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Las Pasiones del Alma Descartes Resumen Carnal

5859 palabras

Las Pasiones del Alma Descartes Resumen Carnal

Estás sentado en un cafecito chulo de Coyoacán, con el aroma del café de olla subiendo hasta tus narices, mezclado con el dulzor de los churros recién hechos que pasa el mesero. El sol de la tarde mexicana filtra por las ventanas empañadas, calentando tu piel bajo la camisa de lino. Frente a ti, un librito viejo: Las pasiones del alma de Descartes. Lo hojeas, pensando en ese resumen que tanto te obsesiona, esas ideas sobre el alma y los deseos que arden como fuego en el pecho.

De repente, ella entra. Isabella, con su falda floreada que roza sus muslos morenos, el cabello negro suelto cayendo como cascada sobre hombros perfumados a jazmín. Sus ojos cafés te clavan cuando te ve con el libro. ¿Será que también anda en estas pasiones? piensas, mientras tu pulso se acelera solo con verla caminar, el clic-clac de sus sandalias contra el piso de loseta.

—Órale, wey, ¿Las pasiones del alma de Descartes? —dice con esa voz ronca, sentándose sin pedir permiso. Su rodilla roza la tuya bajo la mesa, un toque eléctrico que te hace tragar saliva.

—Neta, sí. Estoy armando un resumen en mi cabeza. Las pasiones como movimientos del alma, ¿no? Amor, odio, deseo... todo eso que nos mueve como marionetas — respondes, oliendo su aliento a menta fresca cuando se inclina.

Se ríe, un sonido gutural que vibra en tu pecho. Qué chingona, piensas. Piden un par de cafés, y mientras charlan, sus dedos juguetean con el borde de tu libro. El calor sube, no solo del vapor del café. Hablas de Descartes, de cómo las pasiones del alma son como vientos que inflan las velas del cuerpo. Ella escucha, mordiéndose el labio inferior, hinchado y rosado, invitándote sin palabras.

La tensión crece con cada frase. Su pie descalzo sube por tu pantorrilla, suave como seda, mientras resumes: las pasiones del alma Descartes resumen en tu mente, pero lo dices en voz alta, adaptándolo a lo que sientes. —El deseo es la pasión que te hace anhelar unirte al otro, como imanes jodidos.

El cafecito se vacía, el sol baja tiñendo todo de naranja. —Vámonos a mi depa, aquí cerquita —propone ella, su mano en tu muslo, apretando con promesa. Consientes con un guiño, el corazón latiéndote como tamborazo en la sien.

En su departamento, un oasis bohemio en la colonia, con velas de vainilla encendidas y música de Natalia Lafourcade de fondo suave. El aire huele a su piel, salada y dulce, mientras cierras la puerta. Isabella te empuja contra la pared, sus labios chocando con los tuyos en un beso hambriento. Saben a café y a algo prohibido, lenguas danzando como en un ritual ancestral.

Esto es la pasión del alma hecha carne, piensas, mientras tus manos recorren su espalda, sintiendo el calor de su carne bajo la blusa ligera. Ella gime bajito, un sonido que te eriza la nuca, y te quita la camisa con urgencia, uñas rozando tu pecho, dejando surcos rojos que arden placenteramente.

—Cuéntame más de ese resumen, cabrón —murmura contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible. Su aliento caliente te hace jadear.

La llevas al sillón, tumbándola suave. Le besas el ombligo, bajando lento, inhalando el aroma almizclado de su excitación que impregna el aire. Sus muslos tiemblan cuando separas sus piernas, la falda subiendo como invitación. Las pasiones del alma, piensas, son esto: el alma gritando por unión.

Tu lengua explora su centro húmedo, salado y dulce como pulque fresco. Ella arquea la espalda, gimiendo ¡chinga, sí!, sus manos enredadas en tu pelo, tirando con fuerza que duele rico. El sabor de ella te embriaga, pulsos latiendo en tus oídos como mariachi en fiesta. La haces venir lento, lamiendo con devoción, hasta que su cuerpo convulsiona, un grito ahogado que llena la habitación.

Pero no paras. La volteas, su culo redondo presionando contra ti. Desabrochas tu pantalón, liberando tu verga dura como piedra, palpitante. Ella gira, ojos vidriosos: —Te quiero adentro, wey. Hazme sentir esas pasiones.

Entras en ella despacio, centímetro a centímetro, sintiendo su calor envolvente, apretado y resbaloso. Descartes tenía razón, piensas, el alma se apasiona en el cuerpo. Empujas rítmico, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con sus jadeos y tus gruñidos. Sudor perla vuestras pieles, salado al lamer su hombro.

La intensidad sube como volcán en erupción. Cambian posiciones: ella encima, cabalgándote salvaje, tetas rebotando, pezones duros rozando tu pecho. Agarras sus caderas, guiándola, oliendo su cabello empapado.

Las pasiones del alma Descartes resumen: amor que quema, deseo que consume —le susurras al oído, y ella ríe entre gemidos, apretándote más.

El clímax se acerca, tensiones acumuladas explotando. Tus bolas se aprietan, su coño palpita alrededor de ti. —¡Ven conmigo, pendejo! —grita ella, y lo haces, corriéndote profundo, chorros calientes llenándola mientras ella tiembla en oleadas, uñas clavadas en tu espalda.

Caen exhaustos, enredados en sábanas revueltas que huelen a sexo y jazmín. Su cabeza en tu pecho, escuchas su corazón calmándose al unísono con el tuyo. El aire post-coital es espeso, satisfecho.

—Neta, ese resumen fue lo mejor que he oído —dice riendo bajito, trazando círculos en tu piel con el dedo.

Las pasiones del alma, piensas, no son solo palabras de un filósofo francés. Son esto: conexión profunda, cuerpos y almas entrelazados en México, bajo este cielo estrellado que se asoma por la ventana. La besas la frente, saboreando la paz que sigue a la tormenta, sabiendo que esto apenas empieza.

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