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Novela Pasion de Gavilanes Capitulo 1 Fuego en la Sangre

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Novela Pasion de Gavilanes Capitulo 1 Fuego en la Sangre

El sol de mediodía caía a plomo sobre la hacienda Los Gavilanes en las afueras de Culiacán Sinaloa. Tú eras Rosalba una citadina de Guadalajara que habías llegado de visita a tu tía por unos días para desconectarte del ajetreo urbano. El aire olía a tierra seca y jazmín silvestre mezclado con el sudor de los caballos en los corrales. Tus sandalias crujían sobre la grava mientras caminabas hacia la casa principal esa primera tarde pensando qué chingón lugar tan imponente con sus muros de adobe blanco y buganvillas rojas trepando por todos lados.

De repente lo viste. Javier el mayor de los tres hermanos que administraban la hacienda. Alto moreno con ojos negros como la noche y una sonrisa pícara que te erizó la piel. Llevaba una camisa de manta remangada dejando ver sus antebrazos musculosos bronceados por el sol. Estaba ensillando un caballo y el animal relinchaba suave mientras él le susurraba palabras en voz baja. Qué wey tan mamador pensaste mordiéndote el labio inferior sin darte cuenta. Él levantó la vista y sus ojos se clavaron en los tuyos. Un escalofrío te recorrió la espina dorsal a pesar del calor agobiante.

Hola guapa dijo acercándose con paso seguro su voz grave como un ronroneo. ¿Primera vez en Los Gavilanes? Asentiste sintiendo cómo tu corazón latía más rápido. El olor a cuero y hombre sudado te envolvió cuando él te tendió la mano para ayudarte a subir al caballo. Sus dedos callosos rozaron tu palma enviando chispas eléctricas por tu brazo. Ven te enseño el rancho murmuró y montaste detrás de él tus pechos presionándose contra su espalda ancha.

El caballo trotó suave al principio pero Javier lo espoleó y el galope te hizo aferrarte a su cintura. Sentías los músculos de su abdomen contra tus manos el vaivén rítmico que te mecía como en una danza prohibida. El viento caliente azotaba tu cabello y el sol te lamía la nuca. Esto es como esa novela Pasion de Gavilanes capitulo 1 que vi de morrilla pensaste recordando las pasiones intensas de esos hermanos fieros. Pero esto era real. Su aroma masculino te mareaba y entre tus piernas sentías un calor húmedo creciendo.

Desmontaron cerca de un arroyo escondido rodeado de sauces. El agua corría cristalina borboteando sobre las piedras y el canto de las cigarras llenaba el aire. Javier se quitó la camisa sin pudor revelando un torso esculpido por el trabajo duro pectorales firmes y un vientre plano con vello oscuro que bajaba hacia su cinturón. ¿Calor verdad mamacita? te dijo guiñando un ojo mientras se metía al agua hasta las rodillas salpicando gotas que brillaban como diamantes en su piel morena.

Tú te descalzaste y entraste descalza el agua fresca mordiendo tus tobillos un contraste delicioso con el bochorno. Ven aquí te llamó salpicándote juguetón. Corriste riendo y él te atrapó por la cintura levantándote en vilo. Tus piernas se enredaron en su cadera y sus manos grandes te sostuvieron el culo firme apretándote contra su dureza creciente. ¿Sientes eso? Me traes loco desde que te vi gruñó en tu oído su aliento caliente oliendo a menta y tabaco.

El beso llegó como una tormenta. Sus labios carnosos devoraron los tuyos la lengua invadiendo tu boca con hambre felina. Saboreaste la sal de su piel el dulzor de su saliva mientras gemías bajito. Tus uñas se clavaron en su nuca y él te presionó contra un sauce rugoso la corteza áspera raspando tu espalda a través del vestido ligero. Quiero comerte entera Rosalba jadeó bajando besos por tu cuello mordisqueando la clavícula. El mundo se redujo a sensaciones: el goteo del agua sus pulsaciones aceleradas contra tu pecho el roce de su verga tiesa contra tu monte de Venus.

Pero se separaron jadeantes. No aquí todavía dijo él con voz ronca tomándote de la mano. Regresaron a la hacienda en silencio la tensión sexual vibrando como un cable vivo. Durante la cena familiar con tu tía y los otros hermanos Óscar y Memo que bromeaban como pendejos divertidos Javier te rozaba la pierna bajo la mesa su bota subiendo por tu pantorrilla. Cada mirada era una promesa de lo que vendría. Neta no aguanto más pensaste retorciéndote en la silla el calor entre tus muslos insoportable.

Medianoche. La casa dormía envuelta en silencio solo roto por los grillos y el ulular lejano de un búho. Te escabulliste a la cocina por agua y él estaba ahí esperándote en calzones ajustados su silueta recortada por la luz de la luna filtrándose por la ventana. Ven conmigo susurró tomándote del brazo guiándote al granero. El olor a heno fresco y estiércol te golpeó pero era excitante primitivo. Subieron a un pajar mullido donde la paja pinché suave contra tu piel.

Allí la tensión estalló. Javier te tumbó con gentileza pero urgencia sus manos expertas despojándote del camisón. Eres una chulada murmuró admirando tus tetas redondas pezones duros como piedras. Los lamió chupó succionando hasta que arqueaste la espalda gimiendo ¡ay Javier más! Su boca bajó por tu vientre besando el ombligo lamiendo el sudor salado hasta llegar a tu panocha depilada y húmeda. Estás chorreando por mí dijo separando tus labios con los dedos hundiendo la lengua en tu clítoris hinchado.

El placer te atravesó como un rayo. Lamía círculos rápidos su barba raspando tus muslos internos el sabor de tu excitación volviéndolo loco. Metió dos dedos gruesos curvándolos adentro tocando ese punto que te hacía ver estrellas. ¡No pares cabrón! ¡Me vengo! gritaste las contracciones sacudiéndote olas de éxtasis puro. Él bebió tus jugos gruñendo satisfecho.

Ahora tú lo volteaste empujándolo sobre la paja. Le bajaste los calzones liberando su verga gruesa venosa palpitante con una gota perlada en la punta. Qué pinga tan chingona dijiste lamiéndola de abajo arriba saboreando su esencia almizclada salada. La engulliste hasta la garganta él gimiendo ¡órale qué rica mamada! mientras te cogías el pelo guiándote. Chupaste bolas lamiste el tronco hasta que rogó fóllame ya Rosalba.

Te montaste a horcajadas sintiendo la cabeza abriéndose paso en tu entrada resbaladiza. Bajaste despacio centímetro a centímetro hasta empalarte completa. ¡Qué rico te sientes tan apretadita! jadeó él agarrando tus nalgas abriéndolas mientras embestías arriba abajo el slap slap de piel contra piel resonando en el granero. Sudor perlando vuestros cuerpos el olor a sexo impregnando el aire. Cambiaron posiciones él encima perforándote profundo sus caderas martillando tu pelvis el placer acumulándose como una presa a punto de romper.

Córrete conmigo preciosa ordenó besándote feroz y lo hiciste. Tu coño se contrajo ordeñándolo mientras él rugía vaciándose dentro chorros calientes inundándote. Colapsaron temblando abrazados el corazón de él latiendo contra tu pecho acelerado.

Después en la quietud postorgásmica Javier te acarició el cabello oliendo a paja y pasión. Esto apenas empieza Rosalba como el primer capítulo de una novela murmuró besándote la frente. Tú sonreíste sabiendo que Los Gavilanes guardaba más fuegos por desatar. El alba asomaba tiñendo el cielo de rosa y en tu interior ardía una llama nueva eterna.

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