Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Pasión y Gloria Tom Cruise Pasión y Gloria Tom Cruise

Pasión y Gloria Tom Cruise

6544 palabras

Pasión y Gloria Tom Cruise

La noche en Cancún estaba cargada de ese calor pegajoso que te hace sudar hasta el alma, pero en el resort de lujo donde me encontraba, todo era puro glamour. Yo, Laura, una chava de veintiocho años que había venido a desconectarse del pinche estrés de la Ciudad de México, me sentía como en uno de esos sueños calientes que no quieres que terminen. El mar Caribe susurraba sus olas contra la arena blanca, y el aire olía a sal, coco y un toque de ron añejo de los cocteles que repartían los meseros.

Estaba recargada en la barra del bar al aire libre, con un vestido negro ceñido que me hacía sentir mamacita total, cuando lo vi. Alto, atlético, con esa sonrisa de dientes perfectos y ojos azules que brillaban bajo las luces de neón. Neta, parecía sacado de una película: Tom Cruise en persona. Mi corazón dio un brinco, y sentí un cosquilleo en el estómago, de esos que te avisan que la noche va a cambiar.

Se acercó con paso seguro, como si supiera que todas las miradas estaban en él. "Hola, ¿te puedo invitar un trago? Me llamo Tomás, pero mis cuates me dicen Tom Cruise por lo obvio", dijo con voz grave y un guiño juguetón. Su acento tenía un toque gringo mezclado con mexicano, como si hubiera crecido entre Hollywood y la Riviera. Reí, nerviosa, oliendo su colonia amaderada que se mezclaba con el mío, floral y dulce.

¿Será un sueño? Este pendejo parece el Cruise de Pasión y Gloria, esa peli que vi mil veces de morros, donde corre, salta y conquista todo.

"Órale, acepto. Soy Laura, y simón, te pareces un chorro a él. ¿Eres actor o qué pedo?", le pregunté mientras chocábamos copas. Hablamos de todo: de la vida en México, de cómo él era doble de acción en films gringos y había trabajado en sets donde Tom Cruise era el rey. La química era eléctrica, cada roce de sus dedos al pasarme el vaso me erizaba la piel. Sentía mi pulso acelerarse, y entre mis piernas un calor húmedo que me traicionaba.

La fiesta seguía, pero nosotros nos fuimos apartando. Bailamos pegaditos bajo las estrellas, su cuerpo duro presionando el mío. Sus manos en mi cintura, bajando despacito hasta mis caderas, y yo arqueándome contra él, sintiendo su verga endureciéndose a través del pantalón. "Estás rica, Laura. Me traes loco", murmuró en mi oído, su aliento caliente rozándome el lóbulo. Olía a deseo puro, a sudor limpio y mar.

Acto dos: la escalada. No aguantamos más. "Vamos a la playa", propuse, y él asintió con esa mirada de lobo. Caminamos tomados de la mano por la arena tibia, descalzos, el sonido de las olas como un ritmo carnal. Nos detuvimos en una cala privada, iluminada solo por la luna llena. Se quitó la camisa, revelando un torso esculpido, pectorales firmes y un vientre marcado que quise lamer ahí mismo. Yo me desabroché el vestido, dejándolo caer como una promesa.

Sus ojos me devoraron, y sentí mis pezones endurecerse al aire salobre. "Eres una diosa, cariño", dijo, acercándose. Nuestros cuerpos chocaron, piel contra piel, suave y ardiente. Sus labios capturaron los míos en un beso feroz, lenguas danzando con sabor a tequila y pasión. Gemí en su boca, mis manos explorando su espalda ancha, clavando uñas en su carne mientras él me apretaba el culo, amasándolo con fuerza.

¡No mames, esto es mejor que cualquier fantasía con Tom Cruise! Su piel sabe a sal y hombre, su olor me marea de lujuria.

Me recostó en la arena fina, que se pegaba a mi espalda como un amante extra. Bajó besos por mi cuello, mordisqueando suave, enviando chispas directo a mi clítoris. Lamio mis tetas, chupando un pezón mientras pellizcaba el otro, y yo arqueé la espalda, jadeando. "¡Ay, Tomás, no pares, pendejo delicioso!", supliqué, mi voz ronca. Sus dedos bajaron por mi vientre, rozando mi monte de Venus depilado, hasta encontrar mi panocha empapada.

"Estás chorreando, mi reina", gruñó, metiendo un dedo, luego dos, curvándolos para tocar ese punto que me hace ver estrellas. El sonido húmedo de mis jugos era obsceno, mezclado con mis gemidos y el romper de las olas. Lo masturbé a través del bóxer, sintiendo su verga gruesa, venosa, latiendo en mi palma. "Quiero probarte", dije, y lo empujé para arrodillarme. Su glande brillaba con pre-semen, salado en mi lengua cuando lo lamí. Lo tragué profundo, sintiéndolo golpear mi garganta, sus manos en mi pelo guiándome al ritmo.

Pero él quería más. Me levantó, me dio la vuelta y me puso a cuatro patas, la arena raspando deliciosamente mis rodillas. "Prepárate para pasión y gloria Tom Cruise", susurró, recordando nuestra charla sobre sus dobles en las pelis de acción del galán. Entró en mí de un empujón lento, llenándome hasta el fondo. ¡Dios! Su verga era perfecta, gruesa, estirándome con placer punzante. Empezó a bombear, lento al principio, cada embestida haciendo que mis tetas rebotaran y mi clítoris palpitara.

El ritmo subió, sus caderas chocando contra mi culo con palmadas húmedas, el olor de sexo impregnando el aire. Sudábamos, resbalosos, yo empujando hacia atrás para más. "¡Cógeme más duro, cabrón! ¡Sí, así!", grité, perdida en el éxtasis. Sus bolas golpeaban mi clítoris, y sentí el orgasmo construyéndose como una ola gigante. Él gruñía, mordiendo mi hombro, sus dedos frotando mi botón hinchado.

Acto tres: la gloria. "Me vengo, Laura, ¡joder!", rugió, y su verga se hinchó, eyaculando chorros calientes dentro de mí, empujándome al borde. Exploté, mi coño contrayéndose alrededor de él, olas de placer sacudiéndome entera. Grité su nombre, el mundo disolviéndose en blanco, pulsos en cada célula, jugos chorreando por mis muslos.

Colapsamos juntos, jadeantes, su peso sobre mí reconfortante. El mar lamía nuestros pies, fresco contra el calor de nuestros cuerpos. Me besó la nuca, suave ahora. "Eso fue pasión y gloria Tom Cruise, ¿no?", rio bajito. Asentí, riendo también, sintiendo su semen escurrir tibio.

En sus brazos, bajo la luna de Cancún, supe que esta noche era mía. No solo sexo, sino conexión, gloria pura en la piel de este clon perfecto.

Nos quedamos así un rato, hablando susurros, planeando un desayuno. Al amanecer, caminando de regreso, su mano en la mía, sentí un glow profundo, empoderada, satisfecha. México siempre sorprende con sus pasiones, y esta, con mi Tom Cruise particular, sería inolvidable.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.