Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Pasión Capítulo 80 Fuego en la Sangre Pasión Capítulo 80 Fuego en la Sangre

Pasión Capítulo 80 Fuego en la Sangre

6656 palabras

Pasión Capítulo 80 Fuego en la Sangre

En el corazón de Polanco, donde las luces de la ciudad parpadean como estrellas coquetas, Ana se arreglaba frente al espejo de su departamento. El vestido rojo ceñido a su cuerpo curvilíneo le hacía sentir poderosa, como si cada curva gritara deseo. Hacía semanas que no veía a Marco, su amante intermitente, ese moreno alto con ojos que prometían travesuras. El aire olía a jazmín del balcón y a su perfume dulzón, un toque de vainilla que la ponía cachonda solo de olerlo.

El timbre sonó y su pulso se aceleró. Abrió la puerta y ahí estaba él, con camisa negra desabotonada lo justo para mostrar el vello oscuro de su pecho. "Mamacita, estás para comerte viva", le dijo con esa voz ronca que le erizaba la piel. Se fundieron en un abrazo, sus labios chocando con hambre contenida. Sabían a tequila y menta, un cóctel que la mareaba.

Entraron al sofá, las manos de Marco explorando su espalda mientras besaban con urgencia. Ana sentía el calor de su erección presionando contra su muslo, duro como piedra. Qué rico se siente, neta que lo extrañé, pensó, mientras sus dedos se enredaban en su cabello. Pero se separaron un segundo, riendo. "Espera, wey, vamos a cenar primero", bromeó ella, aunque su cuerpo pedía más.

La cena fue en un restaurante cercano, velas titilando y mariachis lejanos cantando rancheras que hablaban de amores imposibles. Bajo la mesa, los pies se rozaban, enviando chispas por sus piernas. Marco le contaba de su viaje a Guadalajara, pero Ana solo oía el latido de su corazón y olía su colonia amaderada mezclada con sudor fresco. Quiero que me bese aquí mismo, pendejo, se dijo, mordiéndose el labio.

Volvieron al depa caminando lento, el viento nocturno fresco contra su piel ardiente. En el elevador, no aguantaron: Marco la acorraló contra la pared, besándola profundo, lengua danzando con la suya. Sus manos bajaron a sus nalgas, apretando con fuerza juguetona. "Estás mojada ya, ¿verdad, preciosa?", murmuró en su oído, y ella gimió bajito, sintiendo la humedad entre sus piernas.

Esto es puro fuego, como en esa telenovela que vimos, Pasión capítulo 80, donde la protagonista se entrega sin reservas. Neta, quiero ser ella esta noche.

Adentro, la ropa voló. Ana lo empujó al sillón, montándose a horcajadas sobre él. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, palpitando contra su panocha a través de las bragas empapadas. Lo miró a los ojos, esos pozos negros de lujuria. "Te voy a chingar hasta que grites mi nombre, cabrón", le dijo con voz seductora, usando ese slang juguetón que los ponía a mil.

Se besaron lento al principio, saboreando cada roce. Sus pechos rozaban el pecho de él, pezones duros como balas. Marco lamía su cuello, bajando a los senos, chupando un pezón mientras pellizcaba el otro. Ana arqueó la espalda, gimiendo fuerte, el sonido rebotando en las paredes. Olía a sexo incipiente, a piel sudada y excitación femenina dulce.

Deslizó la mano abajo, envolviendo su pinga caliente. La masturbó despacio, sintiendo cada vena, el prepucio suave deslizándose. Es tan grande, me va a llenar toda, pensó, mientras él gemía "¡Ay, qué chida mano tienes, reina!". Ella se quitó las bragas, frotando la cabeza contra su clítoris hinchado. El placer era eléctrico, cosquillas subiendo por su espina.

Pero no entró aún. Quería alargar la tortura deliciosa. Se puso de rodillas, oliendo su masculinidad almizclada. Lo miró desde abajo, traviesa. "¿Quieres que te la chupe, amor?". Él asintió, jadeando. Su boca lo envolvió, lengua girando alrededor del glande salado. Chupaba profundo, garganta relajada, saliva goteando. Marco agarraba su cabeza, empujando suave, "¡Sí, así, no pares, puta rica!", gruñía, pero siempre con cariño, consintiendo cada movimiento.

Ana se excitaba más viéndolo retorcerse. Su concha palpitaba vacía, jugos corriendo por sus muslos. Se levantó, guiándolo a la cama. Ahí, en las sábanas frescas de algodón egipcio, se tumbaron. Marco la volteó boca abajo, besando su espalda, bajando a las nalgas. Separó las cachetes y lamió su ano primero, juguetón, luego bajó a la panocha empapada. Su lengua era mágica, lamiendo labios mayores, chupando el clítoris, metiendo dos dedos curvos que tocaban ese punto G perfecto.

¡Dios! Ana gritaba, "¡Más, cabrón, no te detengas!". Olas de placer la sacudían, caderas moviéndose solas. Olía su propia excitación, mezcla de miel y sal. Sudaban juntos, pieles resbalosas pegándose. Él la volteó, posicionándose. Ahora sí, métemela toda, suplicó en silencio.

Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándola deliciosamente. Ambos gimieron al unísono. Estaba tan mojada que resbalaba fácil, pero apretaba fuerte adentro. Marco embestía lento al inicio, mirándola a los ojos, "¿Te gusta, mi vida? ¿Así te chingo bien?". Ella asentía, uñas clavándose en su espalda, dejando marcas rojas.

Pasión capítulo 80 no se compara con esto, aquí no hay guion, solo nosotros dos ardiendo vivos.

La intensidad creció. Cambiaron posiciones: ella encima, cabalgándolo como amazona salvaje. Sus tetas rebotaban, él las amasaba. El sonido de piel contra piel era obsceno, chapoteos húmedos y jadeos roncos. Ana sentía el orgasmo building, un nudo en el vientre apretándose. "¡Me vengo, Marco, ayúdame!". Él frotaba su clítoris mientras la penetraba duro desde abajo.

Explotó primero ella, un tsunami de placer que la hizo convulsionar, chorros calientes mojando sus pelvis. Gritó su nombre, visión borrosa. Marco no paró, prolongando su clímax hasta que él también llegó, gruñendo como bestia, llenándola de semen caliente, pulsos y pulsos dentro.

Se derrumbaron exhaustos, abrazados, pieles pegajosas de sudor y fluidos. El cuarto olía a sexo puro, a pasión consumada. Marco la besó suave, "Eres lo máximo, Ana. Neta, esto fue épico". Ella sonrió, acariciando su rostro barbado. En este momento, todo es perfecto. Mañana quién sabe, pero esta noche fue nuestra Pasión capítulo 80, inolvidable.

Se quedaron así, respiraciones calmándose, cuerpos entrelazados. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero adentro reinaba la paz del afterglow. Ana sintió un calor nuevo en el pecho, no solo físico. Tal vez esto era más que sexo. Cerró los ojos, saboreando el beso final, dulce y prometedor.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.