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Encuentro con Escort Pasión

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Encuentro con Escort Pasión

La noche en el Polanco de la Ciudad de México se sentía cargada de promesas. Tú, un tipo ejecutivo cansado de las juntas eternas y las cenas solitarias, habías decidido darte un gusto. Escort Pasión, la había visto en la página web: curvas que hipnotizaban, ojos que prometían fuego y una sonrisa que decía ven y déjate llevar. No era cualquier chamaca; era profesional, empoderada, dueña de su cuerpo y su placer. Marcaste el número, y media hora después, el timbre de tu suite en el hotel sonó como un latido acelerado.

Abres la puerta y ahí está ella, Pasión, envuelta en un vestido negro ceñido que deja poco a la imaginación. Su perfume invade el aire, una mezcla dulce de vainilla y jazmín que te eriza la piel. Órale, wey, esta morra es neta una diosa, piensas mientras la invitas a pasar. Sus tacones repiquetean contra el mármol del piso, un sonido rítmico que acelera tu pulso.

—Buenas noches, guapo — dice con voz ronca, mexicana hasta los huesos, con ese acento chilango que calienta la sangre. Se acerca, roza tu brazo con las yemas de sus dedos, suaves como seda. Tú sientes el calor de su cuerpo, el roce eléctrico que sube por tu espina dorsal. —Soy Pasión, tu escort pasión para esta noche. ¿Qué te apetece?

Te quedas mudo un segundo, embobado por sus labios carnosos pintados de rojo fuego. La habitación huele a su esencia ahora, mezclada con el aroma del tequila reposado que tenías en la mesita. Le sirves un trago, y mientras brindan, sus ojos te devoran. Hablan de todo y nada: del pinche tráfico de Reforma, de cómo la vida en la ciudad te agota, de sus viajes a Cancún donde el mar la hace sentir viva. No es solo charla; hay una conexión, un juego de miradas que enciende la chispa.

Te sientas en el sofá de cuero, y ella se acomoda a tu lado, cruzando las piernas de forma que su falda sube un poco, revelando piel morena y suave. Su mano descansa en tu muslo, un toque casual que no lo es. Esto va a estar chingón, rumias en tu mente, mientras sientes cómo tu verga empieza a despertar bajo los pantalones. El aire se espesa con tensión, el zumbido del aire acondicionado como fondo a vuestros susurros.

¿Y si esto es más que un rato? ¿Y si su pasión me quema de verdad?

Pasión se inclina, su aliento cálido en tu cuello. —Relájate, papi. Esta noche soy tuya, y tú eres mío. Sin prisas.

El beso llega como una ola. Sus labios se pegan a los tuyos, suaves, húmedos, con sabor a tequila y deseo puro. Su lengua explora tu boca con maestría, bailando un tango que te deja jadeante. Tus manos recorren su espalda, sintiendo la curva de su cintura, el calor que irradia su piel a través del vestido. Ella gime bajito, un sonido gutural que vibra en tu pecho, y te empuja suave contra el sofá.

Se sube a horcajadas sobre ti, sus caderas moviéndose en círculos lentos, frotándose contra tu erección creciente. El vestido se sube, revelando encaje negro que apenas cubre su monte de Venus. Hueles su arousal, ese aroma almizclado y dulce que te vuelve loco. Tus dedos se clavan en sus nalgas firmes, redondas, perfectas para apretar. Qué rica está esta chava, piensas, mientras ella desabrocha tu camisa, besando tu pecho, lamiendo tus pezones con la punta de la lengua.

—Te quiero desnudo, wey — murmura, mordisqueando tu oreja. Sus uñas arañan tu abdomen, dejando rastros de fuego. Tú la ayudas, levantas el vestido por su cabeza, y ahí está: tetas grandes, pezones oscuros y erectos, invitándote. Las chupas con hambre, saboreando su piel salada, mientras ella arquea la espalda y suelta un ¡ay, cabrón! que te hace reír y endurecerte más.

La llevas en brazos a la cama king size, el colchón hundiéndose bajo vuestro peso. Ella se tumba, abriendo las piernas con confianza, sus ojos fijos en los tuyos. —Mírame, amor. Esto es placer mutuo. Tócala — dice, guiando tu mano a su coño empapado. Tus dedos se deslizan en su humedad caliente, resbalosos, encontrando su clítoris hinchado. Ella jadea, mueve las caderas contra tu palma, escort pasión en cada gemido.

La comes con la boca ahora, lengua hundida en sus pliegues jugosos, saboreando su néctar ácido y dulce. Su sabor te enloquece, como mango maduro mezclado con sal del mar. Sus manos enredadas en tu pelo, tirando fuerte, mientras grita ¡sí, así, no pares, pendejo delicioso!. Su cuerpo tiembla, el primer orgasmo la sacude como un terremoto, jugos inundando tu barbilla.

Tú no aguantas más. Te quitas el pantalón, tu verga saltando libre, venosa y palpitante. Ella la agarra, masturba con mano experta, el sonido de piel contra piel húmeda llenando la habitación. —Qué chingona está tu verga, guapo. Entra en mí — suplica, abriendo más las piernas.

Te hundes en ella despacio, centímetro a centímetro, sintiendo cómo su coño te aprieta, caliente, apretado, perfecto. Neta, esto es el paraíso, piensas mientras empiezas a bombear, lento al principio, saboreando cada embestida. Sus tetas rebotan con cada thrust, sus uñas en tu espalda dejando marcas. El slap-slap de vuestros cuerpos choca, sudor perlando vuestras pieles, el olor a sexo crudo impregnando el aire.

Aceleras, ella envuelve tus caderas con sus piernas, clavándote más profundo. —¡Fóllame duro, amor! ¡Dame tu leche! — grita, sus ojos en llamas. Tú sientes el orgasmo construyéndose, bolas tensas, pulso latiendo en tus sienes. Ella se corre otra vez, su coño contrayéndose alrededor de tu verga como un puño de terciopelo, llevándote al borde.

Explotas dentro de ella, chorros calientes llenándola, gruñendo como animal. El placer te ciega, ondas de éxtasis recorriendo cada nervio. Colapsas sobre su pecho, corazones galopando al unísono, respiraciones entrecortadas. Su piel pegajosa contra la tuya, el afterglow envolviéndolos como niebla tibia.

Pasión acaricia tu cabello, besándote la frente. —Fue increíble, ¿verdad? Eres un amante de primera — susurra. Tú asientes, exhausto, satisfecho. Hablan en voz baja, de sueños, de la vida que corre demasiado rápido. No hay prisa por irse; esta escort pasión ha despertado algo en ti, un fuego que no se apaga fácil.

Al amanecer, se despiden con un beso largo, prometiendo quizás otro encuentro. Sales del hotel con el cuerpo liviano, el alma plena. La noche con Escort Pasión cambió todo, piensas mientras el sol besa las calles de Polanco. Y sabes que volverás por más.

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