Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Telenovela El Color de la Pasión Capítulos Completos de Fuego Carnal Telenovela El Color de la Pasión Capítulos Completos de Fuego Carnal

Telenovela El Color de la Pasión Capítulos Completos de Fuego Carnal

7089 palabras

Telenovela El Color de la Pasión Capítulos Completos de Fuego Carnal

Estás sentada en el sillón de tu departamento en Polanco, con el control remoto en la mano y el aire acondicionado zumbando bajito como un secreto compartido. La pantalla del tele grande ilumina la sala con los colores vibrantes de telenovela El Color de la Pasión capítulos completos, esa que has estado viendo maratón toda la semana. El aroma del café recién hecho flota en el aire, mezclado con el perfume dulce de las gardenias que trajiste del mercado. Tu carnal, Alejandro, entra de la cocina con dos chelas frías, sudando un poquito por el calor que se cuela por la ventana aunque sea noche.

Órale, wey, dice él con esa sonrisa pícara que te hace cosquillas en el estómago, ¿ya vas por el capítulo donde Rebecca y Alonso se comen a besos en la hacienda? Se deja caer a tu lado, tan cerca que sientes el calor de su muslo contra el tuyo. Su colonia, esa que huele a madera y especias, te envuelve como un abrazo invisible. Tú asientes, mordiéndote el labio, porque la escena en la tele está que arde: los amantes se miran con ojos de fuego, sus respiraciones agitadas llenando el cuarto ficticio.

Piensas en lo chido que es compartir esto con él. Viven juntos hace seis meses, después de ese flechazo en la fiesta de unos amigos en la Roma. Al principio era puro desmadre, salidas, besos robados en el coche. Ahora, estas noches de telenovela se han vuelto ritual, un pretexto para rozarse, para que la tensión crezca como la espuma de la chela. Sientes un cosquilleo en la piel, un calor que sube desde tu vientre mientras ves cómo en la pantalla Alonso desliza la mano por la espalda de Rebecca, arrancándole un gemido que resuena en los bocinas.

Alejandro te pasa la chela, sus dedos rozan los tuyos y se queda ahí un segundo de más.

¿Qué pasa si nos dejamos llevar como ellos?
piensas, el corazón latiéndote fuerte. Él nota tu mirada, esa que dice todo sin palabras. Neta, mi reina, murmura, esta telenovela me prende cañón contigo al lado. Su voz grave vibra en tu pecho, y el roce de su brazo contra tu hombro es como electricidad estática.

El episodio avanza, pero ya no lo ven del todo. Tus piernas se entrecruzan con las de él, casual al principio, luego intencional. Sientes la aspereza de su jeans contra tu falda corta, el calor de su piel filtrándose. El olor de su sudor limpio se mezcla con el tuyo, creando un aroma íntimo, animal. En la tele, Rebecca susurra promesas de pasión eterna, y tú sientes que Alejandro te mira como si fueras la protagonista de su propia historia.

Acto dos: la tensión sube como el volumen de la tele. Alejandro apaga la luz principal, dejando solo el brillo azulado de la pantalla. Ven acá, preciosa, te dice, jalándote hacia su regazo. Te sientas a horcajadas sobre él, sintiendo su dureza presionando contra ti a través de la tela. Tus manos exploran su pecho ancho, los músculos tensos bajo la playera ajustada. Él gime bajito, un sonido ronco que te eriza la piel, mientras sus palmas suben por tus muslos, apretando suave pero firme.

Me traes loco, wey, piensas, besándolo con hambre. Sus labios son calientes, suaves, con sabor a chela y a menta de su chicle. La lengua de él invade tu boca, bailando con la tuya en un ritmo desesperado. Sientes su corazón galopando bajo tu palma, sincronizado con el tuyo que late como tambor en fiesta. Baja las tiras de tu blusa, exponiendo tus pechos al aire fresco; sus pezones se endurecen al instante, y él los acaricia con pulgares expertos, enviando ondas de placer directo a tu centro.

Te arqueas contra él, frotándote lento, sintiendo cómo su verga se pone más dura, palpitante. Qué rico se siente, jadeas en su oído, mordisqueando el lóbulo. Él responde bajando tu falda, sus dedos rozando tu tanga húmeda. Estás chorreando por mí, ¿verdad, mi amor? Su aliento caliente en tu cuello te hace temblar. Introduce un dedo, luego dos, moviéndolos con maestría, curvándolos justo donde duele de placer. Gimes alto, el sonido ahogado por su boca, mientras el fondo de la telenovela sigue con sus dramas: traiciones, confesiones, pero nada comparado con esto.

Piensas en lo empoderador que es esto, cómo controlas el ritmo, cómo él te adora con cada caricia.

No hay nada mejor que este fuego entre nosotros
, reflexionas en medio del torbellino. Lo desabrochas, liberando su miembro grueso, venoso, que salta ansioso. Lo acaricias despacio, sintiendo la seda de su piel, el pulso fuerte bajo tu puño. Él gruñe, ¡No seas pendeja, métetelo ya! pero con risa juguetona, dejándote mandar.

Te levantas un segundo, solo para quitarte la tanga y guiarlo dentro de ti. Lentamente, centímetro a centímetro, lo sientes llenarte, estirarte deliciosamente. El placer es cegador: calor húmedo envolviéndolo, fricción perfecta. Empiezas a moverte, arriba y abajo, sus manos en tus caderas guiando pero sin forzar. Sudas, el brillo en tu piel reflejado en la tele, olores de sexo impregnando el aire: almizcle, sal, deseo puro.

La intensidad crece. Él se incorpora, chupando tus tetas, lamiendo pezones con lengua ávida. Tú clavas uñas en su espalda, dejando marcas rojas que mañana recordarán esto. Más rápido, carnal, le ruegas, y él obedece, embistiéndote desde abajo con fuerza controlada. Cada choque de pelvis es un estallido: sonidos húmedos, piel contra piel, gemidos entremezclados. Sientes el orgasmo construyéndose, una ola gigante en tu vientre, músculos tensándose.

Acto tres: la liberación. En la pantalla, justo en un clímax dramático de la telenovela, tú llegas al tuyo. ¡Me vengo, Alejandro! gritas, el placer explotando en colores detrás de tus párpados: rojo pasión, azul éxtasis. Tu coño se aprieta alrededor de él, ordeñándolo, mientras ondas de gozo recorren cada nervio. Él te sigue segundos después, gruñendo tu nombre, ¡Mierda, qué rico!, llenándote con chorros calientes que sientes palpitar dentro.

Colapsan juntos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor. Te quedas sobre él, su pecho subiendo y bajando bajo tu mejilla, oyendo su corazón calmarse. El olor de semen y fluidos se mezcla con el perfume residual, un bouquet post-sexo embriagador. Él acaricia tu cabello, besándote la frente. Eres lo máximo, mi vida, susurra. Tú sonríes, satisfecha, empoderada.

Apagan la tele, pero el eco de El Color de la Pasión capítulos completos queda en sus mentes, como inspiración para más noches así. Se levantan lento, van a la ducha juntos, donde el agua caliente lava los restos pero no el fuego que arde eterno entre ustedes. En la cama, envueltos en sábanas frescas, te acurrucas contra él, pensando

Esta es nuestra telenovela, con finales felices cada vez
. Duermes profunda, soñando colores de pasión real.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.