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Diario de una Pasion con Actores Principales

6999 palabras

Diario de una Pasion con Actores Principales

Querido diario, hoy todo cambió en el set de Diario de una Pasión, esa telenovela que me tiene clavada como pinche imán. Soy Ana, maquillista de veintiocho tacos, y desde el primer día que pisé los foros en Televisa San Ángel, mis ojos no se despegan de los actores principales: Diego y Valeria. Él, con ese porte de galán moreno, ojos negros que te desnudan con una mirada, y ella, una morra culona y tetona con labios carnosos que prometen pecados. Neta, cada vez que les paso el polvo o les arreglo el pelo, siento el calor subiéndome por las nalgas, el aire cargado de su colonia mezclada con sudor fresco de ensayo.

Esta mañana, mientras les ponía rubor a Valeria, su aliento me rozó el cuello, oliendo a menta y deseo. "Estás temblando, chula", me dijo bajito, su voz ronca como un ronroneo. Diego, desde el sofá, soltó una carcajada juguetona: "Órale, Ana, no seas pendeja, ven pa'cá que te calmo". Mi piel se erizó, el corazón me martilleaba en el pecho como tamborazo zacatecano. Intenté disimular, pero mis pezones se pararon duros bajo la blusa, traicionándome. El set olía a café fuerte y luces calientes, pero entre nosotros tres flotaba algo más espeso, como miel caliente derramándose.

¿Qué carajos me pasa? Estos dos son estrellas, yo solo la que les pinta la cara. Pero imagínate, sus manos en mi cuerpo, explorando cada curva...

El día avanzó con tomas intensas, besos falsos en pantalla que me ponían celosa. Al final del rodaje, Diego me jaló del brazo hacia su camerino. "Fiestón en mi depa esta noche, Ana. Valeria y yo queremos que vengas, ¿sale?" Su mano grande y cálida en mi cintura mandó chispas por mi espina. Valeria asomó la cabeza, con el escote abierto mostrando el valle de sus chichis perfectas. "No seas mamona, vente con nosotros, te vamos a consentir cañón". Asentí, la boca seca, el coño ya palpitando de anticipación. Salí del foro con las piernas flojas, el tráfico de la Ciudad de México zumbando afuera como mi pulso acelerado.

Acto segundo: la escalada. Llegué al penthouse de Diego en Polanco, luces tenues, música de mariachi electrónico retumbando suave, olor a tacos al pastor recién traídos de la taquería de la esquina. Éramos pocos, pero pronto los demás se pelaron, dejándonos solos a los tres. Valeria me sirvió un tequila reposado, sus dedos rozando los míos, fríos y suaves como seda. "Por el diario de una pasión real, no la de la novela", brindamos, riendo. Diego se acercó por detrás, su pecho duro contra mi espalda, aliento caliente en mi oreja: "Eres la chava más rica del set, Ana. Te hemos visto mirándonos".

Me giré, y sus labios capturaron los míos en un beso que sabía a tequila y hambre. Su lengua invadió mi boca, danzando con la mía, mientras Valeria nos observaba mordiéndose el labio, sus ojos brillando. "Qué rico besas, cabrón", le murmuré, mis manos enredándose en su pelo negro azabache. Ella se pegó a mí, besando mi cuello, chupando suave hasta dejarme la piel ardiendo. Olía a vainilla y jazmín, su perfume embriagador. Sentí sus tetas presionando mi espalda, duras y pesadas, mientras Diego bajaba las manos a mis nalgas, amasándolas con fuerza juguetona.

Caímos al sofá de piel blanca, riendo entre besos. Me quité la blusa con urgencia, exponiendo mis chichis medianas pero firmes, pezones oscuros pidiendo atención. Diego los lamió, succionando uno mientras pellizcaba el otro, enviando descargas eléctricas directo a mi entrepierna. "¡Ay, wey, qué sabroso!", gemí, el sonido de mi voz ahogado en la garganta. Valeria se desvistió despacio, como en cámara lenta, revelando su cuerpo escultural: cintura de avispa, culo redondo que rebotaba al moverse, y un coño depilado brillando de humedad. Se arrodilló entre mis piernas, abriéndolas con delicadeza. "Relájate, mi amor, te voy a comer viva".

¡Madre santa, su lengua en mi clítoris! Caliente, húmeda, girando en círculos perfectos. Olía a mi propia excitación, salada y dulce, mientras Diego metía su verga gruesa en mi boca.

Su verga era enorme, venosa, palpitante, sabor a hombre limpio con un toque salado. La chupé con ganas, lamiendo la cabeza hinchada, sintiendo cómo se endurecía más en mi garganta. Valeria lamía mi panocha con maestría, metiendo dos dedos curvos que rozaban mi punto G, haciendo que mis jugos corrieran por sus labios. El sofá crujía bajo nosotros, el aire cargado de gemidos y el slap slap de lenguas y piel. Diego gruñía: "¡Pinche chupada, Ana, eres una diosa!". La tensión crecía, mi cuerpo arco voltaico, músculos tensos, sudor perlando nuestras pieles.

Valeria se subió encima de mí, frotando su coño mojado contra el mío, clítoris contra clítoris en un tribbing frenético. Sus jugos se mezclaban con los míos, resbalosos, calientes, el roce enviando olas de placer. Diego nos veía, pajeadándose lento, su verga reluciente de mi saliva. "Ahora me toca a mí, cabrones", dijo, posicionándose. Primero me penetró a mí, lento, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Sentí cada vena pulsando dentro, llenándome hasta el fondo. Gemí alto, arañando su espalda ancha.

Cambiamos posiciones como en una coreografía erótica: Valeria montándolo a él mientras yo le comía el culo a ella, lengua hundida en su ano apretado, sabor almizclado y adictivo. Él la embestía fuerte, sus huevos golpeando mi barbilla, el sonido obsceno retumbando. Mi mano en mi clítoris, frotando furiosa, el orgasmo acercándose como tormenta. "¡Ya casi, wey, no pares!". Valeria gritó primero, convulsionando, su coño apretando la verga de Diego, lecheándome la cara con sus chorros. Yo exploté después, visión borrosa, cuerpo temblando, un grito gutural escapando.

Diego nos volteó a las dos, corriéndose en nuestras tetas, chorros calientes y espesos pintándonos como lienzo. El olor a semen fresco, almizcle puro, nos envolvió mientras jadeábamos, cuerpos entrelazados, pieles pegajosas de sudor y fluidos.

El afterglow. Nos quedamos tirados en el suelo mullido, risas flojas entre besos suaves. Valeria me acariciaba el pelo, Diego trazaba círculos en mi vientre. "Fue chingón, ¿verdad? Nuestro diario de una pasión con actores principales en vivo", bromeó él. Asentí, el cuerpo lánguido, satisfecho, un calorcito dulce expandiéndose. Afuera, la ciudad dormía bajo luces neón, pero adentro, habíamos creado nuestro propio mundo.

Diario mío, esto no fue un sueño. Diego y Valeria me han invitado a más "ensayos". Mi pasión por los actores principales apenas empieza. ¿Quién sabe qué páginas llenaremos mañana? Neta, la vida es un desmadre hermoso.

Fin de esta entrada, pero no de la historia. Besos.

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