Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Diario de una pasión que muere al final Diario de una pasión que muere al final

Diario de una pasión que muere al final

6974 palabras

Diario de una pasión que muere al final

Querido diario, hoy empecé a escribirte con el corazón latiéndome como tambor en fiesta de pueblo. Me llamo Ana, tengo treinta y tantos, vivo en Polanco, esa zona chida de la CDMX donde todo brilla pero a veces te sientes sola entre tanto relajo. Todo cambió cuando lo vi a él, a Marco, en el café de la esquina. Alto, moreno, con esa sonrisa pícara que te hace mojarle la chamarra sin querer. Neta, sus ojos cafés me clavaron como flecha de cupido cabrón. Pedí mi latte y él, casual, me dijo: "Wey, ¿te puedo invitar otro?" Su voz ronca, como tequila reposado, me erizó la piel.

Nos quedamos platicando horas. Hablamos de la vida, de cómo el jale nos chinga pero el cuerpo pide fiesta. Olía a colonia fresca con un toque de sudor varonil, ese aroma que te despierta el instinto. Al despedirnos, su mano rozó la mía, un chispazo eléctrico que me dejó temblando. Esa noche, en mi depa, me toqué pensando en él, imaginando sus labios en mi cuello, su verga dura contra mi muslo. Qué rico sería cogérmelo hasta el amanecer, pensé, mientras mis dedos se hundían en mi panocha húmeda, oliendo a deseo puro.

Hoy conocí a un wey que me prendió la mecha. Se llama Marco. Neta, su mirada me hace querer arrodillarme y chupársela ahí mismo. ¿Será el inicio de algo grande o solo un polvo rápido? Sea lo que sea, ya me tiene antojada.

Acto siguiente, dos días después, me mandó mensaje. "¿Café otra vez, ricura?" Fuimos a su depa en la Roma, un lugar chulo con terraza y vistas al skyline. Bebimos mezcal, reímos como pendejos. Su mano en mi rodilla subió despacio, rozando mi falda. Sentí el calor de su palma, áspera de tanto gym. "Estás cañón, Ana", murmuró, y me besó. Sus labios carnosos sabían a humo y tequila, lengua juguetona explorando mi boca. Gemí bajito, mi chichi endureciéndose bajo la blusa.

Me cargó como pluma hasta la cama king size, sábanas de algodón egipcio suaves contra mi espalda. Se quitó la playera, revelando torso marcado, abdominales que quise lamer. Olía a hombre en celo, sudor mezclado con feromonas. Desabotoné su jeans, liberando su verga gruesa, venosa, palpitante. "Chúpamela, guapa", pidió, y obedecí con gusto. La tomé en mi boca, salada, caliente, deslizándose hasta la garganta. Él gruñía, manos en mi pelo, "¡Qué chida chupas, pinche diosa!" Me mojé tanto que mis jugos corrían por los muslos.

Me volteó, lamió mi clítoris como experto, lengua girando, dedos adentro curvándose en mi punto G. Gritaba de placer, olor a sexo llenando el cuarto, sábanas húmedas. "Cógeme ya, wey", supliqué. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándome hasta el fondo. Su verga pulsaba, mis paredes lo apretaban. Embestidas lentas primero, luego rápidas, piel contra piel chapoteando, sudados, jadeantes. Alcancé el orgasmo primero, un estallido que me dejó temblando, gritando su nombre. Él vino después, caliente dentro de mí, marcándome como suya.

Después, abrazados, piel pegajosa, corazón latiendo al unísono. "Eres lo mejor que me ha pasado, Ana", dijo, besando mi frente. Pero en mi mente, un susurro: Esto es demasiado intenso, ¿cuánto durará?

Lo cogí hoy. Neta, su verga es un sueño, me rompió en dos de puro gusto. Pero ya siento que esta pasión nos va a consumir. ¿Diario de una pasión que muere al final? Quizás.

Los días siguientes fueron un torbellino. Salidas a bares en Condesa, bailes pegaditos donde su paquete rozaba mi culo, manos furtivas bajo la mesa. Una noche en mi depa, jugamos roleplay: yo la jefa cabrona, él el empleado pendejo. "Arrodíllate y lame mis tacones, cabrón", ordené, riendo. Terminamos en el piso del baño, agua caliente cayendo, jabón espumoso resbalando por nuestros cuerpos. Lo monté contra la pared, azotando caderas, tetas rebotando, vapor empañando el espejo. Sus manos amasaban mi culo, dedos jugando mi ano, prometiendo más. Vine dos veces, él explotó en mi boca, semen espeso que tragué con deleite, salado y adictivo.

Pero entre orgasmos, pláticas profundas. Él confesó miedos al compromiso, yo mis heridas de ex novios culeros. La tensión crecía: celos cuando salía con amigos, llamadas a medianoche. Una tarde en Xochimilco, trajineras flotando, mariachis cantando, nos cogimos en la chinampa al atardecer. El sol naranja tiñendo su piel, olor a flores y canal, él penetrándome de lado, lento, profundo. Suspiros mezclados con chapoteo del agua. "Te amo, Ana", jadeó al correrse. Yo también, pero el miedo pinchaba: Esta pasión es como fuego, quema todo a su paso.

Escalaba. Noches de bondage light: corbatas atando mis muñecas, él lamiendo cada centímetro, plumas cosquilleando pezones. Gemía como loca, arco de placer cuando su lengua entraba en mí. Luego me liberaba y me cogía salvaje, cama crujiendo, vecinos quejándose. Sudor goteando, músculos tensos, olor almizclado de nuestros fluidos. Alcanzábamos clímax juntos, cuerpos convulsionando, gritos ahogados en besos.

Hoy en Xochimilco, bajo las estrellas, nos fundimos. Pero siento que el final acecha. Esta pasión nos va a matar de gusto... o de pena.

El pico llegó una noche tormentosa. Lluvia azotando ventanas, truenos retumbando como nuestro pulso. Discutimos por pendejadas: "¿Por qué coño tardaste en contestar?" Celos envenenados. Pero la bronca se volvió fuego. Me empujó contra la pared, rasgando mi blusa, mamando tetas con furia. Mordidas placenteras, moretones que amarían. Lo arañé, sangre en su espalda, animalesco. En la cama, posiciones locas: misionero brutal, perrito con nalgadas resonando, yo encima cabalgando como amazona.

Sus embestidas eran pistones, verga hinchada rozando cada nervio. Olía a lluvia, sexo, rabia. "¡Dame todo, pinche puta mía!", rugía juguetón. Vine en olas, squirteando por primera vez, sábanas empapadas. Él se corrió gritando, llenándome hasta rebosar. Colapsamos, exhaustos, besos tiernos post-tempestad.

Pero al amanecer, la verdad salió. Marco confesó: se muda a Guadalajara por jale. No aguantaba la distancia. Lloramos, nos cogimos una última vez, despacio, saboreando cada roce. Sus ojos en los míos, manos entrelazadas, gemidos suaves. Vino dentro, lágrima rodando por su mejilla. "Adiós, mi pasión".

Se va. Esta pasión muere al final, como predije. Dolió como la chingada, pero qué hermoso fue arder juntos. Diario de una pasión que muere al final: fin.

Meses después, miro atrás. Sigo oliendo su colonia en sueños, sintiendo su calor fantasma. Fue épico, carnal, liberador. Me dejó más mujer, más viva. Que muera la pasión, pero que viva el recuerdo. Neta, valió cada gota de sudor, cada grito.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.