Pasión de Gavilanes Capítulo 33 Fuego en las Venas
Estaba sola en mi casa de Guadalajara esa noche calurosa de verano el aire cargado de jazmín del jardín y el eco lejano de un mariachi en la colonia. Me serví un tequila reposado en un vasito de cristal el líquido ámbar quemándome la garganta mientras encendía la tele. Pasión de Gavilanes capítulo 33 justo empezaba y neta que esa novela siempre me ponía la piel chinita. Esa escena donde los hermanos Reyes se enfrentan a sus pasiones prohibidas con las hermanas Elizondo me tenía clavada. La cámara enfocaba los ojos ardientes de Gaviota el sudor brillando en su cuello moreno y el roce de sus cuerpos en la penumbra del rancho. Sentí un cosquilleo entre las piernas un calor que subía como lava.
¿Por qué carajos esta novela me prende tanto? —pensé mientras mi mano bajaba distraída por mi blusa de satén— Esas miradas que prometen todo sin decir nada esa tensión que explota en besos salvajes.Me recargué en el sillón de cuero suave rozando mis muslos desnudos bajo la falda corta. El olor a tequila se mezclaba con mi perfume de vainilla y el aroma de mi propia excitación empezaba a perfumar el aire. Marco mi amor mi pendejo favorito llegaba en cualquier momento. Hacía una semana que no nos veíamos por su jale en la sierra y la idea de sus manos callosas en mi piel me hacía morder el labio.
La pantalla mostraba ahora a Franco besando a Sarita con hambre el sonido de sus respiraciones jadeantes saliendo de los bocinas. Copié el gesto sin darme cuenta pasando la lengua por mis labios imaginando que era la boca de Marco la que me devoraba. Mi pezón se endureció bajo la tela fina y apreté las piernas para calmar el pulso acelerado ahí abajo. Neta que necesito que llegue ya me dije el corazón latiéndome en el pecho como tamborazo zacatecano.
De repente la puerta se abrió y ahí estaba él alto moreno con esa sonrisa chueca que me deshace. Olía a tierra mojada y a su colonia barata pero tan chida esa que me recuerda a las noches en el rancho de mis papás. "¡Gabriela mi reina!" gruñó tirando su mochila al suelo y cruzando la sala en dos zancadas. Sus ojos cafés me recorrieron como caricia ardiente deteniéndose en mis piernas abiertas y en la tele donde Pasión de Gavilanes capítulo 33 seguía ardiendo.
"¿Viendo la novela eh? Te veo bien prendida" murmuró su voz ronca cerca de mi oído mientras se arrodillaba frente a mí. Sus manos grandes subieron por mis pantorrillas ásperas por el trabajo pero firmes tocando mi piel suave. Gemí bajito el contacto enviando chispas directo a mi centro. "Sí amor esa escena... me tiene loca" confesé jadeando mientras él besaba mi rodilla el calor de su aliento humedeciendo mi piel.
Acto primero del deseo puro. Me jaló hacia él mi falda subiéndose hasta la cintura revelando mis bragas de encaje negro ya húmedas. "Qué bonita estás Gabriela" dijo lamiendo el interior de mi muslo el sabor salado de mi sudor en su lengua. Yo enredé mis dedos en su cabello negro revuelto oliendo a humo de fogata. La tele seguía de fondo los gemidos de la novela mezclándose con los míos. Su boca llegó a mi entrepierna rozando la tela fina soplando caliente.
¡Ay wey no aguanto más!pensé arqueando la espalda.
Lo empujé al sillón montándome encima a horcajadas sus manos amasando mis nalgas. Nuestros labios chocaron en un beso feroz lenguas danzando con sabor a tequila y menta. Mordí su labio inferior saboreando un hilito de sangre dulce mientras él gruñía bajito "Eres mi gavilana Gabriela mi pasión". Desabotoné su camisa sintiendo el vello oscuro en su pecho duro el latido fuerte de su corazón bajo mi palma. Olía a hombre puro sudor viril y deseo crudo.
