Relatos Prohibidos
Inicio Infidelidad Estreno en el Abismo de Pasión Estreno en el Abismo de Pasión

Estreno en el Abismo de Pasión

6725 palabras

Estreno en el Abismo de Pasión

La noche en el Palacio de Bellas Artes estaba cargada de ese glamour que solo los estrenos en México saben tener. Luces rojas alfombradas voces emocionadas flotando en el aire perfumado de jazmines y colonia cara. Yo Ana de veintiocho años vestida con un vestido negro ceñido que me hacía sentir como una diosa del deseo llegué sola pero con el corazón latiendo a mil. Era el estreno de Abismo de Pasión la nueva versión de esa telenovela que me había marcado en la adolescencia con sus pasiones prohibidas y amores que ardían como chile en la boca.

Me acomodé en mi asiento filita del centro el telón subiendo despacio mientras el público aplaudía. Pero mi atención se desvió cuando sentí una mirada clavada en mí. A mi lado derecho un tipo guapísimo ojos oscuros como pozos sin fondo sonrisa pícara y un traje que le quedaba como pintado. Órale pensé

¿Quién es este cabrón que me mira como si ya me conociera de toda la vida?
Se inclinó un poco y susurró:

Mamacita ¿vienes por la pasión o por el abismo?

Me reí bajito el calor subiéndome por las mejillas. —Por las dos güey. ¿Y tú?

—Diego —se presentó extendiendo la mano fuerte cálida con un anillo plateado que brillaba bajo las luces—. Vengo a revivir viejos recuerdos. Esa novela me ponía bien caliente de morrillo.

Su voz grave ronca con ese acento chilango puro me erizó la piel. La función empezó pero yo ya no veía la pantalla. Sentía su pierna rozando la mía accidentalmente al principio luego no tanto. El olor de su loción especiada mezclándose con mi perfume de vainilla me mareaba. Cada escena de besos intensos en la novela era como un eco de lo que bullía entre nosotros. Esto va a pasar me dije mientras mi pulso se aceleraba.

Al final del primer acto el intermedio nos encontró en el lobby con copas de champagne en la mano. Hablábamos de todo y nada de los giros locos de la trama de cómo el abismo de pasión engulle a los amantes. Sus ojos no se despegaban de mis labios y yo no podía evitar morderlos pensando en los suyos.

Neto que esta noche promete —dijo él acercándose tanto que su aliento tibio me rozó la oreja—. ¿Quieres salir de aquí y buscar nuestro propio abismo?

Mi cuerpo respondió antes que mi boca. Sí carajo sí. —Llévame —le contesté con la voz temblorosa de anticipación.

Acto dos: la escalada

Salimos tomados de la mano la noche mexicana envolviéndonos con su brisa húmeda y el bullicio de taxis pitando. Subimos a su camioneta negra olía a cuero nuevo y a él ese aroma masculino que me ponía las entremedias húmedas. En el camino a su depa en Polanco sus dedos jugaban en mi muslo subiendo despacio la falda arrugando la tela suave contra mi piel sensible. Yo gemía bajito mordiéndome el labio mientras el tráfico nos daba tiempo para torturarnos.

Estás rica Ana —murmuró metiendo la mano más arriba rozando mi tanga de encaje—. Quiero saborearte ya.

Mi mente era un remolino: ¿Y si es un loco? No mames ya estoy empapada y su dedo me está volviendo loca. Esto es consensual puro fuego mutuo.

Llegamos a su penthouse minimalista luces tenues música de fondo suave con toques de mariachi electrónico. Me empujó contra la pared besándome con hambre labios carnosos lengua danzando la mía probando a champagne y deseo. Sus manos expertas bajaron el zipper de mi vestido dejándolo caer como una cascada negra. Quedé en bra y tanga mis pezones duros como piedras bajo su mirada hambrienta.

Qué chingona estás —gruñó quitándose la camisa revelando un torso marcado gym de Crossfit pectorales que pedían ser lamidos. Olía a sudor limpio excitación pura. Me cargó como pluma a la cama king size sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente.

Empezó lento torturándome con besos en el cuello chupando mi lóbulo oreja mientras sus dedos separaban mis labios inferiores resbaladizos de jugos. Qué rico jadeé arqueándome cuando su boca bajó a mis tetas lamiendo succionando hasta que grité su nombre. El sonido de mi propia voz ronca mezclándose con sus gruñidos bajos el slap suave de su lengua en mi clítoris hinchado.

Dame tu verga Diego —supliqué desesperada palpando su bulto enorme tieso palpitante bajo el pantalón. Se la sacó gruesa venosa cabeza roja brillando de precum. La probé salada caliente deslizándola en mi boca profunda garganta hasta que me ahogué de placer. Él gemía cabrón jalándome el pelo suave no violento puro instinto animal.

La tensión crecía como volcán a punto de estallar. Me volteó a cuatro patas su lengua explorando mi ano primero tentative luego voraz mientras sus dedos me follaban la concha empapada. Olía a sexo nuestro almizcle mezclado con su aftershave.

No aguanto más métemela ya pendejo hazme tuya en este abismo.

Se puso condón —siempre responsable güeyes— y me penetró de golpe lento al inicio estirándome deliciosamente hasta el fondo. Ay wey qué grande grité mis paredes contrayéndose alrededor de su verga dura como fierro. Empezó a bombear ritmado primero mis caderas chocando contra las suyas slap slap slap sudando pegajosos el colchón crujiendo.

Aceleró follándome fuerte profundo cada embestida rozando mi punto G enviando ondas de placer eléctrico por mi espina. Yo me retorcía clavándole las uñas en la espalda oliendo su piel salada lamiendo su cuello sudoroso. —Más cabrón más —lo arengaba él respondiendo con gruñidos primitivos acelerando hasta que sentí el orgasmo construyéndose como ola gigante.

Acto tres: la liberación

Explotamos juntos yo primero mi concha apretándolo en espasmos incontrolables chorros calientes empapando las sábanas gritando Diego mi amor él segundos después rugiendo mi nombre vaciándose en pulsos potentes dentro del látex. Colapsamos jadeantes cuerpos entrelazados piel contra piel pegajosa de sudor el corazón latiéndonos al unísono como tambores aztecas.

Después en el afterglow fumamos un cigarro en la terraza ciudad luces titilando abajo su brazo alrededor de mi cintura. —Eso fue el verdadero estreno de Abismo de Pasión —dijo besándome la sien.

Sí lo fue pensé y no hay regreso solo este abismo adictivo donde quiero perderme contigo cada noche.

Nos quedamos así hasta el amanecer sabiendo que esto era solo el principio de algo profundo ardiente mexicano hasta los huesos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.