Pasión Etimología
Estás sentada en una terraza del centro de la Ciudad de México, con el bullicio de los vendedores ambulantes gritando "¡Tacos al pastor, bien ricos!" y el aroma picante del cilantro y la cebolla flotando en el aire cálido de la tarde. Tus dedos tamborilean sobre la mesa de madera astillada mientras sorbos tu café de olla, ese dulzor terroso que te hace suspirar. Ahí lo ves entrar, alto, con esa camisa de lino blanca que se pega un poco a su pecho por el sudor, y unos ojos cafés que brillan como el obsidiana pulida. Se llama Diego, lo conociste en una librería de la colonia Roma, donde él devoraba un libro sobre etimologías.
¿Qué carajos es la pasión etimología? piensas mientras él se acerca sonriendo, con esa dentadura perfecta que te hace mojar las bragas sin querer. Se sienta frente a ti, pide un chelón bien fría, y de inmediato su voz grave te envuelve como una caricia prohibida.
—Órale, güey, ¿sabías que pasión viene del latín pati? Significa sufrir, aguantar. La pasión etimología es eso: el sufrimiento delicioso del deseo que no se apaga —dice, inclinándose hacia ti, su aliento con olor a menta y cerveza fresca rozando tu oreja.
Sientes un cosquilleo en la nuca, como si sus palabras fueran dedos recorriendo tu espina dorsal. Tú, Ana, una diseñadora gráfica de veintiocho pirulos, siempre has sido de impulsos. Le contestas con una risa ronca:
—Neta, Diego, eso suena a la pura neta. ¿Y cómo se sufre esa pasión etimología en la vida real?
Él te mira fijo, sus pupilas dilatándose, y toma tu mano sobre la mesa. Su piel áspera, de tanto hojear libros viejos, contra la tuya suave. El primer acto de tensión se enciende ahí, en ese roce casual que no lo es.
Ya en su departamento en la Condesa, con las cortinas entreabiertas dejando entrar rayos de sol que bailan en el piso de duela, la cosa sube de tono. Diego te ofrece un mezcal ahumado, el líquido quema tu garganta como un beso ardiente, y te sientas en su sofá de cuero negro, que cruje bajo tu peso. Él saca un librito amarillento, Etimologías Eróticas, y empieza a leer en voz alta, pero sus manos no paran quietas.
—Mira, la pasión etimología no es solo sufrir, es padecer el fuego del otro. Como cuando sientes que tu verga va a explotar de tanto querer meterte en ella —susurra, mientras su palma sube por tu muslo, bajo la falda plisada que traes puesta.
Tu corazón late como tamborazo en una fiesta de pueblo, bum-bum-bum, y el calor entre tus piernas se hace líquido, empapando tus calzones de encaje. Lo miras, mordiéndote el labio, y piensas:
Este pendejo sabe cómo encender la mecha. ¿Cuánto más voy a aguantar esta pasión etimología antes de rogarle que me coja?
Te levantas, lo jalas de la camisa, y lo besas con hambre. Sus labios carnosos saben a mezcal y sal, la lengua invade tu boca como un invasor juguetón, explorando cada rincón. Sus manos aprietan tus nalgas, firmes, amasándolas mientras gimes bajito contra su cuello. Hueles su colonia, madera y cítricos, mezclada con el sudor fresco de su piel. Él te empuja suave contra la pared, el yeso fresco contra tu espalda, y desabrocha tu blusa con dientes, dejando al aire tus tetas grandes, pezones duros como piedras de chispa.
—Chíngame con palabras, Diego. Dime más de esa pasión etimología mientras me tocas —le ruegas, voz entrecortada.
—Es el pathos, el sufrimiento griego que duele rico. Como cuando te chupo aquí... —y baja la cabeza, lamiendo un pezón, succionando con fuerza que te hace arquear la espalda. El sonido húmedo de su boca, chup-chup, se mezcla con tus jadeos. Tus uñas se clavan en su cabello negro, revuelto, tirando para que no pare.
La tensión sube, gradual, como el hervor de un mole en olla de barro. Él te carga como si no pesaras, piernas alrededor de su cintura, y te lleva al cuarto. La cama king size huele a sábanas limpias de lavanda, y te tumba ahí, quitándote la falda de un tirón. Sus dedos encuentran tu panocha mojada, resbaladiza, y meten dos de golpe, curvándose adentro para tocar ese punto que te hace ver estrellas.
¡Ay, cabrón! gritas internamente, mientras tu cadera se mueve sola, follando su mano. Él se quita los pantalones, y ahí está su verga gruesa, venosa, apuntando al techo como un mástil listo para izar velas. La tocas, dura como hierro caliente, la piel sedosa deslizándose bajo tu palma. La hueles, almizcle masculino puro, y te la llevas a la boca, mamándola hondo, lengua girando en la cabeza hinchada. Él gime, "¡Qué rica chupas, pinche diosa!", caderas empujando suave.
El clímax se acerca como tormenta en el Popo, truenos lejanos que retumban en tu pecho. Diego te voltea boca abajo, nalgas en pompa, y te abre las piernas. Sientes la punta de su verga rozando tu entrada, untándose en tus jugos, y entra despacio, centímetro a centímetro, estirándote delicioso. ¡Qué llenada! Piensas, el dolor placer mezclándose, esa pasión etimología en acción: sufrir el estirón hasta que todo es éxtasis.
Empieza a bombear, lento al principio, cada embestida un plaf-plaf húmedo contra tu culo, bolas golpeando suave. Agarras las sábanas, mordiendo la almohada para no gritar como loca, pero él te jala el pelo, arqueándote, y acelera. El sudor chorrea de su pecho a tu espalda, resbaloso, salado al lamerlo. Hueles el sexo en el aire, ese olor almizclado y dulce, y oyes tus gemidos roncos mezclados con sus gruñidos animales.
—Más fuerte, cabrón, dame toda la pasión etimología —le exiges, y él obedece, clavándotela hasta el fondo, mano en tu clítoris frotando círculos rápidos.
La liberación explota como piñata en quinceañera. Tu concha se aprieta alrededor de su verga, contrayéndose en oleadas, jugos chorreando por tus muslos. Gritas, "¡Me vengo, pinche Diego!", visión borrosa, cuerpo temblando. Él sigue unos segundos más, hinchándose dentro, y eyacula caliente, chorros que llenan tu interior, goteando fuera cuando sale.
Caen los dos, exhaustos, piel pegada a piel, pulsos latiendo al unísono. El aire huele a semen y sudor, a pasión etimología consumada. Él te besa la frente, suave, mientras tú acaricias su pecho velludo, bajando a su verga semi-dura, aún tibia.
—Esa fue la etimología viva, ¿no? Sufrir y gozar —murmura, riendo bajito.
Tú sonríes, satisfecha, el cuerpo pesado de placer.
La pasión etimología no es solo palabras; es esto, el fuego que quema y renace.Afuera, la ciudad ronronea indiferente, pero en esa cama, han nacido nuevos significados, listos para repetirse una y otra vez.