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Historias de Amor Pasión y Lujuria PDF

7326 palabras

Historias de Amor Pasión y Lujuria PDF

La noche en Polanco estaba viva con el bullicio de la ciudad que nunca duerme. Las luces de los restaurantes y bares destellaban como estrellas caídas sobre el pavimento reluciente por la lluvia reciente. Yo, Ana, caminaba por las calles empedradas del barrio más chido de México, con un vestido rojo ceñido que se pegaba a mi piel como una promesa de pecado. Hacía meses que no salía así, pero esa noche sentía un cosquilleo en el estómago, como si el aire mismo me susurrara que algo grande iba a pasar.

Entré al rooftop de un hotel boutique, donde la fiesta privada latía con ritmos electrónicos y risas ahogadas en copas de champagne. El olor a jazmín flotaba mezclado con el humo de cigarros caros y el perfume caro de la gente guapa. Ahí lo vi: Javier, mi amor de universidad, el wey que me había hecho temblar las piernas con solo una mirada. Estaba recargado en la barandilla, con su camisa blanca desabotonada lo justo para mostrar ese pecho moreno y musculoso que tanto recordaba. Neta, el tiempo lo había puesto más chulo, con esa barba incipiente y ojos negros que prometían travesuras.

¿Qué chingados hace él aquí? pensé, mientras mi pulso se aceleraba. Me acerqué con una sonrisa fingiendo casualidad. "¡Órale, Javier! ¿Qué onda, carnal?" dije, usando ese tono juguetón que siempre nos sacaba risas.

Él se giró, y su sonrisa fue como un rayo. "¡Ana! No mames, ¿tú por aquí? Estás cañona, morra." Su voz grave me erizó la piel, y cuando me abrazó, sentí el calor de su cuerpo contra el mío, ese aroma a sándalo y tequila que me transportó directo a nuestras noches locas en la Condesa.

Hablamos de todo y nada: del pinche tráfico de la CDMX, de trabajos que nos chingaban el alma, de amigos que se habían casado y ahora vivían en rutinas aburridas. Pero entre líneas, la tensión crecía. Sus ojos bajaban a mis labios, a mis curvas, y yo sentía mi piel ardiendo bajo su mirada. "Recuerdas esas historias de amor pasión y lujuria pdf que nos bajábamos en la uni?" murmuró, acercándose tanto que su aliento cálido rozó mi oreja. "Las leíamos en voz alta, ¿verdad? Y terminábamos... bueno, ya sabes."

Mi corazón dio un brinco. Neta, esas noches eran legendarias: él con su laptop, yo recostada en su cama deshecha, devorando relatos calientes de amantes prohibidos, mientras nuestras manos exploraban. "Cómo olvidarlo, pendejo", respondí riendo, dándole un empujoncito juguetón en el pecho. "Tú eras el experto en hacerlas realidad."

La química era palpable, como electricidad estática antes de la tormenta. Bailamos pegaditos, sus manos en mi cintura, mi culo rozando su entrepierna dura. Sentía su verga presionando contra mí, y un calor húmedo se acumulaba entre mis muslos.

Quiero que me folle aquí mismo, frente a todos, pero no... mejor en privado, donde pueda gritar su nombre sin que nos corran.
El deseo me nublaba la cabeza, y cuando me invitó a su penthouse a unas cuadras, no lo pensé dos veces. "Vamos, Ana. Sigamos escribiendo nuestra propia historia."

El elevador al penthouse era un mundo aparte: espejos por todos lados reflejando nuestras siluetas entrelazadas, el zumbido suave del motor amplificando nuestros jadeos mientras nos besábamos como posesos. Sus labios sabían a tequila añejo y menta, ásperos y hambrientos. Mis manos se colaron bajo su camisa, palpando esos abdominales duros como piedra, mientras él me apretaba las nalgas con fuerza, levantándome contra la pared. "Estás mojada ya, ¿verdad, rica?" gruñó en mi oído, y su dedo rozó mi tanga empapada. Gemí, asintiendo, perdida en el olor almizclado de su sudor mezclado con mi perfume floral.

