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La Cancion de la Novela Pasion Nos Enciende

7839 palabras

La Cancion de la Novela Pasion Nos Enciende

Estás recostada en el sofá de tu depa en la Condesa, con el control remoto en la mano y el aire cargado del aroma a café recién hecho que flota desde la cocina. Es una noche cualquiera en la Ciudad de México, pero el tráfico de afuera se ha calmado y solo se oye el zumbido suave del ventilador de techo. Enciendes la tele y das play a tu telenovela favorita, Pasión, esa que te tiene clavada semana tras semana con sus dramas intensos y sus miradas que queman. De repente, arranca la cancion de la novela pasion, esa melodía ronca y sensual que te eriza la piel cada vez que suena. Las notas graves del mariachi mezclado con guitarra eléctrica te envuelven, hablando de amores prohibidos y cuerpos que se buscan en la oscuridad.

Piensas en Marco, tu carnal que anda por ahí comprando unas chelas.

Órale, si estuviera aquí, ya le estaría trepando encima con esta rola de fondo
, te dices mientras ves a los protas en pantalla, ella con el escote profundo y él con esa camisa entreabierta que deja ver el pecho moreno. Sientes un cosquilleo entre las piernas, el calor subiendo despacio por tus muslos. El perfume de tu loción de vainilla se mezcla con el leve sudor de la noche calurosa, y te muerdes el labio imaginando manos fuertes recorriendo tu piel.

La puerta se abre de golpe y entra Marco, con las bolsas de chelas en una mano y esa sonrisa pícara que te deshace. "¿Qué onda, nena? ¿Ya empezó la novela?" dice, dejando todo en la mesa y viniéndose a sentar a tu lado. Su olor a calle y colonia barata te golpea, mezclado con el jabón fresco de su piel. Se acomoda pegadito, su muslo rozando el tuyo, y el contacto envía una descarga eléctrica directo a tu centro. Tú le pasas un brazo por los hombros, atrayéndolo más cerca mientras la canción sigue sonando en la tele, envolviéndolos como una niebla ardiente.

En la pantalla, los amantes se besan con furia, y Marco suelta un "puta madre, qué caliente se pusieron estos weyes". Tú ríes bajito, pero sientes su mano posándose en tu rodilla, subiendo despacio por el interior de tu muslo. El roce de sus dedos callosos contra tu piel suave te hace jadear.

Ya valió, esta noche no hay novela que nos pare
, piensas, mientras volteas a verlo. Sus ojos oscuros brillan con ese hambre que conoces tan bien, y sin decir nada, te inclinas para besarlo. Sus labios son cálidos, con sabor a menta del chicle que masticaba, y su lengua invade tu boca con urgencia, bailando al ritmo de la canción que no para.

Acto uno del deseo se desata ahí mismo. Tus manos se enredan en su pelo revuelto, tirando suave para que gima contra tu boca. Él te empuja contra los cojines del sofá, su cuerpo pesado cubriendo el tuyo, y sientes la dureza de su verga presionando contra tu entrepierna a través de los jeans. El sonido de sus respiraciones agitadas se mezcla con la melodía sensual de la tele, las cuerdas vibrando como si tocaran vuestras venas. Hueles su excitación, ese almizcle masculino que te moja al instante, y bajas la mano para restregarle la entrepierna, sintiendo cómo palpita bajo tu palma.

"Estás cañón esta noche, mi reina", murmura él contra tu cuello, mordisqueando la piel sensible justo debajo de la oreja. Tú arqueas la espalda, ofreciéndole más, mientras sus dedos se cuelan bajo tu blusa corta, encontrando tus pezones ya duros como piedras. Los pellizca suave, y un gemido se te escapa, ronco y needy. La canción de la novela pasión llega a su crescendo, y parece que late con vuestros corazones acelerados. Te quitas la blusa de un jalón, quedando en bra de encaje negro, y él se lanza a lamerte el valle entre los senos, su lengua caliente dejando un rastro húmedo que brilla bajo la luz tenue de la lámpara.

