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Como Tu Mujer Cancion de Marco Antonio Solis y Pasion Vega

6793 palabras

Como Tu Mujer Cancion de Marco Antonio Solis y Pasion Vega

Ana se recargó en el balcón de su departamento en Polanco, con el skyline de la Ciudad de México brillando como un mar de luces bajo la noche tibia. El aire traía ese olor a jazmín de los jardines cercanos, mezclado con el humo lejano de algún taquero callejero. Adentro, Luis preparaba unos tequilas en la barra de la cocina, su camisa blanca arremangada dejando ver esos antebrazos fuertes que tanto le gustaban. Habían pasado semanas sin verse bien, con el pinche trabajo jodiéndolos, pero esta noche era suya. Neta, lo extrañé tanto, pensó ella, sintiendo un cosquilleo en el estómago que bajaba directo al sur.

Luis salió con los vasos, el hielo tintineando, y le sonrió con esa mirada pícara que la derretía. "Órale, mi amor, brindemos por nosotros", dijo, chocando su vaso contra el de ella. El tequila quemó suave en su garganta, con notas de limón y sal que le recordaron las playas de Puerto Vallarta. Se besaron rápido, un roce de labios que prometía más, y entraron al depa. Luis conectó su cel al bocina Bluetooth y buscó en Spotify. "Quiero ponerte algo especial", murmuró, y de pronto, la cancion Como Tu Mujer Marco Antonio Solis Pasion Vega llenó el aire. La voz ronca de Marco Antonio Solís se entrelazaba con el dueto apasionado de Pasión Vega, cantando sobre ser la mujer de alguien, entregarse por completo. "Como tu mujer... te daré lo mejor de mí...", resonaba suave, envolviéndolos como una caricia.

Ana sintió un escalofrío. Esa rola siempre la ponía cachonda, con su letra tan intensa, tan machona pero tierna. Luis la jaló hacia él, sus manos en su cintura, y empezaron a bailar pegaditos en la sala. El suelo de madera crujía bajo sus pies, el ritmo lento los mecía como olas. Ella olía su colonia, esa mezcla de sándalo y hombre que la volvía loca.

Chingado, qué rico huele, como si ya me estuviera desnudando con la nariz
, pensó Ana, presionando su cadera contra la de él. Luis bajó la cabeza y le mordisqueó el lóbulo de la oreja, su aliento caliente enviando chispas por su espina. "Eres como mi mujer en esa canción", le susurró, "te quiero toda pa' mí".

El deseo creció despacio, como el tequila subiendo a la cabeza. Sus manos exploraban: las de él subiendo por su espalda, desabrochando el vestido negro que se le pegaba al cuerpo como segunda piel; las de ella enredándose en su pelo, tirando suave para besarlo más hondo. La canción seguía, ahora en el estribillo, "Marco Antonio Solís y Pasión Vega" haciendo que todo se sintiera épico, romántico pero sucio. Se separaron un segundo para mirarse, ojos encendidos, pupilas dilatadas. "Ven, güey", dijo ella con voz ronca, jalándolo al sofá. Se sentaron, piernas entrelazadas, y el beso se volvió feroz. Lenguas danzando, sabor a tequila y a ella misma en su boca.

Ya no aguanto, mi concha está palpitando como loca
. Ana deslizó la mano por el pecho de Luis, bajando hasta el bulto en sus jeans. Lo apretó suave, sintiendo cómo se ponía más duro. Él gimió contra su cuello, "Ay, cabrona, me vas a matar". Le quitó el vestido de un jalón, dejando sus tetas al aire, pezones duros como piedras bajo la luz tenue de las lámparas. Luis las tomó con las manos, masajeando, pellizcando, y bajó la boca a chupar uno. El sonido húmedo de su lengua, el slurp chido, la hizo arquearse. Olía a su piel sudada, a excitación pura, ese aroma almizclado que inundaba la habitación.

La canción terminó y se repitió en loop, perfecta banda sonora. Luis la recostó en el sofá, besando su panza, bajando más. Ana abrió las piernas, su tanga ya empapada. Él la olió primero, nariz contra la tela, "Qué rico hueles, mi reina, a miel y a ti". La quitó con los dientes, exponiendo su panocha rosada, hinchada de ganas. Su lengua la lamió despacio, desde el ano hasta el clítoris, saboreando cada gota. Ana jadeó, "¡Sí, así, chingame con la boca!". Agarró su cabeza, empujando contra ella, el sonido de succión mezclado con sus gemidos y la voz de Pasión Vega de fondo. El placer subía en olas, tensión en el bajo vientre, pero él se detuvo justo antes, juguetón. "No tan rápido, amor".

Se levantaron, tambaleantes de pura calentura, y fueron al cuarto. La cama king size los esperaba, sábanas de algodón egipcio frescas contra su piel ardiente. Luis se quitó la ropa rápido, su verga saltando libre, gruesa y venosa, goteando pre-semen. Ana se arrodilló, mirándolo desde abajo con ojos de puta en celo. Qué chingona se ve, toda mía, pensó él. Ella la tomó en la mano, masturbándolo lento, sintiendo el pulso acelerado bajo la piel. La lamió desde la base, lengua plana, hasta la cabeza salada. "Mmm, sabe a ti, pendejo", murmuró, y se la tragó hasta la garganta. Luis gruñó, caderas empujando, manos en su pelo. El glug-glug de su mamada llenaba el cuarto, sudor resbalando por sus espaldas.

Pero querían más. La tiró a la cama, ella de rodillas, culo en pompa. Él se puso atrás, restregando la verga contra sus labios húmedos. "Pídemela", exigió juguetón. "Cógeme, Luis, hazme tu mujer como en la canción", rogó ella, voz quebrada. Entró de un empujón, llenándola completa. El estirón delicioso, su concha apretándolo como guante. Empezaron a bombear, piel contra piel plaf plaf, sudor volando. Ana gritaba, "¡Más duro, cabrón!", él obedecía, una mano en su clítoris frotando círculos, la otra jalando su pelo. La canción seguía sonando bajito desde la sala, "Como tu mujer... pasión total...", sincronizando sus embestidas.

La tensión escalaba, orgasmos acechando. Cambiaron: ella encima, cabalgándolo como amazona. Sus tetas rebotando, uñas clavadas en su pecho. Él la veía, hipnotizado por su cara de éxtasis, labios mordidos, ojos entrecerrados. Olía a sexo puro, a corrida inminente. "Me vengo, amor", avisó ella primero, cuerpo temblando, concha contrayéndose en espasmos que lo ordeñaban. Luis la siguió, gruñendo como animal, llenándola de leche caliente, chorros y chorros hasta rebosar.

Colapsaron juntos, jadeantes, piel pegajosa. La canción paró al fin, silencio roto solo por sus respiraciones. Luis la abrazó por detrás, besando su hombro salado. "Eres mi todo, como en esa rola de Marco Antonio Solís y Pasión Vega". Ana sonrió, girando para besarlo suave.

Qué chido sentirse así, entregada pero fuerte, su mujer en todo
. Se quedaron así, enredados, el olor a sexo persistiendo, el corazón latiendo en unisono. Afuera, la ciudad seguía su ritmo, pero ellos flotaban en afterglow, satisfechos, conectados más que nunca. Mañana el mundo los esperaría, pero esta noche eran solo ellos, como en la canción.

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