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Pasión Cap 20 Fuego en la Carne

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Pasión Cap 20 Fuego en la Carne

La noche en Polanco estaba viva con el bullicio de la ciudad que nunca duerme. Tú, con ese vestido rojo ceñido que te hacía sentir como una diosa mexicana, entraste al bar La Pasión, el lugar donde todos los fines de semana se armaba la fiesta más chida de la colonia. El aire olía a tequila reposado mezclado con perfume caro y un toque de sudor fresco de cuerpos bailando. Las luces neón parpadeaban al ritmo de la cumbia rebajada que retumbaba en los parlantes, haciendo vibrar el piso bajo tus tacones.

Te sentaste en la barra, pidiendo un paloma con limón bien exprimido, el sabor ácido explotando en tu lengua mientras escaneabas la multitud. Ahí estaba él, el chavo que te había echado el ojo desde la entrada. Alto, moreno, con esa playera negra ajustada que marcaba sus pectorales y unos ojos cafés que prometían travesuras. Se acercó con una sonrisa pícara, oliendo a colonia terrosa y algo más, algo primal que te erizó la piel.

Órale, neta que esta noche va a ser épica, como si fuera Pasión cap 20 de mi serie favorita en el blog
, pensaste, recordando cómo habías empezado a escribir esas historias eróticas inspiradas en tus aventuras reales. Él se presentó como Marco, un carnal de 28 años que trabajaba en marketing por las mañanas y se soltaba la melena por las noches.

¿Qué onda, morra? ¿Vienes sola o esperas a alguien que te haga sudar? —te dijo con voz ronca, su aliento cálido rozando tu oreja mientras se inclinaba.

Tú reíste, sintiendo un cosquilleo en el vientre. —Simón, wey. Pero nomás si sabes moverte bien. ¿O nomás platicas pendejadas?

La charla fluyó como el mezcal, risas mezcladas con miradas que se comían enteras. Sus manos rozaron las tuyas al pasar el vaso, y el toque fue eléctrico, como si la piel se incendiara al instante. El deseo empezó a bullir lento, un calor que subía desde tus muslos hasta el pecho, haciendo que tus pezones se endurecieran bajo la tela fina.

Acto primero de la noche: la pista de baile. Marco te jaló con firmeza, su palma grande envolviendo tu cintura. Bailaron pegados, cuerpos ondulando al ritmo del bajo que palpitaba como un corazón acelerado. Sentías su verga endureciéndose contra tu cadera, dura y caliente a través de los jeans. Tú presionaste más, saboreando el poder de hacerlo gemir bajito en tu oído.

Estás cañón, nena. Me traes loco con ese culo —murmuró, sus labios besando tu cuello, lengua trazando una línea húmeda que te hizo arquear la espalda.

El olor de su sudor se mezclaba con el tuyo, salado y adictivo, mientras las luces te cegaban por momentos, dejando solo sensaciones: el roce áspero de su barba incipiente en tu hombro, el calor de su aliento acelerado, el pulso de la música que sincronizaba con el tuyo propio.

Salieron del bar tambaleándose de risa y lujuria, caminando unas cuadras hasta su depa en una torre reluciente con vista al skyline de la CDMX. El elevador subía lento, y ahí no aguantaron: se besaron con hambre, lenguas enredándose en un duelo salvaje. Sus manos amasaron tus nalgas, apretando con fuerza que dolía rico, mientras tú clavabas las uñas en su espalda, rasgando la camisa.

Adentro, la puerta apenas cerró y ya estaban desnudos. Su depa olía a madera pulida y velas de vainilla que encendió rápido. Tú lo empujaste al sofá, montándote encima, sintiendo su pecho subir y bajar jadeante bajo tus palmas. Sus músculos tensos, piel morena brillando bajo la luz tenue, pezones duros que lamiste con deleite, saboreando el salitre de su cuerpo.

Esto es Pasión cap 20 en carne viva, pensó ella, el clímax que he estado escribiendo en mi mente toda la semana
. Marco te volteó con facilidad, su fuerza masculina empoderándote en vez de dominarte. Besó tu vientre, bajando lento, torturándote con la barba raspando tu piel sensible. Cuando llegó a tu panocha, ya estabas chorreando, el aroma almizclado de tu excitación llenando el aire.

Qué rica estás, mi reina. Déjame probarte —gruñó, y su lengua se hundió en ti, lamiendo despacio al principio, círculos expertos alrededor del clítoris que te hicieron arquear y soltar un ¡Ay, cabrón! de puro placer. El sonido húmedo de su boca chupando, tus jugos resbalando por su barbilla, el roce de sus dedos abriéndote más... todo escalaba la tensión como una bola de nieve ardiente.

Tú lo jalaste del pelo, guiándolo, empoderada en tu deseo. —Más rápido, wey. No pares. Él obedeció, dedos curvándose dentro de ti golpeando ese punto que te hacía ver estrellas, mientras su pulgar masajeaba tu botón hinchado. El orgasmo te golpeó como un trueno, olas de placer convulsionando tus muslos, gritaste su nombre con voz ronca, el sabor de tus propios labios mordidos llenando tu boca.

Pero no pararon. Era el medio tiempo de la pasión, donde el fuego se aviva más. Te levantó como si no pesaras, llevándote a la cama king size con sábanas de algodón egipcio suaves como caricia. Ahí, él se recostó, verga tiesa apuntando al techo, gruesa y venosa, goteando precum que lamiste con avidez, salado y amargo en tu lengua. Lo chupaste profundo, garganta relajada por práctica, oyendo sus gemidos guturales: ¡Puta madre, qué chida chupas!

Te montaste encima, guiando su pija a tu entrada resbaladiza. El estirón inicial fue exquisito dolor-placer, llenándote hasta el fondo. Cabalgaste lento al principio, sintiendo cada vena palpitar dentro, sus manos en tus tetas amasando pezones sensibles. El slap-slap de piel contra piel, el chirrido de la cama, tus jadeos mezclados con los suyos... olía a sexo puro, sudor y feromonas.

Marco se incorporó, besándote mientras follaban, lenguas danzando. Cambiaron posiciones: él atrás, embistiéndote con fuerza controlada, bolas golpeando tu clítoris, mano en tu cadera marcando ritmo. —¿Te gusta así, mi amor? Dime —preguntaba, siempre chequeando, consintiendo cada movimiento.

Sí, chingazo, más duro. ¡Estoy a punto! —respondiste, empujando contra él, el calor acumulándose como lava.

El clímax llegó en tándem: tú primero, contrayéndote alrededor de su verga en espasmos que lo ordeñaron, gritando en éxtasis mientras él se vaciaba dentro, chorros calientes inundándote, su rugido animal en tu oreja. Colapsaron juntos, cuerpos pegajosos, pulsos latiendo al unísono.

En el afterglow, yacían enredados, pieles enfriándose lento. Él te acariciaba el cabello, besos suaves en la frente. —Neta, eso fue de otro mundo —dijo, voz perezosa.

Tú sonreíste, el corazón lleno, cuerpo saciado.

Pasión cap 20 completada, la mejor entrega hasta ahora. Mañana la escribo para el blog, pero esta queda grabada en mi alma
. Afuera, la ciudad brillaba indiferente, pero adentro, el mundo era perfecto, un cierre dulce a la noche más ardiente. El aroma residual de sus cuerpos mezclados perduraba, promesa de más capítulos por venir.

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