Entramos al depa, un lugar minimalista con vistas panorámicas de la Reforma iluminada. Las luces de la ciudad parpadeaban como testigos mudos. Me quitó el vestido de un tirón, dejando mis tetas al aire, pezones duros como balas bajo su mirada hambrienta. "Eres una diosa, Ana. Neta, me tienes bien puesto." Se arrodilló, besando mi ombligo, bajando lento por mi vientre tembloroso. El aire fresco del acondicionado contrastaba con el fuego de su lengua lamiendo mis muslos internos, ese sabor salado de mi piel que él devoraba como si fuera el último banquete.

Me recostó en la cama king size, sábanas de seda negra que se pegaban a mi espalda sudada. Esto es mejor que cualquier pdf de lujuria, pensé, mientras él se desnudaba. Su verga saltó libre, gruesa y venosa, apuntándome como un arma cargada. La tomé en mi mano, sintiendo su pulso acelerado, el calor palpitante que me hacía salivar. "Chúpamela, morra", pidió con voz ronca, y yo obedecí, lamiendo desde la base hasta la punta, saboreando esa gota precursora salada y amarga. Él gemía, enredando sus dedos en mi pelo, follando mi boca con ritmo creciente. El sonido obsceno de succión y saliva llenaba la habitación, mezclado con nuestros jadeos.

Pero no quería acabar así. Lo empujé sobre el colchón, montándolo como una amazona. Su polla resbaló dentro de mí, estirándome deliciosamente, llenándome hasta el fondo. "¡Ay, wey! Qué rica te sientes", rugió, mientras yo cabalgaba, mis caderas girando en círculos lentos al principio, acelerando el vaivén. El slap-slap de piel contra piel resonaba, mi clítoris rozando su pubis en cada embestida. Sudor perlaba nuestros cuerpos, goteando entre mis tetas que rebotaban hipnóticamente. Él las amasaba, pellizcando pezones, enviando descargas de placer directo a mi coño palpitante.

La tensión subía como la marea: cambié de posición, él encima ahora, embistiéndome profundo, sus bolas golpeando mi culo. "Más fuerte, Javier, ¡chingame como en esas historias!" grité, arañando su espalda. Sentía cada vena de su verga frotando mis paredes internas, el olor a sexo crudo invadiendo el aire, ese almizcle animal que nos volvía feras. Mis uñas se clavaban en sus nalgas, urgiéndolo más adentro.

Esto es pasión pura, amor revuelto con lujuria desbocada. No pares, nunca pares.

El clímax nos golpeó como un terremoto. Primero yo: un espasmo brutal desde el útero, mi coño contrayéndose alrededor de él en oleadas, gritando su nombre mientras estrellas explotaban detrás de mis párpados. "¡Sí, Ana, córrete para mí!" bramó, y segundos después se vació dentro, chorros calientes inundándome, su cuerpo temblando sobre el mío. Colapsamos, enredados, pieles pegajosas de sudor y fluidos, respiraciones entrecortadas sincronizándose poco a poco.

Después, en el afterglow, yacíamos mirando el techo, con la ciudad ronroneando afuera. Él me acariciaba el pelo, besando mi frente. "Esto fue épico, Ana. Mejor que cualquier historia de amor pasión y lujuria pdf." Reí bajito, acurrucándome en su pecho, sintiendo su corazón latir calmado ahora. "Neta, Javier. Hagamos de esto una serie. Nuestra serie."

Nos quedamos así hasta el amanecer, con el sol tiñendo las cortinas de rosa. No hubo promesas grandiosas, solo la certeza de que esta noche había reescrito nuestros destinos. Salí de ahí con las piernas flojas, un beso ardiente en los labios y el recuerdo de su sabor grabado en mi alma. Polanco despertaba, pero yo llevaba conmigo el eco de nuestra lujuria, lista para la próxima página.

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