Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras La Pasión de Cristo 2004 Desnuda La Pasión de Cristo 2004 Desnuda

La Pasión de Cristo 2004 Desnuda

6184 palabras

La Pasión de Cristo 2004 Desnuda

Era una noche de Cuaresma en mi depa de la Roma, aquí en la CDMX. Yo, Mari, de veintiocho pirulos, con mi piel morena y curvas que no me avergüenzan pa' nada, estaba sola con Alex, mi carnal de folladas, un wey de treinta que me ponía como moto con solo mirarme. Habíamos estado una semana sin echarnos un revolcón por el pinche trabajo, y la tensión se sentía en el aire como el olor a tacos de suadero de la esquina. Neta, necesitaba desquitarme.

Decidimos ver una película pa' romper el hielo. Saqué el DVD de La Pasión de Cristo 2004, esa que vi de morrilla y me dejó marcada por el sufrimiento y la entrega total. "Wey, ¿por qué esta?", me dijo Alex riendo mientras se recargaba en el sofá de piel suave, con su playera ajustada marcando los músculos del gym. "Pa' entrar en mood cuaresmal, pero con twist", le contesté guiñando el ojo, sentándome a su lado con mis shorts cortitos y blusa escotada. El olor de su colonia, mezcla de madera y cítricos, me llegó directo al nalgón.

Apagué las luces, solo quedó el resplandor de la tele y unas velitas que prendí pa' ambientar. El DVD arrancó con esas escenas crudas, el latigazo sonando como trueno en el silencio del depa. Sentí un escalofrío en la espalda, mi piel se erizó. Alex me jaló más cerca, su muslo fuerte contra el mío, calor subiendo.

¿Por qué esta película me prende tanto ahorita? Es dolor, pero también pasión pura, entrega sin límites. Como lo que quiero con él.
Su mano rozó mi rodilla, suave al principio, como pluma.

La película avanzaba, los clavos en las manos de Jesús, la sangre chorreando. Mi respiración se aceleró, no por miedo, sino por algo más hondo. Alex me miró, ojos oscuros brillando. "Estás temblando, corazón", murmuró, su aliento cálido en mi oreja, oliendo a menta del chicle. Asentí, mordiéndome el labio. Su mano subió por mi muslo, despacito, dedos ásperos de tanto cargar pesas rozando mi piel suave. Sentí el pulso en mi entrepierna, humedad creciendo. "No pares", susurré, girándome pa' besarlo.

Sus labios carnosos aplastaron los míos, lengua invadiendo con hambre, sabor salado y dulce. Gemí bajito, el sonido ahogado por su boca. La película seguía de fondo, gemidos de dolor mezclándose con los nuestros de placer. Le quité la playera de un jalón, mis uñas arañando leve su pecho velludo, oliendo a sudor fresco y hombre. Él me levantó la blusa, exponiendo mis chichis firmes, pezones duros como piedras. "Qué chingonas", gruñó, chupando uno con succión que me hizo arquear la espalda. El placer era eléctrico, rayos bajando directo a mi clítoris palpitante.

Esto es mejor que cualquier sermón. Su lengua en mi teta, el calor de su cuerpo pegado al mío, el crack de los latigos en la tele... todo se mezcla en pura pasión.
Me puse de rodillas en el sofá, desabrochando su jeans. Su verga saltó libre, gruesa, venosa, goteando precúm que lamí como miel. "¡Ay, wey, qué rica tu pinga!", exclamé, metiéndomela hasta la garganta. Él jadeó, manos enredadas en mi pelo negro largo, guiándome con ritmo. El sabor salado me inundó la boca, su olor almizclado me mareaba de lujuria. Chupé más fuerte, lengua girando en la cabeza, bolas pesadas en mi mano.

Alex me levantó como pluma, quitándome shorts y tanga de un tirón. Mi panocha depiladita brillaba mojada, labios hinchados. "Mírate, toda chorreante por mí", dijo con voz ronca, hociqueando entre mis piernas. Su lengua plana lamió desde el ano hasta el clítoris, succionando jugos que sabía a mar y deseo. Grité, "¡Sí, cabrón, chúpame así!", caderas moviéndose solas contra su cara barbuda. El roce de su barba en mis labios internos era fuego puro, olor a mi propia excitación llenando el aire. Metió dos dedos gruesos, curvándolos en mi punto G, mientras lamía sin parar. Orgasmo número uno me azotó como tormenta, piernas temblando, chorro salpicando su barbilla.

No paramos. La película llegaba al clímax, la cruz levantada, y nosotros al nuestro. Me puso en cuatro en el sofá, nalgas en pompa. Su verga rozó mi entrada, resbalosa, caliente. "Entra ya, pendejo, no me hagas rogar", supliqué juguetona. Empujó despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. "¡Qué apretada estás, Mari!", rugió, llenándome hasta el fondo. El slap de piel contra piel empezó lento, luego fiero, sus bolas golpeando mi clítoris. Sudor nos pegaba, olor a sexo crudo invadiendo todo. Agarró mis chichis desde atrás, pellizcando pezones, mientras yo me empalaba más duro.

Siento cada vena de su verga pulsando dentro, mi coño apretándolo como puño. Los gemidos de la película se confunden con los míos, La Pasión de Cristo 2004 nos ha desatado como animales benditos.
Cambiamos de posición, yo encima, cabalgándolo como jinete en rodeo. Sus manos en mis caderas morenas, guiándome, ojos clavados en mis tetas rebotando. "¡Córrete dentro, Alex, lléname!", grité, clítoris frotándose en su pubis. Él se tensó, "¡Ya, mi reina!", y explotó, chorros calientes bañando mis paredes. Mi segundo orgasmo me dobló, visión borrosa, grito ronco escapando.

Caímos exhaustos, cuerpos enredados, piel pegajosa de sudor y fluidos. La tele mostraba créditos rodando, La Pasión de Cristo 2004 terminada, pero nuestra no. Besos suaves ahora, lenguas perezosas. Su mano acariciaba mi espalda, trazando círculos. "Neta, Mari, eso fue épico. ¿Quién iba a pensar que una película religiosa nos pondría así?", rio bajito. Yo sonreí contra su pecho, oyendo su corazón galopando calmándose. "Es la pasión, wey. Dolor y placer, entrega total. Como nosotros."

Nos quedamos ahí, envueltos en cobijas suaves, olor a sexo y velas apagándose. Afuera, la ciudad zumbaba con cláxones lejanos, pero adentro era paz.

Esto no es solo un polvo. Es conexión, fuego que no se apaga. Mañana será Viernes Santo, pero hoy fuimos santos del placer.
Alex me besó la frente, y supe que esto era lo nuestro: pasión desatada, consensual, pura vida mexicana de amar sin frenos.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.