Diario de una Pasión en Español
Entrada del 15 de mayo
Neta que no sé por dónde empezar este diario de una pasión en español que llevo guardando en el cajón de mi mesita de noche. Todo arrancó hace una semana en ese antro de la Condesa, con la música retumbando como si el mundo se fuera a acabar. Yo andaba con mis cuates, bailando al ritmo de unos corridos tumbados que ponían a todos en mood. Llevaba un vestido negro ajustadito que me hacía sentir chida, poderosa, con el escote dejando ver justo lo necesario para volver loco a cualquiera.
Ahí lo vi. Luis. Alto, moreno, con esa barba recortada que le daba un aire de hombre que sabe lo que quiere. Sus ojos cafés me clavaron cuando pasé cerca de la barra, y sentí un cosquilleo en la nuca, como si el aire se cargara de electricidad. Olía a tequila y a colonia fresca, ese aroma que te envuelve y te hace imaginar cosas sucias. Me sonrió, con dientes blancos perfectos, y me dijo: "¿Bailas o nomás vienes a ver?" Su voz grave me erizó la piel. Le contesté con una risa: "Prueba y verás, guapo." Y bailamos. Sus manos en mi cintura, firmes pero suaves, el calor de su cuerpo pegado al mío mientras la rola subía de volumen. Cada roce era una promesa, un "quiero más" silencioso.
Al final de la noche, me dejó su número. "Escríbeme, mija. No seas mala." Y yo, con el corazón latiendo a mil, lo hice al día siguiente.
Entrada del 20 de mayo
Han pasado días de mensajes que me dejan mojadita solo de leerlos. "Pienso en tus labios, en cómo saben a fresa y deseo", me escribe. Neta, Luis sabe cómo hacerme volar. Quedamos en un cafecito en Roma, uno de esos con mesas al aire libre y olor a pan recién horneado mezclado con el humo de los coches. Llegó puntual, con camisa blanca arremangada mostrando unos brazos fuertes, tatuados con un águila que me dio ganas de lamer.
¿Por qué me pones así, wey? Cada vez que te veo, mi cuerpo traiciona mi cabeza. Quiero ser la chica cool, pero termino imaginándote encima de mí, sudando, gimiendo mi nombre.
Hablamos horas. De la vida en la ciudad, de cómo el tráfico nos vuelve locos, de sueños locos como viajar a la playa. Sus risas profundas me vibraban en el pecho. Cuando nos despedimos, me tomó la mano, me jaló suave y me plantó un beso que me dejó temblando. Sus labios carnosos, cálidos, con sabor a café y menta. Su lengua rozó la mía, explorando despacio, y sentí su erección presionando contra mi vientre. "No aguanto más verte sin tocarte", murmuró contra mi boca. Yo solo pude asentir, con las rodillas flojas.
Desde entonces, la tensión es insoportable. Llamadas nocturnas donde su voz ronca me cuenta fantasías. "Te imagino desnuda, carnal, abriéndote para mí". Me toco pensando en él, el olor de mi propia excitación llenando la habitación, mis dedos resbalando en mi humedad. Pero quiero más. Quiero él.
Entrada del 25 de mayo
Hoy explotó todo. Lo invité a mi depa en Polanco, con velitas y una playlist de baladas rancheras suaves para ambientar. Preparé tacos de arrachera, bien jugosos, con cilantro fresco y limón que chorreaba. Él llegó con una botella de mezcal artesanal, de esos que queman la garganta y sueltan el alma. "Estás preciosa, reina", dijo, abrazándome fuerte. Su olor a jabón y hombre me mareó. Cenamos en la terraza, riendo de pendejadas, pero el aire estaba cargado, como antes de la lluvia.
Después de unos tragos, nos sentamos en el sofá. Su mano en mi muslo, subiendo despacio, enviando chispas por mi piel. Lo miré a los ojos: "Te deseo tanto que duele". Él sonrió pícaro: "Yo también, mi vida. Déjame cuidarte". Nos besamos con hambre. Sus labios devorándome, lengua enredándose, manos por todos lados. Le quité la camisa, besé su pecho firme, lamiendo el sudor salado que ya perlaba su piel. Él gimió, un sonido gutural que me mojó al instante.
Me cargó a la cama como si no pesara nada. El colchón nos recibió suave, las sábanas frescas contra mi espalda ardiente. Me desnudó lento, besando cada centímetro: cuello, pechos, vientre. Sus labios en mis pezones, chupando suave al principio, luego fuerte, mordisqueando hasta que arqueé la espalda gimiendo "¡Sí, así!". Bajó más, oliendo mi aroma almizclado de excitación. "Qué rica hueles, mami", gruñó, y su lengua encontró mi clítoris. Lamidas expertas, círculos perfectos, succionando mi botón hinchado mientras dos dedos me penetraban, curvándose justo en mi punto G. El placer era eléctrico, oleadas subiendo desde mi centro, mis jugos cubriendo su barbilla. Grité su nombre, temblando, pero él no paró hasta que exploté en un orgasmo que me dejó viendo estrellas, el cuerpo convulsionando, el sabor metálico del éxtasis en la boca.
Nunca sentí algo tan intenso. Mi panocha palpitaba, rogando por más. Él es un dios, neta.
Le jalé el pelo, lo subí. Le bajé el pantalón y ahí estaba su verga dura, gruesa, venosa, apuntando al techo. La tomé en la mano, piel aterciopelada sobre acero, y la lamí desde la base hasta la punta, saboreando su pre-semen salado. Él jadeaba: "Chíngame con la boca, guapa". La chupé profundo, garganta relajada, sintiendo cómo latía contra mi lengua. Sus caderas se movían, follándome la boca suave, gemidos roncos llenando la habitación.
No aguanté más. "Entra en mí, Luis. Fóllame ya". Se puso condón rápido, siempre responsable, y se posicionó. La punta rozó mi entrada húmeda, resbalando. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. Lleno, completo. Sus ojos en los míos mientras empezaba a moverse, lento al principio, salidas y entradas profundas que me hacían jadear. El sonido de piel contra piel, chapoteo de mis jugos, olor a sexo puro impregnando el aire.
Aceleró, embistiéndome fuerte, mis tetas rebotando, uñas clavadas en su espalda. "¡Más duro, pendejo!", le pedí juguetona, y él obedeció, clavándome como animal, pero con ternura en la mirada. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo, sintiendo su verga golpear mi cervix, mis caderas girando, clítoris frotándose en su pubis. Sudor goteando, mezclándose, bocas unidas en besos salvajes. El clímax nos alcanzó juntos: él gruñendo "Me vengo, cariño", yo gritando, paredes contrayéndose ordeñándolo, olas de placer infinito.
Entrada del 26 de mayo
Despertamos enredados, su brazo sobre mi cintura, el sol filtrándose por las cortinas. Olía a nosotros, a pasión consumada. Me besó la frente: "Eres increíble. Quiero más noches así". Preparamos desayuno riendo, huevos revueltos con chorizo que chisporroteaba en la sartén, café humeante. Hablamos del futuro, planes para la playa, sin presiones, solo flow natural.
Este diario de una pasión en español apenas empieza. Luis despertó algo en mí, un fuego que no se apaga. Neta, la vida está chida cuando encuentras a alguien que te hace vibrar así.
Aún siento su tacto fantasma en mi piel, el eco de sus gemidos en mis oídos. Soy más viva, más mujer. Y sé que volverá pronto.