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Escena del Diablo en la Pasión Prohibida

6373 palabras

Escena del Diablo en la Pasión Prohibida

Estaba sola en mi depa en Polanco, con el aire acondicionado zumbando bajito y el olor a café recién hecho flotando en el aire. Neta, esa noche de Viernes Santo quise ponerme La Pasión de Cristo pa sentirme más conectada con mis raíces católicas, ¿sabes? Pero cuando llegó la escena del diablo en la Pasión de Cristo, algo se me revolvió por dentro. Esa figura andrógina, pálida como la luna, susurrando tentaciones con voz suave mientras Jesús cargaba la cruz... uf, el sudor en mi piel se volvió cosquilleo, y entre las piernas sentí un calor que no era de fe santa.

¿Por qué me excita esto tanto, carnal? El diablo tentando al Hijo de Dios, esa lucha entre lo puro y lo pecaminoso... quiero que alguien me tiente así, que me haga caer en el placer más sucio.

Me recargué en el sofá de piel suave, mis dedos bajaron despacio por mi blusa de algodón, rozando los pezones que ya se paraban duros como piedritas. El sonido de los latigazos en la tele se mezclaba con mi respiración agitada, y el aroma de mi propia excitación empezaba a perfumar la habitación. Justo entonces, timbró el interfón. Era Alex, mi carnal reciente, el wey que conocí en una expo de arte en Roma-Condesa. Alto, moreno, con ojos negros que prometían travesuras.

—Órale, güey, ¿vienes a verme sufrir como Cristo? —le dije riendo cuando abrió la puerta, todavía con la peli de fondo.

Él sonrió con esa boca carnosa, oliendo a colonia fresca y algo más salvaje, como hombre listo pa la acción. Se acercó, me jaló pa un beso que sabía a menta y deseo urgente. Sus manos grandes en mi cintura, apretando justo lo necesario pa que sintiera su fuerza.

—Cuéntame qué te traes, preciosa —murmuró contra mi cuello, su aliento caliente erizándome la piel.

Le confesé todo, con la voz temblorosa: la escena del diablo, cómo me ponía caliente imaginarme tentada así. Alex se rio bajito, un sonido ronco que vibró en mi pecho.

—Pues hagámoslo real, mi diabla. Yo seré el demonio que te hace pecar.

Ahí empezó el verdadero juego. Acto primero: la tentación. Me paré frente a él, fingiendo cargar una cruz invisible, sudando bajo la luz tenue del foco. Alex se movía alrededor mío como un depredador elegante, su camisa negra desabotonada dejando ver el pecho velludo y musculoso. Tocaba mi hombro con dedos fríos, susurrando en mi oreja:

—Ríndete, mujer de Dios... siente el fuego de mi toque.

El roce de sus yemas en mi clavícula era eléctrico, enviando chispas directo a mi clítoris. Olía su piel salada, mezclada con el perfume de mi humedad creciente. Me quitó la blusa despacio, besando cada centímetro de piel expuesta, lamiendo el sudor que perlaba mis tetas. Gemí bajito, el sonido ahogado por el eco de la peli que seguía rodando.

Neta, esto es mejor que cualquier misa. Su lengua en mis pezones, chupando como si quisiera sacarme el alma pecadora.

Nos fuimos al cuarto, la cama king size con sábanas de satén negro esperándonos. Acto segundo: la escalada. Alex me tumbó suave pero firme, sus manos explorando mi cuerpo como un mapa prohibido. Desabrochó mis jeans, bajándolos con besos en los muslos que me hicieron arquear la espalda. El aire fresco besó mi panocha depilada, ya empapada, brillando bajo la luz de la luna que se colaba por la ventana.

—Mírate, tan mojada por el diablo —dijo, su voz grave como trueno lejano. Metió un dedo, luego dos, curvándolos pa rozar ese punto que me hace ver estrellas. El sonido chapoteante de mi jugo era obsceno, delicioso, y el olor almizclado nos envolvía como niebla pecaminosa.

Yo no me quedé atrás. Le bajé el zipper, liberando su verga gruesa, venosa, palpitando en mi mano. La chupé con ganas, saboreando el pre-semen salado, mi lengua girando en la cabeza mientras él gruñía y me jalaba el pelo con ternura. Esto es poder, wey. Yo controlo tu placer. Lo mamé profundo, garganta abajo, sintiendo cómo se hinchaba más en mi boca caliente.

La tensión crecía como tormenta. Me volteó boca abajo, besando mi espalda, mordisqueando suave la nuca. Sus dedos jugaban con mi ano, lubricado con mi propia saliva, prometiendo más. Pero quería su verga ya. Lo empujé pa que se recostara, montándolo despacio. La punta abriéndose paso en mi concha apretada, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. El roce de su pubis contra mi clítoris era fuego puro.

—Cógeme fuerte, diablo mío —jadeé, cabalgándolo con ritmo mexicano, caderas girando como en un son jarocho caliente.

Él embestía desde abajo, manos en mis nalgas, cacheteándome leve pa que el ardor se sumara al placer. Sudor goteando de su frente a mis tetas, mezclándose con el mío. El slap-slap de carne contra carne, mis gemidos altos, sus gruñidos roncos... todo olía a sexo crudo, a pasión desatada. Sentí el orgasmo construyéndose, como ola en la playa de Acapulco, cada embestida rompiendo más alto.

¡No pares, pendejo! Voy a venirme como nunca, por ti, por esta escena del diablo que nos prendió.

Acto tercero: la liberación. Cambiamos a perrito, él atrás, verga hundiéndose hasta el fondo, bolas golpeando mi clítoris. Me jaló los brazos, arqueándome como en éxtasis religioso. El clímax me pegó brutal: contracciones en la concha ordeñando su verga, jugos chorreando por mis muslos, grito gutural que retumbó en las paredes. Alex se vino segundos después, caliente dentro de mí, llenándome con chorros espesos que sentí palpitar.

Nos derrumbamos, jadeantes, piel pegajosa y brillante. Su cabeza en mi pecho, escuchando mi corazón galopante calmarse. El olor a semen y sudor nos arropaba como manta tibia. Besos suaves, caricias perezosas en la espalda.

—Eso fue la neta del planeta, mi tentadora —susurró, riendo bajito.

Yo sonreí, trazando círculos en su pecho. Recordé de nuevo la escena del diablo en la Pasión de Cristo, pero ahora no era culpa, era empoderamiento. Habíamos transformado lo prohibido en nuestro ritual privado, consensual y ardiente. Mañana sería otro día santo, pero esta noche, éramos dioses de nuestra propia pasión.

Nos quedamos así, envueltos en el afterglow, con el viento nocturno susurrando promesas de más tentaciones.

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