La tensión crecía como tormenta en la sierra. Bajé la cremallera de sus jeans liberando su verga dura palpitante caliente en mi mano. La apreté despacio sintiendo las venas hinchadas el calor irradiando. "Qué rica la tienes amor" susurré bombeándola lento mientras él metía mano bajo mi blusa pellizcando mis tetas. Gemí fuerte el placer punzante bajando por mi espina. Me quité la blusa quedando en sostén mis pezones rosados asomando duros como piedras.
Lo besé el cuello lamiendo su piel salada bajando por su pecho mordisqueando un pezón. Él jadeaba "¡Chíngame Gabriela!" sus caderas empujando contra mi mano. Le bajé los jeans del todo su verga saltando libre gruesa venosa con una gota perlada en la punta. La lamí despacio saboreando su esencia salada masculina mirándolo a los ojos. Sus pupilas dilatadas el sudor corriéndole por la sien. "Te chupo hasta que ruegues" le dije con voz ronca montándolo de nuevo frotando mi panocha húmeda contra él a través de la tela.
El medio del fuego la escalada imparable. Me arrancó las bragas de un jalón el sonido de la tela rasgándose como trueno. Su dedo grueso entró en mí resbaloso explorando mis paredes calientes. "Estás chorreando mi amor" gruñó metiendo otro dedo curvándolos tocando ese punto que me hace ver estrellas. Gemí alto cabalgando su mano el jugo corriendo por sus nudillos oliendo a sexo puro almizcle dulce. La tele apagada ya pero el eco de Pasión de Gavilanes capítulo 33 en mi mente avivando el incendio.
"Te quiero adentro ya" supliqué clavando uñas en sus hombros. Él sonrió pendejo chulo levantándome un poquito y guiando su verga a mi entrada. La cabeza gruesa separó mis labios resbaladizos empujando lento centímetro a centímetro estirándome delicioso. Sentí cada vena rozando mis paredes el calor llenándome completa. "¡Ay Marco qué grande!" grité bajando de golpe hasta la base sus bolas peludas contra mi culo.
Cabalgamos como potros salvajes yo arriba moviéndome rápido arriba abajo mis tetas rebotando libres. Él las chupaba mordía succionaba el sonido húmedo de su boca en mi piel. Sudábamos pegajosos el aire espeso de nuestros olores mezclados gemidos roncos y el slap slap de carne contra carne. "Más fuerte dame verga" le pedí él obedeciendo embistiéndome desde abajo sus caderas chocando duras. Internalmente gritaba
Esto es la pasión pura como en la novela pero mejor neta mejor porque es nuestro.
Cambié de posición él atrás a perrito mis manos en el sillón el cuero frío contra mis palmas. Marco entró de nuevo profundo golpeando mi clítoris con cada estocada. Su mano bajó frotándolo en círculos rápidos mientras la otra jalaba mi cabello. "¡Ven conmigo Gabriela!" rugió su voz quebrada. El orgasmo me golpeó como rayo olas de placer contrayendo mi panocha alrededor de él ordeñándolo. Grité su nombre el mundo explotando en colores el jugo chorreando por mis muslos.
Él se vino segundos después caliente espeso llenándome con chorros potentes gruñendo como animal marcándome. Colapsamos juntos él aún dentro palpitando yo temblando en afterglow. Su pecho contra mi espalda sudor pegándonos el olor a sexo envolviéndonos como niebla. Besos suaves en mi nuca sus manos acariciando mis caderas. "Te amo mi gavilana" murmuró besando mi hombro.
Nos quedamos así rato el corazón calmándose el aire enfriándose. Miré la tele oscura recordando Pasión de Gavilanes capítulo 33 y sonreí. Nuestra pasión era real no guion de novela pero igual de ardiente igual de eterna. "Otra vez en la cama?" pregunté juguetona él riendo "Siempre reina siempre".