sarah Brightman

8121 palabras

Pasion Desbordante Fernando Lima Sarah Brightman

El Auditorio Nacional en la Ciudad de México vibraba con la energía de miles de fans. Las luces se atenuaban mientras Fernando Lima subía al escenario, su voz grave y apasionada llenando el aire como un trueno suave. Al lado suyo, Sarah Brightman, con su vestido rojo ceñido que acentuaba cada curva de su silueta etérea, lo miraba con ojos que prometían secretos. Juntos interpretaban Pasion, esa canción que ardía en sus gargantas como fuego líquido. Fernando sentía el sudor perlando su frente, el calor de los reflectores mezclándose con el aroma floral del perfume de Sarah que flotaba entre ellos. Cada nota que entonaban era un roce invisible, un susurro de deseo que el público devoraba sin saber lo que realmente bullía debajo.

Desde su lugar en el escenario, Fernando no podía evitar mirarla. Sarah, con esa piel pálida contrastando contra el rojo de su vestido, movía los labios con una sensualidad que lo ponía nervioso como pendejo.

Órale, wey, esta mujer me trae loco. Su voz se enreda en mi alma como hiedra ardiente, y ni hablemos de cómo se mueve. Neta, después del show, tengo que invitarla a algo. No puedo dejar que esta fernando lima sarah brightman pasion se quede solo en el escenario.
El público aplaudía frenético al final de la pieza, pero para Fernando, el clímax apenas empezaba.

Backstage, el bullicio de técnicos y managers era un caos organizado. Sarah se acercó a él con una sonrisa radiante, su cabello rubio cayendo en ondas suaves sobre sus hombros. "Fernando, qué chingón fue eso. Tu voz me eriza la piel cada vez", dijo ella en un español con acento inglés que sonaba como miel caliente. Él le tomó la mano, sintiendo el calor de su palma contra la suya, un toque eléctrico que le aceleró el pulso.

"Sarah, tú eres la que enciende todo. Esa pasion en tu mirada... neta, me matas", respondió él, su voz ronca por el esfuerzo del concierto. Se quedaron charlando un rato, rodeados de botellas de agua y toallas húmedas que olían a limón fresco. El deseo latía entre ellos como un tambor lejano, sutil pero insistente. Invitándola a cenar en un restaurante de Polanco fue lo más natural del mundo. "Vamos, mami, hay un lugar con tacos al pastor que te van a volar la cabeza", le dijo guiñándole el ojo.

En el restaurante, bajo luces tenues y el aroma ahumado de la carne asada en la trompo, la tensión creció. Sarah se inclinaba sobre la mesa, sus pechos rozando el mantel de lino, mientras probaba un bocado de cochinita pibil. "¡Ay, Fernando, está de muerte por lo rico! Como tú", soltó ella riendo, lamiendo una gota de salsa de su labio inferior con una lentitud deliberada. Él sintió un tirón en las entrañas, su verga endureciéndose bajo los jeans ajustados. El vino tinto fluía, calentando sus venas, y las risas se volvían susurros. Sus rodillas se rozaban bajo la mesa, un contacto casual que enviaba chispas por su espina dorsal.

Esta chava es puro fuego. Su risa me calienta más que el chile en la salsa. Quiero besarla ya, sentir su lengua danzar con la mía como en esa canción. Pero hay que ir despacio, carnal, que la noche apenas amanece.
Fernando pagó la cuenta con manos temblorosas, y en el taxi rumbo al hotel, sus dedos se entrelazaron. El tráfico de Reforma zumbaba afuera, pero dentro del auto, el mundo se reducía a su respiración entrecortada y el perfume almizclado de su excitación mutua.

La suite en el hotel era un oasis de lujo: sábanas de algodón egipcio, vistas al skyline de la CDMX iluminado como un diamante negro. Apenas cerraron la puerta, Sarah se giró hacia él, sus ojos verdes brillando con hambre. "Fernando, desde el escenario te deseaba. Esa fernando lima sarah brightman pasion no era solo música", murmuró presionando su cuerpo contra el suyo. Él la besó entonces, un beso voraz que sabía a vino y a chile dulce. Sus lenguas se enredaron, explorando, saboreando el calor húmedo de sus bocas. Las manos de Fernando subieron por su espalda, bajando la cremallera del vestido rojo que cayó como una cascada de sangre al piso.

