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Pasion Y Poder Capitulo 25

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Pasion Y Poder Capitulo 25

Isabella caminaba por el pasillo de su penthouse en Polanco, el corazón latiéndole con fuerza después de esa junta infernal. La ciudad de México brillaba allá abajo, un mar de luces que parpadeaban como testigos mudos de su imperio. ¿Cómo se atrevía Alejandro a cuestionarme frente a todos? pensó, mientras el eco de sus tacones resonaba en el mármol pulido. El aire olía a su perfume Chanel mezclado con el leve aroma a lluvia que subía desde la calle. Llevaba un traje sastre negro ceñido que acentuaba sus curvas, y sentía el roce sedoso de la tela contra su piel arrebolada por la ira.

Él ya estaba ahí, esperándola en la sala principal, con una copa de tequila reposado en la mano. Alto, moreno, con esa mandíbula cuadrada y ojos oscuros que la volvían loca. Vestía camisa blanca desabotonada hasta el pecho, dejando ver el vello negro que le cubría el torso. "Jefa", dijo con esa voz grave y juguetona, "¿sigues enojada o ya quieres que te calme?"

Isabella se acercó, sintiendo el pulso acelerado en sus venas. El deseo y el poder se entretejían en su mente como hilos de fuego. En este capítulo de nuestra historia, pasion y poder capitulo 25, no voy a ceder tan fácil, se dijo a sí misma. Lo miró de arriba abajo, notando cómo su pantalón se tensaba en la entrepierna. "Pendejo", murmuró con una sonrisa pícara, "creíste que podías desafiarme delante de la junta. ¿Quieres que te despida o prefieres que te enseñe quién manda aquí?"

Alejandro dejó la copa en la mesa de cristal y se acercó, invadiendo su espacio personal. El calor de su cuerpo la envolvió, y olió su colonia masculina, terrosa y embriagadora, mezclada con el sudor ligero de la tensión del día. Sus manos grandes se posaron en su cintura, apretando con firmeza. "Neta, Isabella, me traes loco. Ese poder tuyo me pone la verga dura desde la mañana", confesó, su aliento cálido rozándole el cuello.

Ella sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal, y un calor húmedo se acumuló entre sus piernas. Lo empujó contra la pared de vidrio que daba a la ciudad, sus uñas clavándose en su camisa. "Entonces demuéstrame que vales la pena, carnal", exigió, mordiéndose el labio inferior. Sus bocas se encontraron en un beso feroz, lenguas batallando por el dominio. Saboreó el tequila en su saliva, dulce y ahumado, mientras sus manos exploraban su pecho firme, sintiendo los músculos contraerse bajo sus palmas.

Esto es pasion y poder, puro y crudo. Capítulo 25 donde el control se deshace en placer

La tensión inicial se disipó en un torbellino de caricias. Isabella le arrancó la camisa, los botones saltando al piso con un tintineo seco. Su piel morena brillaba bajo la luz tenue de los focos, y ella trazó con la lengua el camino desde su clavícula hasta un pezón endurecido, saboreando la sal de su sudor. Alejandro gimió, un sonido gutural que vibró en el aire cargado de electricidad. "Órale, mami, qué chingón se siente tu boca", jadeó, mientras sus dedos se enredaban en su cabello negro azabache.

Él respondió levantándola en vilo, sus brazos fuertes cargándola como si no pesara nada. La llevó al sofá de cuero negro, donde el roce fresco contra su piel la hizo arquearse. Le quitó la chaqueta y la blusa con urgencia, exponiendo su sostén de encaje rojo. Sus ojos devoraron sus senos plenos, y bajó la cabeza para lamer el valle entre ellos, inhalando el aroma almizclado de su excitación que ya empapaba sus bragas. Isabella sintió sus pezones endurecerse al contacto de su lengua áspera, un cosquilleo que bajaba directo a su clítoris palpitante.

Quiero que me folle como si el mundo se acabara, pensó ella, mientras sus caderas se movían instintivamente contra su muslo duro. Alejandro deslizó una mano por su falda, rozando el interior de sus muslos suaves y temblorosos. Encontró su humedad a través de la tela fina, y frotó con círculos lentos, haciendo que ella soltara un gemido ahogado. "Estás chorreando, jefa. ¿Tanto poder te pone cachonda?", bromeó, su voz ronca de deseo.

La falda voló por los aires, seguida de las bragas. Ahora desnuda de la cintura para abajo, Isabella abrió las piernas, invitándolo. Él se arrodilló entre ellas, su aliento caliente sobre su coño depilado y reluciente. La probó con la lengua, lamiendo desde el perineo hasta el clítoris, saboreando su néctar dulce y salado. Ella gritó, el sonido rebotando en las paredes altas, mientras sus dedos se clavaban en el cuero del sofá. Cada lamida era un rayo de placer, el sonido húmedo de su succión mezclándose con sus jadeos entrecortados.

Pero no quería rendirse aún. Lo jaló del cabello, poniéndolo de pie. "Quítate todo, wey. Quiero montarte como a un semental", ordenó. Alejandro se desnudó rápido, su verga gruesa y venosa saltando libre, goteando precum. Isabella la tomó en su mano, sintiendo el calor pulsante, la piel suave sobre el acero duro. La masturbó despacio, viendo cómo él cerraba los ojos y gruñía.

Se posicionó sobre él en el sofá, guiando su polla a su entrada resbaladiza. Bajó de golpe, llenándose por completo, un estiramiento delicioso que la hizo ver estrellas. "¡Chingado, qué rica estás!", rugió él, sus manos apretando sus nalgas redondas. Ella cabalgó con furia, sus senos rebotando, el slap-slap de piel contra piel llenando la habitación. Sudor perló sus cuerpos, el olor a sexo crudo impregnando el aire. Cada embestida rozaba su punto G, construyendo una tensión que la tenía al borde.

Alejandro la volteó sin salir de ella, poniéndola a cuatro patas. Ahora él dominaba, embistiéndola profundo, sus bolas golpeando su clítoris. "Dime que soy el rey aquí, Isabella", exigió, una mano en su cadera, la otra pellizcando un pezón. Ella se rindió al placer, "Sí, cabrón, fóllame más fuerte". El orgasmo la golpeó como un tsunami, contracciones violentas ordeñando su verga, un grito primal escapando de su garganta. Él la siguió segundos después, llenándola con chorros calientes, su cuerpo temblando sobre el de ella.

Colapsaron juntos, jadeantes, el corazón de ambos latiendo al unísono. El cuero pegajoso bajo ellos, el sudor enfriándose en su piel. Alejandro la besó en la nuca, suave ahora, "Eres mi todo, jefa. Poder y pasión, ¿no?". Isabella sonrió, girándose para acurrucarse en su pecho, inhalando su aroma post-sexo, masculino y adictivo.

En pasion y poder capitulo 25, el equilibrio perfecto: yo mando, él conquista, y juntos ardemos

La ciudad seguía rugiendo abajo, pero en ese penthouse, solo existían ellos. Reflexionó sobre su relación, un baile eterno de dominio y entrega. Mañana volvería la guerra de juntas, pero esta noche, el poder era compartido en la cama. Se durmió con su brazo alrededor, sabiendo que el próximo capítulo sería aún más intenso.

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