Diario de una Pasion en Ingles
Querido diario,
15 de mayo. Neta que no lo puedo creer, wey. Llegué a esta departamentito chido en la Roma, aquí en la CDMX, rentado por Airbnb para desconectarme un rato del desmadre de mi jale en Guadalajara. Todo parecía perfecto: la vista al Parque México, el olor a café de la cafetería de abajo, el ruido de los cláxones lejanos que me hacen sentir viva. Pero al abrir el cajón del buró en la recámara, ¡zas! un cuadernito viejo, forrado en cuero gastado. Lo abrí y el título me pegó como un rayo: Diary of a Passion. Un diario de una pasion en ingles, escrito a mano con letra temblorosa, llena de secretos calientes.
Leí las primeras páginas y órale, mi cuerpo se encendió solo. Hablaba de una mujer que describía el roce de unos labios en su cuello, el sabor salado de la piel sudada, el pulso acelerado contra su pecho. No pude evitarlo, mis manos bajaron solas, tocando mi piel tibia bajo la blusa ligera. El aire olía a jazmín del balcón y a mi propia excitación empezando a despertar. ¿Quién lo escribió? ¿El dueño del depa? Me quedé pensando en eso toda la noche, con el corazón latiendo fuerte, imaginando manos desconocidas explorándome.
¿Será que este diario de una pasion en ingles es una invitación? ¿O solo mi calentura inventando cosas?
16 de mayo. Hoy conocí a Diego, el dueño. Vino a checar una gotera que reporté. Es alto, moreno, con ojos cafés que te miran como si ya te supieran de memoria. Traía una playera ajustada que marcaba sus hombros anchos y un olor a jabón fresco mezclado con algo masculino, como tierra mojada después de la lluvia. Me saludó con esa sonrisa pícara, "Qué onda, ¿todo chido por acá?" Le contesté tratando de sonar casual, pero mi voz salió ronca, neta.
Se quedó un rato platicando, y no sé cómo, saqué el tema del diario. "¿De quién es este cuadernito que encontré? Un diario de una pasion en ingles, lleno de... cosas intensas." Sus ojos se abrieron grandes, y luego se rió bajito, ese sonido grave que me erizó la piel. "Ah, ese... lo escribió mi ex, hace años. Lo dejó aquí como quien deja un recuerdo. ¿Lo leíste?" Asentí, sintiendo el calor subir por mi cuello. "Sí, y me dejó pensando." El aire entre nosotros se cargó, como antes de una tormenta. Se acercó un paso, y juro que sentí su calor corporal rozándome. "¿Qué te dejó pensando, María?" Su voz era un susurro, y mi pulso se disparó. Le dije la neta: "En lo que se siente esa pasión descrita ahí." No dijo nada más, solo me miró con hambre, y se fue prometiendo volver mañana.
Ahora estoy aquí, sola, con las piernas temblando. Mi piel huele a crema de coco que me puse, pero debajo late un deseo que no se apaga. ¿Qué pendejada estoy haciendo? ¿Coqueteando con un desconocido por un diario? Pero no mames, lo quiero. Quiero sentir esas manos en mí.
17 de mayo. Hoy explotó todo, carnal. Diego llegó temprano, con una botella de mezcal de Oaxaca que olía a humo y tierra ahumada. "Para celebrar que arreglé la gotera", dijo guiñando. Nos sentamos en el balcón, el sol calentando la piedra, el bullicio de la calle abajo como fondo perfecto. Platicamos horas: de la vida en la ciudad, de amores pasados, de cómo ese diario de una pasion en ingles fue el último suspiro de su relación anterior. "Ella lo escribió en inglés porque decía que así sonaba más poético, más universal", me contó, y su mano rozó la mía al pasarme el vaso. Ese toque fue eléctrico, piel contra piel, cálida y áspera por el trabajo.
Adentro, el ambiente cambió. La luz tenue de las lámparas, el olor a mezcal en el aire, nuestros cuerpos cada vez más cerca en el sillón. Sentí su aliento en mi oreja, "María, desde ayer no dejo de pensar en ti leyendo eso." Mi corazón tronaba como tambores de una fiesta. Lo miré a los ojos, "¿Y si lo hacemos real?" Sus labios cayeron sobre los míos, suaves al principio, luego urgentes, saboreando el mezcal y el dulce de mi boca. Sus manos subieron por mi espalda, desabotonando mi vestido con dedos temblorosos, exponiendo mi piel al aire fresco. Gemí bajito cuando tocó mis pechos, los pulgares rozando mis pezones endurecidos, enviando chispas directo a mi centro.
Su olor, su taste, todo me volvía loca. Quería devorarlo.
Me levantó en brazos, fuerte y seguro, y me llevó a la cama. El colchón se hundió bajo nuestro peso, sábanas frescas contra mi espalda desnuda. Él se quitó la ropa despacio, revelando su pecho velludo, el abdomen marcado, y más abajo, su verga dura, palpitante, lista para mí. La tomé en mi mano, sintiendo su calor, su grosor, la vena latiendo bajo mi palma. "Qué chingona te sientes", murmuró él, y yo reí, "Tú ni te imaginas." Lo besé por todo el cuerpo: el cuello salado, los pezones duros, bajando hasta lamer su ombligo, inhalando su aroma almizclado de hombre excitado.
Me abrió las piernas con gentileza, sus ojos fijos en mi panocha húmeda, brillando bajo la luz. "Estás chorreando, preciosa", dijo con voz ronca, y hundió la cara ahí. Su lengua caliente lamió mi clítoris, círculos lentos que me hicieron arquear la espalda, gimiendo su nombre. El sonido de su succión, húmedo y obsceno, mezclado con mis jadeos, llenaba la habitación. Metió dos dedos dentro de mí, curvándolos justo ahí, tocando ese punto que me hace ver estrellas. "¡Diego, no pares, cabrón!", grité, mis caderas moviéndose solas contra su boca. El olor a sexo nos envolvía, sudor y jugos mezclados.
No aguanté más. Lo jalé arriba, guiando su verga a mi entrada. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome deliciosamente, llenándome hasta el fondo. "Neta, qué rica estás", gruñó, empezando a moverse, embestidas profundas y lentas al principio. Nuestros cuerpos chocaban con palmadas húmedas, piel resbalosa por el sudor. Aceleró, mis uñas clavándose en su espalda, dejando marcas rojas. Sentía cada vena de su polla frotando mis paredes, mi clítoris rozando su pubis con cada thrust. El placer subía como una ola, tenso, inevitable.
"Ven conmigo, amor", jadeó él contra mi cuello, mordisqueando la piel sensible. Explosé primero, mi coño apretándolo en espasmos, gritando sin control, el mundo volviéndose blanco. Él se vino segundos después, caliente y espeso dentro de mí, su cuerpo temblando sobre el mío. Nos quedamos así, pegados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco, el olor a sexo y sudor impregnando todo.
18 de mayo. Despertamos enredados, el sol filtrándose por las cortinas, calentando nuestras pieles desnudas. Diego me besó suave, "Fue mejor que cualquier diario". Reí, acariciando su cara barbuda. Guardamos el cuadernito juntos, un secreto compartido. Esta ciudad, este depa, este encuentro... todo por un diario de una pasion en ingles que despertó lo que ya latía en mí.
Me voy mañana, pero esto no termina. Prometimos vernos en Guadalajara. Mi cuerpo aún zumba con el recuerdo: el taste de su piel, el sonido de nuestros gemidos, el olor eterno de nuestra pasión. Qué chido es dejarse llevar.
Fin de esta entrada... pero no de la historia.