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Imágenes de Amor y Pasión en la Piel

6474 palabras

Imágenes de Amor y Pasión en la Piel

Estás recostada en el sofá de tu depa en la Roma, con el aire acondicionado zumbando bajito como un secreto compartido. La noche de la Ciudad de México se filtra por las cortinas entreabiertas, luces neón parpadeando como promesas lejanas. Tomas tu cel en la mano, aburrida después de un día largo en la chamba, y abres el chat con tu carnala Lupe. Neta, mira estas imágenes de amor y pasión que encontré en la red, te van a poner caliente, te escribió hace rato. Haces clic y ¡órale! Fotos sensuales de parejas enredadas, piel contra piel, miradas que queman, besos que dejan huella. El corazón te late más rápido, sientes un cosquilleo en el estómago que baja despacito hasta tu entrepierna.

Una imagen te atrapa: una morra con curvas perfectas, el vato abrazándola por la cintura, sus labios rozando el cuello de ella bajo una luz tenue. Hueles tu propio aroma, mezclado con el perfume de vainilla que te echaste en la mañana. ¿Y si invito a Diego? piensas, mordiéndote el labio. Ese wey te trae loca desde hace meses, con sus ojos cafés intensos y esa sonrisa pícara que dice te voy a chingar rico sin palabras. Le mandas un mensajito: Ven pa'cá, tengo algo que verte va a gustar. La respuesta llega en segundos: Ya voy, mi reina.

Te levantas, el piso de madera fría bajo tus pies descalzos, y te miras en el espejo del pasillo. Tu blusa suelta deja ver el escote, los jeans ajustados marcan tu culazo. Te sueltas el pelo, negro y largo, oliendo a shampoo de coco. El pulso se acelera cuando escuchas el timbre. Abres la puerta y ahí está Diego, fresco con su playera negra pegada al pecho marcado, jeans desgastados que insinúan lo que traes ganas de ver. ¿Qué traes pa'mí? pregunta con voz ronca, entrando y cerrando la puerta con un pie.

Ven, siéntate, le dices, jalándolo al sofá. Le pasas el cel, las imágenes de amor y pasión iluminan su cara. Carajo, qué chingonas, murmura, acercándose más. Sientes su calor, el olor a su colonia cítrica mezclándose con el tuyo. Su muslo roza el tuyo, y un escalofrío te recorre la espalda.

Estas imágenes me prendieron el fuego, Diego. Neta, me dan ganas de hacerlas realidad contigo
, le susurras al oído, tu aliento cálido contra su piel.

Él gira la cabeza, sus labios a centímetros de los tuyos. ¿En serio, mi amor? ¿Quieres que te muestre lo que siento? Su mano sube por tu brazo, dedos ásperos de tanto gym rozando suave. El beso llega lento, como miel caliente: labios suaves primero, lenguas explorando después, sabor a menta de su chicle y a tu gloss de fresa. Gimes bajito, el sonido ahogado en su boca. Sus manos bajan a tu cintura, apretando, atrayéndote hasta que estás a horcajadas sobre él.

La tensión crece como tormenta en el desierto. Te quitas la blusa, dejando ver tu bra de encaje rojo. Diego jadea, Estás de poca madre, wey, dice riendo nervioso, sus ojos devorándote. Tú le sacas la playera, tocando su pecho duro, pezones que se endurecen bajo tus uñas. Hueles su sudor fresco, masculino, que te hace mojar más. Las imágenes siguen en la pantalla del cel olvidado en el sofá, testigos mudos de su propio fuego.

Lo besas por el cuello, lamiendo sal de su piel, mientras tus caderas se mueven solas contra su verga dura que sientes crecer bajo los jeans. Quítate eso, pendejo, le ordenas juguetona, y él obedece, liberando su pinga gruesa, venosa, palpitante. La tocas, suave al principio, sintiendo el calor que quema tu palma. Él gime, Chíngame con la mano, mi vida. Aceleras, el sonido húmedo de pre-semen lubricando, su respiración agitada como viento en la sierra.

Te bajas los jeans, él te ayuda, besando tu vientre, lengua danzando alrededor del ombligo. Quedas en tanga, mojada, el olor a tu excitación llenando el aire. Diego te recuesta, abre tus piernas con ternura. Eres mi imagen de amor y pasión perfecta, murmura antes de bajar la boca. Su lengua en tu panocha es éxtasis: lame despacio los labios hinchados, chupa el clítoris con succiones que te arquean la espalda. Saboreas tu propio gemido, profundo, animal. Tus manos en su pelo, jalando, ¡Más, cabrón, no pares!. Dedos entran, curvándose justo ahí, el punto que te hace ver estrellas. El sofá cruje bajo ustedes, el zumbido del AC se pierde en tus jadeos.

La intensidad sube, tu cuerpo tiembla al borde. Pero quieres más, lo quieres dentro. Cógeme ya, Diego, suplicas, voz ronca de deseo. Él se pone de rodillas, te jala al borde del sofá, entra despacio, centímetro a centímetro. Sientes cada vena rozando tus paredes, llenándote hasta el fondo. Estás tan chingona adentro, gruñe, empezando a moverse. Ritmo lento primero, piel chocando suave, slap-slap húmedo. Tus tetas rebotan, él las agarra, pellizca pezones duros como piedras.

El sudor perla sus frentes, gotea en tu pecho. Aceleran, embestidas profundas que tocan tu alma. Tus uñas en su espalda, dejando marcas rojas. Te amo, wey, fóllame más fuerte, gritas, y él obedece, culazos potentes que te hacen gritar. El olor a sexo impregna todo, almizcle y vainilla. Tus músculos se aprietan alrededor de su verga, el orgasmo se acerca como ola gigante. Él jadea, Me vengo, mi reina, y explota dentro, chorros calientes que te empujan al clímax. Tu cuerpo convulsiona, luces blancas detrás de los ojos, un grito largo que sale del pecho.

Caen juntos, exhaustos, su peso sobre ti reconfortante. Piel pegajosa, corazones latiendo al unísono. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Eso fue mejor que cualquier imagen de amor y pasión, susurra él, acariciando tu pelo. Tú ríes bajito, Neta, contigo todo es real y chido. Se quedan así, enredados, el cel apagado en el suelo. La noche de la CDMX canta afuera, pero adentro solo hay paz, el aroma de su unión flotando como promesa de más.

Después, se levantan despacio, pieles sensibles al roce. Diego te abraza en la cocina mientras preparan unos tacos de la nevera, riendo de tonterías. Eres mi musa, mi pasión viva, dice mirándote con ojos tiernos. Tú sientes el alma llena, el cuerpo saciado. Esas imágenes fueron el chispazo, pero lo que armaron juntos es eterno. Se acuestan en la cama, cuerpos entrelazados, soñando con la próxima vez que el deseo los prenda de nuevo.

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