El calor sube, el sudor perla en vuestras frentes, y el sofá cruje bajo el peso de vuestros movimientos. Marco se pone de rodillas frente a ti, desabrochándote los shorts con dientes, y tú levantas las caderas para ayudarlo. Cuando te los quita, junto con las tangas, el aire fresco roza tu panocha húmeda, y él suelta un "chíngame, qué rica estás mojada". Su aliento caliente te calienta más, y antes de que pidas, mete la cara entre tus piernas. Sientes su lengua plana lamiéndote desde el clítoris hasta el culo, sorbiendo tus jugos con avidez. El sabor salado de tu excitación lo enloquece, y tú agarras su cabeza, empujándolo más adentro mientras la canción retumba, ahora como un pulso en tu sangre.

Pero no quieres acabar así todavía. Lo jalas arriba, desabrochándole el cinturón con dedos temblorosos. "Quiero tu verga adentro, wey, ya no aguanto", le dices con voz ronca, y él se ríe, ese sonido grave que te vibra en el pecho. Se baja los pantalones, liberando su miembro grueso y venoso, la cabeza ya brillando de pre-semen. Tú lo agarras, masturbándolo lento mientras él te besa, compartiendo el sabor de tu propia esencia en su boca. El roce de su piel contra la tuya es fuego puro, sudor mezclándose, corazones latiendo al unísono.

En el clímax de la tensión, te volteas boca abajo en el sofá, empinando el culo alto como ofrenda. Él se posiciona atrás, frotando la punta contra tus labios hinchados, untándote de su humedad.

Neta, esta canción nos tiene poseídos, como si fuéramos los protas de la novela
, piensas mientras él empuja despacio, abriéndote centímetro a centímetro. Gimes fuerte cuando te llena por completo, su verga gruesa estirándote delicioso, tocando ese punto que te hace ver estrellas. Empieza a moverse, lento al principio, saliendo casi todo para volver a hundirse profundo, el sonido chapoteante de vuestros cuerpos uniéndose al ritmo de la música que ahora es solo un eco lejano.

Acelera, sus caderas chocando contra tu culo con palmadas que resuenan en el cuarto. Tú te arqueas más, clavando las uñas en los cojines, sintiendo cada vena de su polla rozando tus paredes. "¡Más duro, pendejo, rómpeme!" gritas, y él obedece, agarrándote las caderas con fuerza, follando como animal. El olor a sexo inunda el aire, sudor goteando de su pecho a tu espalda, su aliento jadeante en tu oreja. Tus pezones rozan la tela áspera del sofá, enviando chispas directas a tu clítoris. La presión crece, un nudo apretándose en tu vientre, y sientes sus bolas tensándose contra ti.

El orgasmo te arrasa primero, un tsunami que te hace convulsionar, chorreando alrededor de su verga mientras gritas su nombre. Él te sigue segundos después, hinchándose dentro y soltando chorros calientes que te llenan hasta rebosar, gimiendo como loco. Se derrumban juntos, su peso sobre ti protector, respiraciones entrecortadas sincronizándose poco a poco. La canción de la novela pasión termina en la tele, dejando solo el sonido de vuestros jadeos y el tráfico lejano.

Marco se sale despacio, un hilo de semen conectándolos aún, y te voltea para besarte tierno, lamiendo el sudor de tu frente. "Esa rola siempre nos prende, ¿verdad, mi vida?" dice, y tú asientes, acurrucándote en su pecho ancho. Sientes el latido firme de su corazón calmándose, el calor residual entre vuestras piernas, el aroma almizclado pegado a las sábanas que arrastran del cuarto. En el afterglow, piensas en cómo esa simple melodía transforma noches ordinarias en fuegos eternos, un lazo invisible que los une más allá de la pantalla.

Mientras la novela sigue con comerciales, él te acaricia el pelo, y tú trazas círculos perezosos en su abdomen. No hay prisa, solo la paz de cuerpos saciados y almas entrelazadas. La Ciudad de México duerme afuera, pero en su depa, la pasión de la novela vive en ellos, lista para encenderse de nuevo con la próxima canción.

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