Fotos de Pasión y Deseo
Estás sentado en el balcón de tu depa en la Condesa, con el ruido de los coches allá abajo y el aroma del café recién hecho flotando en el aire. Es una noche calurosa de viernes, de esas que invitan a pecar, y tu cel acaba de vibronear con un mensaje de Karla. ¿Te acuerdas de mí? dice, seguido de una foto. Abres el chat y ¡órale! Ahí están: fotos de pasión y deseo que te dejan con la boca seca. Ella posando en lencería roja, la piel morena brillando bajo una luz tenue, los labios entreabiertos como si te invitara a morderlos. Neta, carnal, hace meses que no la ves, desde que terminaron como amigos con derechos, pero esas curvas, ese mirada pícara... tu verga ya se está despertando.
Te recargas en la silla, el viento cálido rozando tu piel desnuda de la cintura pa'rriba. Miras otra foto: Karla de rodillas, arqueando la espalda, el sudor perlando su cuello. Sientes el pulso acelerado en las sienes, el calor subiendo por tu pecho.
¿Qué chingados? ¿Por qué ahora?piensas, mientras tus dedos vuelan por el teclado. Pinche Karla, ¿qué traes? Ven pa'cá y te enseño lo que me provocas. Ella responde al instante: En 20 minutos estoy en tu puerta, wey. Prepárate.
Te levantas de un brinco, el corazón latiéndote como tamborazo en una fiesta. Corres al baño, te echas agua fría en la cara, pero el deseo ya te quema por dentro. El olor de tu colonia mezclándose con el de la anticipación. Imaginas su cuerpo presionado contra el tuyo, sus tetas firmes en tus manos, ese culazo que siempre te volvía loco. Sales al pasillo, esperas con la puerta entreabierta, oyendo el taconeo lejano en las escaleras.
Acto segundo: Karla llega envuelta en un vestido negro ceñido que deja poco a la imaginación, el perfume de jazmín invadiendo el espacio. Hola, guapo, susurra, y te empuja adentro con una sonrisa traviesa. Cierras la puerta, y ya están besándose como posesos. Sus labios suaves, calientes, sabe a tequila y menta. Tus manos recorren su espalda, sintiendo la tela resbaladiza, bajando hasta apretar sus nalgas. Ella gime bajito, Mmm, neta te extrañé, pendejo, y te muerde el labio inferior.
La cargas hasta el sillón, ella riendo, las piernas abiertas alrededor de tu cintura. Sacas el cel, Muéstrame más de esas fotos de pasión y deseo, le dices, y ella obedece, pasando las imágenes mientras te besa el cuello. Ves una donde se toca a sí misma, los dedos húmedos entre los muslos, y sientes tu erección presionando contra su calor. ¿Quieres que te haga lo mismo en vivo? pregunta, con voz ronca. Asientes, el aliento entrecortado.
La despojas del vestido, revelando la misma lencería de las fotos. Sus pezones endurecidos bajo el encaje, el aroma de su excitación llenando la habitación. Te arrodillas frente a ella, besando su ombligo, bajando lento, torturándola. Ella jadea, ¡Ay, cabrón, no me hagas sufrir!, enredando los dedos en tu pelo. Saboreas su piel salada, lamiendo el borde de sus bragas, hasta que las quitas de un jalón. Su coño depilado, rosado y brillante, te llama. Metes la lengua, suave al principio, girando alrededor del clítoris. Ella arquea la cadera, gimiendo fuerte, Sí, así, chingao... El sabor almizclado, dulce, te enloquece. Tus manos aprietan sus muslos temblorosos, sintiendo los músculos contraerse.
Pero no la dejas venir todavía. Te levantas, te quitas el pantalón, y tu verga salta libre, dura como piedra. Karla la agarra, masturbándote lento, mirándote a los ojos. Qué rica la tienes, wey, dice, y se la mete a la boca. El calor húmedo, la succión perfecta, su lengua jugando en la punta. Gimes,
Pinche diosa, me vas a matar, mientras el placer sube por tu espina. La detienes antes de explotar, la volteas boca abajo en el sillón, y te posicionas atrás. Rozas la cabeza contra su entrada mojada, entrando despacio, centímetro a centímetro. Ella ahoga un grito, ¡Más adentro, amor!
Empiezas a bombear, rítmico, profundo. El sonido de piel contra piel, sus gemidos mezclados con los tuyos, el sudor chorreando por vuestras espaldas. Cambian de posición: ella encima, cabalgándote como amazona, las tetas rebotando, uñas clavándose en tu pecho. Sientes cada contracción de su interior, apretándote, el olor de sexo impregnando todo. Estas fotos de pasión y deseo no mienten, Karla, eres fuego puro, le dices entre jadeos. Ella acelera, Vente conmigo, no pares... La tensión crece, un nudo en el estómago, pulsos latiendo en sincronía.
Acto tercero: El clímax llega como tormenta. Tú la volteas de nuevo, misionero, mirándola a los ojos mientras la penetras con fuerza. Sus piernas alrededor de tu cintura, talones clavados en tu culo, urgiéndote. ¡Ya, cabrón, dámelo todo! grita, y explota primero: su coño se aprieta en espasmos, chorros de placer mojando las sábanas, el cuerpo temblando incontrolable. Tú la sigues, corriéndote dentro con un rugido gutural, oleadas de éxtasis sacudiéndote hasta los huesos. El semen caliente llenándola, vuestros jugos mezclados.
Colapsan juntos, jadeando, cuerpos pegajosos de sudor. Ella se acurruca en tu pecho, el corazón de ambos martilleando al unísono. Besas su frente, oliendo su cabello con aroma a coco. Neta, esas fotos de pasión y deseo fueron el detonante perfecto, murmuras. Ella ríe bajito, ¿Ves? A veces hay que recordarle al carnal lo que se pierde. Permanecen así, en afterglow, con la ciudad zumbando afuera, pero adentro solo paz y calidez.
Minutos después, Karla se levanta, camina desnuda a la cocina, trayendo dos chelas frías. Chocan las botellas, Por más noches así, pendejo. Tú sonríes, sintiendo el cuerpo laxo, satisfecho. Miras el cel con las fotos aún abiertas, pero ahora palidecen ante la realidad.
Esto apenas empieza, piensas, mientras ella se recuesta de nuevo, su mano bajando juguetona por tu muslo. La noche promete más rondas, más pasión, más deseo desatado.