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En Tus Manos Pasion y Deseo

6252 palabras

En Tus Manos Pasion y Deseo

La brisa salada de Puerto Vallarta te acaricia la piel mientras caminas por la playa al atardecer. El sol se hunde en el Pacífico como una bola de fuego, tiñendo el cielo de naranjas y rosas intensos. Tus pies se hunden en la arena tibia, aún caliente del día, y cada paso te acerca más a la cabaña de playa que rentaste para este fin de semana. Hacía meses que no veías a Sofia, tu amor de toda la vida, esa morena de curvas pronunciadas y ojos negros que te quitan el aliento. Trabajaba en Guadalajara como diseñadora, pero por fin habían coincidido las vacaciones. Neta, carnal, esta vez no te la vas a perder, piensas, sintiendo ya el cosquilleo en el estómago.

Al llegar, la puerta de madera se abre antes de que toques. Ahí está ella, envuelta en un pareo ligero de colores tropicales que deja ver sus hombros bronceados y el escote generoso. Su cabello negro cae en ondas salvajes hasta la cintura, oliendo a coco y flores de tiaré. "¡Wey, al fin llegaste!", grita con esa voz ronca que te enciende, lanzándose a tus brazos. Su cuerpo se pega al tuyo, suave y cálido, los pechos presionando contra tu pecho. La besas con hambre, probando el sabor salado de su piel mezclado con el dulzor de su gloss de mango. Sus manos recorren tu espalda, arañando levemente, y sientes su corazón latiendo fuerte contra el tuyo.

Entran a la cabaña, iluminada por velas de vainilla que parpadean en la mesa de centro. El aire huele a mar y a jazmín del jardín exterior. Sofia te empuja juguetona contra el sofá de mimbre, riendo. "Mira nomás qué guapo traes ese short, papi. ¿Vienes listo pa' la acción?". Tú sonríes, atrayéndola a tu regazo. Sus muslos firmes se acomodan a horcajadas sobre ti, el pareo se desliza revelando la tanga de encaje rojo que apenas cubre su monte de Venus. La tocas por encima, sintiendo el calor que emana, y ella gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu verga ya endureciéndose.

Pero no apresuran nada. Es la tensión de estos meses separados lo que hace todo más intenso. Hablan mientras beben micheladas frías, el limón picante en la lengua, la sal crujiendo. Ella cuenta anécdotas de su trabajo, tú de tus viajes por el norte. Cada roce accidental –su pie rozando tu pantorrilla, tu mano en su rodilla– enciende chispas.

"En tus manos pongo mi pasión y deseo, mi rey. Haz lo que quieras conmigo esta noche."
Sus palabras te golpean como un rayo, dichas en un susurro mientras te mira fijo, mordiéndose el labio inferior. Sientes el poder que te da, la confianza absoluta. Tus manos, grandes y callosas del gimnasio, toman su rostro, thumbs acariciando sus pómulos altos.

El deseo crece como la marea. La llevas en brazos a la terraza, donde una hamaca grande se mece suavemente bajo las estrellas. El sonido de las olas es un ritmo hipnótico, el viento trae olor a yodo y arena mojada. La acuestas ahí, quitándole el pareo con lentitud. Su piel brilla a la luz de la luna, pezones oscuros endurecidos por la brisa. La besas desde el cuello, bajando por el valle de sus senos, lamiendo el sudor salado que perla su ombligo. Ella arquea la espalda, qué chingón se siente esto, gime, enredando dedos en tu pelo. "Más, cabrón, no pares".

Tus manos exploran, masajeando sus tetas llenas, pellizcando suave los pezones hasta que jadea. Bajas más, abriendo sus piernas. El aroma almizclado de su excitación te invade, dulce y embriagador como tequila reposado. Rozas sus labios mayores con los dedos, húmedos ya, resbaladizos de jugos. Ella se retuerce, "¡Órale, métemelos ya!". Introduces dos dedos despacio, sintiendo las paredes calientes apretarte, el pulso de su clítoris hinchado bajo tu pulgar. La trabajas con ritmo, escuchando los squelch húmedos, sus gemidos mezclándose con el romper de olas. Internaliza su placer: Esto es tuyo, en tus manos está su fuego.

Sofia no se queda atrás. Te voltea en la hamaca, que cruje bajo el peso. Baja tu short, liberando tu verga tiesa, venosa, palpitante. "Mira qué mamalona traes, wey", dice admirada, escupiendo en la palma para lubricar. Su boca caliente envuelve la cabeza, lengua girando alrededor, succionando con vacuum que te hace gruñir. Sabor a sal de tu piel, el olor de su saliva mezclada con tu precum. Te la traga hasta la garganta, ojos lagrimeando pero fijos en ti, empoderada en su control. Tus caderas se alzan instintivo, follando su boca suave, pero ella marca el paso, torturándote con edging hasta que ruegas.

La tensión es insoportable ahora. La pones a cuatro patas en la hamaca, nalgas redondas alzadas, panocha reluciente invitándote. Te posicionas atrás, verga rozando su entrada, untándose de sus mieles. "Cógeme duro, mi amor, dame todo", suplica ella, empujando contra ti. Empujas de una, llenándola hasta el fondo. ¡Qué estrecha y caliente! Sus paredes te aprietan como guante, succionando. Empiezas lento, sintiendo cada vena rozar su interior, el slap de pelvis contra nalgas resonando. Aceleras, el sudor chorreando, mezclando olores de sexo crudo: almizcle, sudor, mar.

Cambian posiciones, ella encima ahora, cabalgándote salvaje. Sus tetas rebotan hipnóticas, manos en tu pecho para balance. Tú agarras sus caderas, guiándola, thumbs en su clítoris frotando. "¡Sí, así, pendejito rico!", grita, uñas clavándose. El orgasmo la golpea primero: cuerpo temblando, panocha convulsionando alrededor de tu verga, chorros calientes mojando todo. Su grito primal ahoga las olas. Tú aguantas, volteándola para misionero en la arena cercana, suave bajo esteras. Piernas en tus hombros, penetras profundo, bolas slap-slap contra su culo. El clímax te arrasa: chorros potentes llenándola, gruñendo su nombre mientras ella aprieta, ordeñándote.

Colapsan juntos, jadeantes, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El viento enfría el calor, olas lamiendo sus pies. Sofia se acurruca en tu pecho, dedo trazando patrones en tu abdomen. "En tus manos estuvo todo, pasión y deseo puro. Neta, eres el mejor, carnal". Tú la besas la frente, oliendo su cabello, sintiendo paz profunda. La noche envuelve, estrellas testigos de su unión. Mañana más, pero esta entrega sella todo: confianza, fuego eterno.

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