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Diario de una Pasión DVD

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Diario de una Pasión DVD

Neta que no sé cómo carajos terminé encontrando esa cajita polvorienta en el fondo del clóset de mi depa en la Roma. Era una tarde de esas pendejas en que el calor de la Ciudad de México te pega como una verga dura, y yo sudando la gota gorda, ordenando chingaderas viejas. Saqué un montón de DVDs rayados, películas de cuando éramos chavos, y ahí estaba: diario de una pasion dvd. El título me dio un coscorrón en la memoria. Pensé que era la película esa romántica, la de los amores imposibles que tanto me gustaba ver con él, con Marco. Pero algo en la caligrafía chueca de la etiqueta me hizo dudar. Mi pulso se aceleró un poquito, como si oliera a peligro chido.

Me senté en el sillón de piel sintética que cruje con el sudor, prendí el home theater viejo que aún jala, y metí el disco. La pantalla se iluminó con estática, y de repente, no era la película. Éramos nosotros. Ahí estaba yo, de veintitantos, con el pelo revuelto y una playera ajustada que se me pegaba al cuerpo por el calor de esa noche en Acapulco. Marco me cargaba en brazos, riéndonos como pendejos, y la cámara temblaba porque la había puesto en el buró del hotel.

¡Órale, mi amor, grábame cogiendo como diosa que eres!
decía él, con esa voz ronca que me ponía la piel chinita.

El corazón me latía en la garganta mientras veía cómo me tumbaba en la cama king size, con las sábanas blancas oliendo a sal del mar y a nuestro sudor fresco. Sus manos grandes, callosas de tanto trabajar en la construcción, me arrancaban la ropa con urgencia. Sentí el fantasma de ese toque en mi piel ahora, el roce áspero de sus palmas contra mis tetas, endureciendo mis pezones al instante. En la pantalla, gemía bajito, arqueándome, y el sonido de mi propia voz me erizó los vellos. Chingado, qué rico se siente revivir esto, pensé, mientras mis dedos bajaban solas por mi panza, rozando el borde del shortcito de mezclilla.

La escena escalaba: Marco me besaba el cuello, chupando suave, dejando marcas rojas que dolían chido. Olía a su colonia barata mezclada con el sudor salado, un aroma que ahora inundaba mi nariz como si estuviera ahí. Yo en el video le clavaba las uñas en la espalda, pidiendo más, más fuerte, cabrón. Él se reía, ese laugh gutural que vibraba en mi pecho, y bajaba la boca a mi panocha, lamiendo despacio, saboreando mis jugos como si fueran el mejor tequila reposado. Vi cómo mi cuerpo se convulsionaba, las piernas temblando, y sentí un calor líquido entre mis muslos. Mi mano se coló dentro del short, tocándome suave, sincronizando con el ritmo de su lengua en la pantalla.

Pero no era suficiente. Ese diario de una pasion dvd no era solo un recuerdo; era una puta invitación. Apagué el tele con manos temblorosas, saqué el celular y marqué su número sin pensarlo dos veces. ¿Y si no contesta? ¿Y si ya no le late? Marco atendió al tercer timbre, su voz igual de ronca que en el video.

¿Ana? ¿Qué onda, reina? ¿Todo bien?
Le conté todo, sin filtro mexicano: que encontré el DVD, que me tenía mojadísima, que necesitaba su verga ya. Se quedó callado un segundo, y luego:
Neta? Estoy a quince minutos, espérame con las patas abiertas.

Me levanté como resorte, me metí a regar el baño. El vapor del agua caliente llenó el espejo, y me vi: curvas maduras ahora, tetas más pesadas, pero igual de calientes. Me unté crema de coco, oliendo dulce y tropical, imaginando sus manos resbalosas en mí. El corazón me iba a mil, el pulso retumbando en mis oídos como tambores de cumbia. Cuando sonó el interfón, ya estaba en la puerta, en tanguita y crop top, sudando anticipación.

