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La Diferencia Entre Deseo y Pasion

6816 palabras

La Diferencia Entre Deseo y Pasion

La noche en Polanco estaba cargada de ese calor pegajoso que se pega a la piel como una promesa. El rooftop del bar bullía de risas y copas tintineando, con el skyline de la Ciudad de México parpadeando como un corazón acelerado. Yo, Ana, me recargaba en la barandilla, con un mezcal en la mano que quemaba dulce en la garganta. Llevaba un vestido negro ajustado que rozaba mis muslos con cada brisa, y el aire olía a jazmín y humo de cigarros caros.

Ahí lo vi. Javier, con esa sonrisa pícara que iluminaba sus ojos cafés. Se acercó con un tequila en la mano, su camisa blanca abierta lo justo para dejar ver el vello oscuro en su pecho. Qué chulo, pensé, mientras mi pulso se aceleraba. "¿Qué onda, preciosa? ¿Buscando aventuras o solo contemplando las estrellas?", me dijo con esa voz ronca que vibraba en mi vientre.

Nos pusimos a platicar de la vida, de cómo la ciudad te come viva si no le pones sabor. Él era arquitecto, de esos que diseñan rascacielos con curvas imposibles. Yo, publicista, siempre cazando ideas que prendan fuego. La charla fluyó como el mezcal, y de repente soltó: "¿Sabes cuál es la diferencia entre deseo y pasión?" Sus palabras me golpearon como un rayo, y sentí un cosquilleo entre las piernas.

Deseo es querer tocar, pasión es necesitar fundirte. ¿O qué piensas tú?

Le sonreí, mordiéndome el labio. "Deseo es el hambre que te despierta a media noche, pasión es el banquete que no termina". Nuestras miradas se engancharon, y el mundo se achicó a ese metro de distancia entre nosotros. Su mano rozó la mía al pasarme su copa, y el calor de su piel me erizó los vellos de los brazos. Olía a sándalo y a hombre sudado por el calor, un aroma que me hacía agua la boca.

La tensión crecía con cada sorbo. Bailamos un rato, sus caderas pegadas a las mías al ritmo de un DJ que mezclaba cumbia con electrónica. Sentía su dureza presionando contra mi trasero, y órale, qué rico se sentía ese roce. "Vamos a otro lado", murmuró en mi oído, su aliento caliente como fuego. Asentí, el corazón latiéndome en la garganta. Bajamos en el elevador, solos, y ya no aguanté: lo besé. Sus labios eran firmes, con sabor a tequila y sal, y su lengua invadió mi boca como si me reclamara.

En su departamento en Reforma, todo era lujo minimalista: ventanales del piso al techo con vista a la urbe iluminada, pieles suaves en el sofá. Me quitó el vestido despacio, sus dedos trazando mi espina dorsal, enviando chispas por todo mi cuerpo. "Eres una diosa", gruñó, mientras yo le desabotonaba la camisa, oliendo su pecho que subía y bajaba rápido. Mis uñas arañaron su piel morena, dejando marcas rojas que lo hicieron gemir.

Nos besamos de pie, explorándonos. Mi mano bajó a su pantalón, sintiendo lo duro que estaba, palpitando bajo la tela. Pinche diferencia entre deseo y pasión, pensé, porque esto ya no era solo ganas: era un incendio que me consumía. Él me cargó al cuarto, la cama king size nos recibió como un altar. Me tendió boca arriba, besando mi cuello, lamiendo el sudor salado que perlaba mi clavícula. Sus manos amasaron mis senos, pellizcando los pezones hasta ponérmelos duros como piedras. Gemí, arqueándome, el sonido de mi voz rebotando en las paredes.

Esto es pasión, cabrón. Deseo es soñar con esto, pasión es vivirlo hasta que duela.

Bajó más, su boca devorando mi ombligo, luego mi monte de Venus. El olor de mi excitación llenaba el aire, almizclado y dulce. Separó mis piernas con gentileza, pero firme, y su lengua encontró mi clítoris. ¡Qué chingón! Lamía despacio al principio, círculos suaves que me hacían jadear, luego chupaba con hambre, metiendo un dedo, luego dos, curvándolos justo ahí, en mi punto G. Mis caderas se movían solas, empujando contra su cara barbuda que raspaba delicioso mis muslos internos. "¡Sí, así, Javier! No pares, pendejo", le supliqué, riendo entre gemidos.

El placer subía como una ola, mis paredes contrayéndose alrededor de sus dedos. Él no paraba, lamiendo mi jugo que sabía a miel salada en su lengua. Me corrí fuerte, gritando, el cuerpo temblando como hoja en tormenta, chorros calientes mojando sus labios. Él se lamió, sonriendo: "Deliciosa, nena".

Lo volteé, queriendo mi turno. Le bajé el bóxer, y su verga saltó libre, gruesa y venosa, con la cabeza brillando de pre-semen. La tomé en la mano, sintiendo su calor y pulso, tan viva. La lamí desde la base hasta la punta, saboreando su piel salada, oliendo su masculinidad pura. Él gruñó, enredando sus dedos en mi pelo. La chupé profundo, garganta relajada, saliva goteando por mi barbilla. "¡Qué rica boca tienes!", jadeó, follando mi cara con cuidado, pero intenso.

Ya no aguantábamos. Me puso a cuatro patas, el colchón hundiéndose bajo mis rodillas. Entró despacio, centímetro a centímetro, estirándome delicioso. ¡Madre mía! Llenaba todo, su grosor rozando cada nervio. Empezó a bombear, lento al inicio, el slap-slap de piel contra piel mezclándose con nuestros jadeos. El cuarto olía a sexo crudo, sudor y fluidos. Agarró mis caderas, clavándome los dedos, acelerando. Yo empujaba hacia atrás, queriendo más profundo.

"Dime, ¿cuál es la diferencia entre deseo y pasión ahora?", me provocó entre embestidas, su voz entrecortada.

"¡Esto es pasión, wey! ¡Deseo es imaginarte adentro, pasión es sentirte romperme!", grité, el orgasmo construyéndose otra vez. Cambiamos: yo encima, cabalgándolo como reina. Sus manos en mis nalgas, guiándome, mientras rebotaba, mis senos saltando, pezones rozando su pecho. Él mamaba uno, mordisqueando, y el placer era eléctrico. Sudábamos pegajosos, pieles deslizándose, el aire denso con nuestro aroma.

Me volteó de nuevo, misionero, piernas en sus hombros. Entró brutal ahora, profundo, golpeando mi cervix con cada thrust. Mis uñas en su espalda, arañando, dejando surcos. "¡Córrete conmigo, Ana!", rugió, y explotamos juntos. Su verga latió dentro, chorros calientes llenándome, mientras yo me convulsionaba, gritando su nombre, el mundo blanco y negro al mismo tiempo.

Caímos exhaustos, enredados, respiraciones agitadas calmándose poco a poco. Su semen goteaba de mí, cálido en mis muslos. Me besó la frente, suave ahora. "Entonces, ¿ya entendiste la diferencia entre deseo y pasión?"

Reí bajito, acurrucándome en su pecho húmedo. "Deseo es el rooftop, la charla. Pasión es esto: sudar, romperse, reconstruirse juntos". Afuera, la ciudad seguía latiendo, pero nosotros flotábamos en esa burbuja de afterglow, con el sabor de nosotros en la piel y el eco de gemidos en los oídos. Mañana sería otro día, pero esta noche, la pasión había borrado cualquier línea.

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