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Pasion Cap 45 Fuego en la Carne

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Pasion Cap 45 Fuego en la Carne

La noche en Polanco se sentía cargada de promesas, con el bullicio de la ciudad filtrándose por las ventanas entreabiertas de mi depa. Yo, Ana, acababa de llegar de una cena con amigos en un restaurante chido de la colonia Roma, pero mi mente estaba en otro lado. En él. Marco me esperaba adentro, con esa sonrisa pícara que me ponía la piel chinita cada vez. Habían pasado semanas desde nuestra última vez, y el deseo se había acumulado como tormenta en el DF. Pasión Cap 45, así le llamaba yo en mi cabeza a este reencuentro, como si fuera el capítulo culminante de una novela erótica que solo nosotros escribíamos.

Entré y el aroma a tequila reposado y su colonia fresca me golpeó de lleno. Él estaba recargado en la barra de la cocina, camisa blanca desabotonada hasta el pecho, mostrando ese vello oscuro que me volvía loca. "Órale, mamacita, ¿ya extrañaste esto?" dijo con voz ronca, acercándose lento, como depredador. Su aliento cálido rozó mi cuello mientras me quitaba la chamarra de cuero. Sentí su mano grande deslizándose por mi espalda, bajando hasta mi cintura, apretando justo donde dolía de ganas. Mi corazón latía como tamborazo en fiesta de pueblo.

"Dios, qué chingón se ve esta noche. No aguanto más, pero hay que ir despacio, que el fuego crezca", pensé, mientras mis labios buscaban los suyos.

Nuestro beso empezó suave, labios rozándose como pluma, pero pronto se volvió hambriento. Lenguas enredadas, sabor a mezcal y menta invadiendo mi boca. Sus manos subieron por mis muslos, levantando mi falda negra ajustada, y yo gemí bajito contra su boca. El sonido de la tela rasgando el silencio, el roce de sus dedos callosos en mi piel suave... todo me erizaba. Lo empujé hacia el sillón de piel, ese que compramos juntos en una tiendita de diseño en la Condesa. Caímos sentados, yo a horcajadas sobre él, sintiendo su verga dura presionando contra mi panocha a través de la tela.

"Te voy a comer entera, Ana", murmuró él, mordisqueando mi oreja. Sus dientes me enviaron chispas directas al clítoris. Le arranqué la camisa, exponiendo su pecho moreno, músculos tensos por el gym que tanto presumía. Olía a hombre sudado, a esfuerzo y deseo puro. Mis uñas trazaron surcos rojos en su piel, y él gruñó, ese sonido gutural que me mojaba al instante. Bajé la cabeza, lamiendo sus pezones, saboreando el salado de su sudor mezclado con el perfume. Él metió la mano bajo mi blusa, pellizcando mis tetas, rodando los pezones duros entre sus dedos hasta que arqueé la espalda, jadeando.

El calor entre nosotros subía como volcán en erupción. Me puse de pie un segundo, solo para quitarme la falda y las calacas de encaje rojo que ya estaban empapadas. Él se relamió los labios, ojos oscuros devorándome. "Qué rica estás, güey. Ven pa'cá". Me jaló de la mano, y yo caí de rodillas frente a él, desabrochando su cinturón con dientes. El sonido metálico del zipper bajando fue como música prohibida. Saqué su verga gruesa, venosa, palpitante, y la tomé en mi boca sin pensarlo dos veces. Caliente, suave como terciopelo sobre acero. Lamí desde la base hasta la punta, saboreando el precum salado, mientras él enredaba sus dedos en mi pelo, guiándome sin forzar.

"Pasión Cap 45 se pone intenso aquí. Su sabor me enloquece, quiero que explote en mi garganta, pero no, hoy lo quiero adentro, llenándome toda".

Marco me levantó como si no pesara nada, sus brazos fuertes rodeándome. Caminamos tropezando hasta la recámara, besándonos furiosos, dejando un rastro de ropa por el pasillo. La cama king size nos recibió con sábanas de algodón egipcio frescas, contrastando con nuestra piel ardiente. Me tiró boca arriba, y él se hundió entre mis piernas, nariz rozando mi monte de Venus. Inhaló profundo, "Hueles a miel y pecado, mi reina". Su lengua encontró mi clítoris hinchado, lamiendo en círculos lentos, chupando suave al principio, luego con hambre. Sentí mis jugos corriendo, el sonido chapoteante de su boca devorándome, mis caderas levantándose solas para follarle la cara. Gemí fuerte, "¡Sí, cabrón, así! No pares!". Dos dedos gruesos entraron en mí, curvándose justo en mi punto G, bombeando mientras su lengua no descansaba. El orgasmo me pegó como rayo, cuerpo convulsionando, visión borrosa, grito ahogado en la almohada.

Pero no paró. Me volteó boca abajo, nalgas en pompa, y sentí su verga rozando mi entrada, resbalosa de mis propios jugos. "¿Me quieres adentro, Ana? Dime". "¡Síp, métemela toda, amor!" empujé hacia atrás, y él embistió de un jalón, llenándome hasta el fondo. El estirón delicioso, su pubis chocando contra mis nalgas, piel contra piel en palmadas rítmicas. Olía a sexo crudo, sudor y feromonas. Sus manos agarraban mis caderas, tirando de mí mientras follaba duro, profundo. Yo me arqueaba, tetas rebotando, pezones rozando las sábanas ásperas. "Estás tan apretada, tan mojada pa' mí", jadeaba él, acelerando. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo como amazona, sintiendo cada vena de su verga masajeando mis paredes. Mis uñas en su pecho, su mirada clavada en mis tetas saltando. El placer subía en olas, tensión en el vientre, pulsos acelerados latiendo en mis oídos.

Inner struggle: Quería correrme ya, pero resistía, prolongando el éxtasis. "No tan rápido, que dure esta pasión cap 45", me dije, apretando mis músculos internos alrededor de él. Marco se incorporó, sentándonos frente a frente, piernas enredadas. Besos lentos ahora, mientras mecíamos caderas en sincronía perfecta. Sus manos en mi culo, guiando, mi clítoris frotándose contra su base. El clímax nos tomó juntos: yo gritando su nombre, él gruñendo "¡Me vengo, carajo!", chorros calientes inundándome, mi panocha contrayéndose en espasmos interminables. Colapsamos, cuerpos pegajosos, respiraciones entrecortadas.

En el afterglow, yacíamos abrazados, pieles enfriándose lento. El olor a sexo impregnaba la habitación, mezclado con el jazmín del difusor en la mesita. Marco trazaba círculos perezosos en mi espalda, besando mi frente. "Fuiste increíble, mi vida. Esto es lo que necesitaba". Yo sonreí, acurrucada en su pecho, oyendo su corazón volver a normal. Reflexioné en silencio: tantos capítulos de nuestra historia, y este Pasión Cap 45 marcaba un nuevo nivel de conexión. No era solo follar; era alma con alma, deseo que nutría el espíritu. Afuera, la ciudad seguía su ritmo caótico, pero aquí, en nuestro nido, reinaba la paz satisfecha. Mañana vendrían más aventuras, pero esta noche era eterna.

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