Sarah gemía suave contra su boca, su piel suave como pétalos bajo sus palmas ásperas de tanto ensayar. Él la alzó en brazos, llevándola a la cama king size, donde el colchón se hundió bajo su peso. Desnudándola despacio, besó cada centímetro revelado: el hueco de su clavícula que olía a jazmín, los pezones rosados endureciéndose al roce de su lengua. "Qué chula eres, Sarah. Tus chichis son perfectos, duros como fruta madura", gruñó él, succionando uno mientras su mano bajaba por su vientre plano hasta el triángulo de vello rubio.

Ella arqueó la espalda, sus uñas clavándose en sus hombros. "Sí, Fernando, ahí... tócame la concha, está empapada por ti", jadeó en su acento sexy. Sus dedos encontraron su clítoris hinchado, resbaladizo de jugos calientes que olían a mujer en celo, a mar y a deseo puro. La masturbó lento, círculos precisos que la hacían retorcerse, sus caderas elevándose en busca de más. El sonido de sus dedos chapoteando en su humedad era obsceno, hipnótico, mezclado con sus gemidos agudos como notas altas de ópera.

Mierda, wey, está tan mojada que podría ahogarme en ella y morir feliz. Su sabor... déjame probar.
Fernando descendió, su lengua lamiendo su raja desde el ano hasta el clítoris, saboreando su esencia salada y dulce. Sarah gritó, enredando sus dedos en su cabello oscuro, tirando mientras su cuerpo convulsionaba en el primer orgasmo. "¡Ay, cabrón, no pares! ¡Qué rico tu lengua!"

Se desnudó rápido, su verga saltando libre, gruesa y venosa, palpitando con necesidad. Sarah la tomó en mano, acariciándola con firmeza, su pulgar rozando el glande húmedo de precum. "Qué pinga tan chingona, Fernando. Quiero que me la metas toda", suplicó ella, guiándolo a su entrada. Él empujó despacio, centímetro a centímetro, sintiendo sus paredes vaginales apretándolo como un guante de terciopelo caliente. El estiramiento era exquisito, sus jugos lubricando cada embestida.

Se movieron en ritmo perfecto, como en el escenario: él profundo y potente, ella ondulando las caderas al compás. El slap-slap de carne contra carne resonaba en la habitación, junto al crujir de las sábanas y sus jadeos sincronizados. Sudor cubría sus cuerpos, perlando la piel de Sarah que brillaba bajo la luz de la luna filtrada por las cortinas. Él la volteó a cuatro patas, admirando su culo redondo, dándole nalgadas suaves que enrojecían la carne. "¡Más fuerte, papi! Fóllame como si fuera nuestra canción", rogó ella.

Fernando aceleró, sus bolas golpeando su clítoris con cada estocada brutal. El olor a sexo impregnaba el aire, almizcle y sudor, embriagador. Sarah se corrió de nuevo, su coño contrayéndose en espasmos que lo ordeñaban.

No aguanto más, esta sarah brightman pasion me va a hacer explotar.
Con un rugido gutural, él se vació dentro de ella, chorros calientes de semen llenándola hasta rebosar, goteando por sus muslos temblorosos.

Colapsaron juntos, jadeantes, envueltos en el calor de sus cuerpos exhaustos. Sarah acurrucada contra su pecho, trazando círculos perezosos en su piel salada. "Fernando, eso fue... épico. Mejor que cualquier concierto", susurró besando su cuello. Él sonrió, inhalando su aroma post-sexo, una mezcla de ellos dos que olía a eternidad.

La noche se extendió en caricias suaves, promesas susurradas y un sueño profundo donde la fernando lima sarah brightman pasion seguía resonando. Al amanecer, con el sol tiñendo el skyline de oro, supieron que aquello no era solo un polvo fugaz, sino el comienzo de algo ardiente y real. En México, donde la pasión corre por las venas como tequila puro, ellos habían encontrado su propia sinfonía.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.