Relatos Prohibidos
Inicio Sexo con Maduras Las 10 Pasiones Humanas Las 10 Pasiones Humanas

Las 10 Pasiones Humanas

5807 palabras

Las 10 Pasiones Humanas

Estaba en esa fiesta en el rooftop de Polanco, con las luces de la Ciudad de México brillando como estrellas caídas a mis pies. El aire cálido de la noche traía olor a jazmín y tacos al pastor de la calle abajo. Yo, Laura, de veintiocho pirulos, vestida con un vestido negro ceñido que me hacía sentir como una diosa, tomaba un paloma helado cuando lo vi. Diego, alto, moreno, con esa sonrisa pícara que gritaba trouble pero del bueno. Nuestras miradas se cruzaron y órale, ya estaba. Neta, el corazón me latió como tamborazo zacatecano.

Nos acercamos como imanes. "Qué onda, güeyita, ¿vienes seguido por acá?", me dijo con voz grave, oliendo a tequila reposado y colonia cara. "Nah, carnal, pero esta noche pintó chida", le contesté coqueta, rozando su brazo con los dedos. Hablamos de todo: del pinche tráfico, de lo cabrón que es encontrar chamba buena, y de pronto, él sacó el tema. "

¿Sabes qué son las 10 pasiones humanas?
Esas fuerzas que nos mueven, que nos hacen vivos. Deseo, amor, rabia, curiosidad... pero las más chingonas son las que prenden el cuerpo". Sus ojos se clavaron en mis labios y sentí un cosquilleo en el estómago, como si ya supiera que íbamos a desatarlas todas.

La tensión creció con cada trago. Su mano rozó mi cintura, y yo no me aparté. Al contrario, me pegué más, sintiendo el calor de su pecho a través de la camisa. "Vamos a mi depa, está cerca", murmuró al oído, su aliento caliente como fuego. "Sí, pendejo, vámonos", pensé, pero dije "Dale, neta que sí". Bajamos en su coche, el viento revuelve mi pelo, y en el camino su mano sube por mi muslo, suave pero firme. Ya estaba mojada, imaginando qué vendría.

Acto dos: la escalada. Entramos a su penthouse minimalista, con vistas al skyline. Olía a madera y a él, ese aroma masculino que me volvía loca. Me empujó contra la pared, besándome con hambre. Sus labios sabían a limón y tequila, ásperos pero tiernos. Gemí bajito cuando su lengua bailó con la mía, explorando, reclamando. "Qué rica estás, Laura", gruñó, bajando las manos a mis nalgas, apretándolas con ganas. Yo le arranqué la camisa, sintiendo los músculos duros bajo mis palmas, el sudor empezando a perlar su piel.

Lo empujé al sofá de piel suave, me subí encima. Mis tetas rozaban su pecho, pezones duros como piedras contra la tela. "Déjame probarte", susurré, bajando besos por su cuello, lamiendo el salado de su piel. Olía a deseo puro, a feromonas que me nublaban la cabeza. Le desabroché el pantalón, saqué su verga tiesa, gruesa, palpitante. Chingao, qué chingona, pensé. La lamí despacio, desde la base hasta la punta, saboreando el pre-semen salado. Él jadeaba, "¡Ay, mamacita, no pares!", enredando dedos en mi pelo.

Pero no quería acabar rápido. Me levanté, me quité el vestido de un jalón, quedando en tanga negra. Él se incorporó, me cargó como pluma hasta la cama king size, con sábanas de algodón egipcio frescas contra mi espalda ardiente. Sus manos everywhere: pellizcando mis pezones, bajando por mi vientre plano, metiéndose en mi calzón. Sentí sus dedos resbalosos en mi clítoris hinchado, frotando círculos perfectos. "Estás chorreando, nena", dijo con voz ronca. Yo arqueé la espalda, gimiendo alto, el sonido rebotando en las paredes.

Esto es una de las 10 pasiones humanas, el deseo que quema todo
, pensé mientras ondas de placer me recorrían.

Me volteó boca abajo, besando mi espinazo, lamiendo el sudor de mis lumbares. Su lengua bajó a mis nalgas, separándolas, probando mi ano con delicadeza. ¡No mames, qué rico! Nunca me habían comido así, juguetón, húmedo. Luego volteó mi tanga, hundió la cara en mi coño, chupando fuerte. Olía a mi excitación, almizclada, dulce. Gemí como loca, empujando contra su boca, el vello de su barba raspando mis muslos internos. "¡Córrete para mí!", ordenó, y obedecí: el orgasmo me azotó como rayo, piernas temblando, jugos empapando su cara.

Pero no paramos. Se puso condón –siempre responsable, el cabrón–, y me penetró de rodillas. Su verga llenándome completa, estirándome delicioso. Embestidas lentas al principio, sintiendo cada vena, cada pulso. El slap-slap de piel contra piel, nuestros jadeos mezclados con el zumbido de la ciudad abajo. Aceleró, agarrándome las caderas, y yo grité "¡Más duro, Diego, chíngame fuerte!". Sudor goteando, tetas botando, olor a sexo llenando la habitación. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo como amazona, mis uñas en su pecho, él pellizcando mi clítoris. Otra pasión humana: la dominación juguetona, el poder compartido.

Lo volteamos de lado, cucharita, su mano en mi garganta suave, besándome el cuello mientras me taladraba profundo. Sentía su corazón tronando contra mi espalda, el calor de su cuerpo envolviéndome. "Las 10 pasiones humanas se despiertan así, en la carne, en el sudor", pensé fugazmente, mientras el placer subía como marea. Me vine otra vez, apretándolo dentro, ordeñándolo. Él gruñó, "¡Me vengo, Laura!", y se derramó, cuerpo convulsionando contra el mío.

Nos quedamos así, enredados, respiraciones calmándose. El afterglow era puro: piel pegajosa, olor a orgasmo persistente, sabor a él en mi boca. Me acurruqué en su pecho, oyendo su pulso volverse normal. "Neta, güey, eso fueron las 10 pasiones humanas en una noche", le dije riendo bajito. Él me besó la frente. "Amor, lujuria, curiosidad... todas contigo".

Al amanecer, con el sol tiñendo las cortinas, nos despedimos con un beso largo, prometiendo más. Salí a la calle vibrante, piernas flojas, alma llena. Esas pasiones no se acaban; solo esperan la próxima chispa.

Contenido Adulto

Este sitio web contiene material explícito y relatos eróticos destinados exclusivamente a adultos. Debes tener al menos 18 años para acceder a RelatosEroticos.mx.

Al ingresar, aceptas nuestros términos de servicio y confirmas que resides en una jurisdicción donde el consumo de este material es legal.