Marco entró como huracán, alto, moreno, con esa barba de tres días que pincha chido. Me jaló contra su pecho duro, oliendo a diesel de su troca y a hombre puro. Su boca en la mía sabe a chela fría y deseo viejo, pensé mientras nos devorábamos. Lenguas enredadas, saliva mezclada, mordidas suaves en el labio inferior. Sus manos me amasaron el culo, apretando fuerte, y gemí contra su boca.

Te extrañé, panocha rica
, murmuró, bajando los besos por mi cuello, chupando donde dolía placentero.

Lo empujé al sillón, donde el DVD aún estaba en la lectora, testigo mudo. Me arrodillé entre sus piernas, desabrochando su jeans con dientes y uñas. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, oliendo a macho sudado. La lamí desde la base, saboreando la piel salada, el precum amargo que me hacía agua la boca. Él gruñó, enredando dedos en mi pelo, guiándome. Chúpala toda, mi amor, como en el video. La tragué profunda, garganta relajada por práctica vieja, sintiendo cómo palpitaba contra mi lengua. El sonido obsceno de succiones llenaba la sala, mixto con sus jadeos roncos y mi nariz contra su pubis rasurado.

No aguantó mucho. Me levantó como pluma, me tumbó en el piso alfombrado, arrancándome la tanga de un tirón. El aire fresco besó mi panocha empapada, hinchada de necesidad. Se hincó, lamiéndome voraz, lengua plana lamiendo clítoris, dedos gruesos metiéndose y saliendo, curvándose en mi punto G. Grité,

¡Sí, cabrón, así! ¡No pares!
El olor de mi arousal flotaba pesado, almizclado, mezclándose con su sudor. Mis caderas se movían solas, follando su cara, jugos corriéndome por el culo.

La tensión crecía como tormenta en el desierto sonorense. Quería su verga dentro, ya. Lo jalé arriba, guiándolo. Entró de un embestida, llenándome hasta el fondo, estirándome delicioso. Duele chido, quema, pero es perfecto. Empezamos lento, piel contra piel resbalosa, pechos aplastados en su torso peludo. Sus embestidas se aceleraron, pélvis chocando con palmadas húmedas, bolas golpeando mi perineo. Gemíamos en coro, palabras sucias:

Cógeme duro, Marco, hazme tu puta
. Él respondía
Eres mi reina, Ana, apriétame con esa concha caliente
.

Cambié de posición, montándolo como amazona. Sus manos en mis caderas, yo rebotando, tetas saltando, sudor goteando de mi frente a su pecho. Veía su cara de éxtasis, ojos clavados en mí, boca abierta jadeando. El placer subía en espiral, útero contrayéndose, clítoris rozando su pubis. Voy a venirme, chingado, no aguanto. Grité su nombre, explotando en olas, panocha ordeñándolo, jugos chorreando por sus bolas. Él se tensó debajo, verga hinchándose, y gruñó profundo, llenándome de semen caliente, chorros que sentía palpitar adentro.

Colapsamos juntos, respiraciones entrecortadas, cuerpos pegajosos de sudor y fluidos. Su verga aún dentro, semi-dura, goteando. Lo besé suave, saboreando sal en sus labios.

Gracias por venir, wey. Ese diario de una pasion dvd fue el mejor afrodisíaco
, le dije riendo bajito. Él me abrazó fuerte, oliendo nuestro sexo mezclado.
Deberíamos hacer la secuela, mi amor. Esta vez en 4K
.

Nos quedamos así, en el piso fresco, con el sol del atardecer tiñendo la sala de naranja. El DVD seguía ahí, promesa de más pasiones. Sentí paz en el pecho, esa calidez que solo viene después de un buen revolcón consensual, empoderador. Marco era mi pasado y ahora mi presente chido. Mañana grabamos el siguiente capítulo, neta.

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